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‘OFELIA VIVE’, EL ÚLTIMO CUENTO DEL ÚLTIMO OTOÑO

Cuando se habla de libros, la mayoría de las personas piensa inmediatamente en letras impresas, porque se da por supuesto que las ideas imaginadas por los escritores se encarnan siempre a través de la tipografía. Pero del mismo modo que María Zambrano reivindicaba la relevancia de formas de pensar que van más allá de la filosofía sistemática es importante (re)conocer los muchos lenguajes que posibilitan contar historias. En el caso de Ofelia vive, esto se hace de la mano de Koré, pues es la musa de la pintura la que inspira a Cristina Pérez Navarro, guiándola para que su talento dibuje una “historia sin palabras”.

Juan Bagur Taltavull. Foto: ,Commons


Hace un año por estas fechas, la editorial Manuscritos publicaba este cuento gráfico que nos damos el gusto de rescatar para hacer justicia y tratar de paliar en todo lo posible los estragos de un Covid-19 que les puso las cosas difíciles a tantos libros en los escaparates durante el largo tiempo de pandemia. Es éste el resultado de un proyecto premiado por el Fondo Asistencial y Cultural de VEGAP. Su objetivo es recrear el personaje de Ofelia, aquella criatura de Shakespeare enamorada de Hamlet y convertida en arquetipo del amor no correspondido. Muchos han sido los artistas que se han acercado a la hermana de Laertes desde su nacimiento hacia 1603, destacando entre todos ellos John E. Millais con su famoso cuadro de 1852. Tanto este prerrafaelita como Delacroix o Cabanel la representaron muerta, ahogada después de caer de la rama de un sauce.

Otros, por ejemplo Dante Gabriel Rossetti, se focalizaron en la locura a la que le llevó su sufrimiento. Frente a ello, la originalidad de Cristina Pérez Navarro radica no solamente en el medio, que es un libro de ilustraciones y no un cuadro, sino en el mensaje: su Ofelia está viva, precisamente porque desvela un sufrimiento transfigurado por el amor.

El nadador que protagoniza Ofelia vive comienza donde acaba el personaje de Shakespeare: en el fondo de las aguas, pues es al sumergirse en ellas cuando se embarca en un viaje iniciático que le conducirá a su metamorfosis interior.

El agua es en todas las culturas un símbolo paradójico, que remite tanto a la muerte como a la vida y posibilita así el conocimiento que brota del misterio.

Por ello es omnipresente en todo el libro, y la suerte de sireno que vemos desde las primeras ilustraciones tiene que descender hasta su fondo, experimentando por el camino tanto el rechazo como la soledad. Únicamente después de sus padecimientos, y sin que éstos cesen, comprende que para vivir tiene que nadar sin parar hacia lo más profundo, aunque le rodee la oscuridad y no tenga más guía que la voluntad de vivir. Es entonces, casi al borde de la desesperanza y por tanto de la aniquilación del alma, cuando encuentra a Ofelia redentora, que le espera en una cueva. De nuevo el simbolismo iniciático sale al encuentro del lector, pues la caverna es el lugar que ya eligieron los hombres primitivos para encontrarse con lo sagrado: el útero materno en la tierra (en el agua en este caso).

HACIA NUESTRO OCÉANO INTERIOR

No terminan aquí las metáforas visuales, que nos incitan a que buceemos también nosotros hacia lo más recóndito de nuestras aguas interiores. Enriquecen con su belleza y fuerza enigmática cada uno de los espacios del relato, ya desde las primeras páginas, donde se retrata el punto de partida de toda aventura: el abandono de la seguridad cotidiana. El nadador se encuentra en un banco de peces, que alude probablemente a la protección que siente el hombre masa cuando está abrigado por sus semejantes; y que, como el seno materno arriba mencionado, ha de abandonar para encontrarse a sí mismo. Muchas imágenes remiten, como no podría ser de otro modo, al mundo marino. Por ejemplo, la fiereza de los tiburones o la desconfianza del cangrejo.

Otras, al universo circense, incluyendo un payaso (otro elemento enigmático donde los haya, que a algunos produce risa y a otros espanto) cuyas expresiones se metamorfosean al evolucionar el alma de los protagonistas. También destacan referencias a la mitología clásica, brillando con fuerza el cisne de Leda, la madre de Helena de Troya y de Clitemnestra, y abuela de Electra y Orestes. Una reina seducida por Zeus, que también simboliza los misterios de la feminidad, que, en la obra de Cristina Pérez Navarro, es representada para ofrecer una esperanza redentora con su capacidad de dar vida .

Lo interesante de este libro es que, al estar escrito con imágenes, ofrece una gran cantidad de interpretaciones, e invita a ser leído una y otra vez para extraer toda la riqueza que yace en su fondo. Pero no hemos de olvidar que en todo viaje iniciático, en toda aventura, hace falta un guía, tal y como demostró el gran estudioso de los mitos Joseph Campbell. Por esto, si el nadador de esta obra de arte tiene a su Ofelia viva, nosotros contamos con la ayuda de un prólogo y epílogo que nos dan algunas pincelas exegéticas para comprender mejor el cuadro de Cristina Pérez Navarro. El primero es de Enrique Porta, también dibujante, y el segundo de Isabel Balseiro, catedrática de Literatura. El resultado es un trabajo que, en apenas 45 páginas, condensa los grandes misterios de la existencia humana con un desenlace esperanzador que invitamos a descubrir.


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