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Feliz Año Nuevo con Karmele Jaio

Entre las razones para hacer de ‘Corazón de piedra’ (Destino) la primera lectura del año está la de estrenar 2026 con el propósito de vivirlo a corazón abierto. A la autora vasca le sobran los motivos: casi trescientos relatos muy breves para buscar significados a lo cotidiano.

Por Maica Rivera. Foto: Triku Villabella.

11 enero, 2026


Es el libro ideal para animarse a retomar con fuerzas renovadas las rutinas en enero, incluidas las relacionadas con parar al menos durante unos minutos para dedicárselos a leer. Es muy fácil —funcional y tentadora— la dinámica de lectura que propone, de textos breves que se ordenan a modo de diccionario, alfabéticamente por la palabra clave que los inspira y sirve de titulillo, desde “Afinar” hasta “Zumbido”, pasando por otras tantas como “Envejecer”, “Reír”, “Soledad” o “Traición”. Más allá, la mirada atenta de Karmele Jaio (Vitoria-Gasteiz, 1970) nos invita a reflexionar sobre el pequeño mundo que nos rodea y que, al pensarlo junto a ella, se nos engrandece. Corazón de piedra es, a la vez, una meditación corrida desde ese lugar íntimo en el que podemos hacernos coincidir en una suerte de soledad compartida (y luminosa).

Es verdad que es un volumen, entre microrrelatos, aforismos y pildorazos literarios, destinado especialmente para un tipo concreto no ya de lector sino de persona: aquella que, como la abuela de Karmele —y así la recuerda ella—, vive con plenitud, o como diría Khalil Gibrán, ríe con toda su risa y llora con todas sus lágrimas. O para quienes quieren ser ese tipo de persona y sentir así, sin concesiones, a pesar de que eso signifique, a veces, sentir en el propio interior el dolor del mundo. Porque estas páginas dejan razones sencillas para que no decaiga la bonhomía con el devenir de la vida: que el corazón de carne no se transforme nunca en corazón de piedra, en nombre de esa belleza de los pequeños momentos, de la anécdota del día a día. He aquí un sereno brindis para que esa belleza hondamente humana no nos sea ajena ni indiferente.

Alfabeto de latidos

Igual que nos hacemos el chequeo médico de primeros de año, Corazón de piedra nos hace plantearnos pasar por una ITV del alma, de los deseos, del plan de vida que llevamos. ¿Acaso no son fechas justo para eso? Para detenerse y calibrar: reajustarnos entre lo que soñamos y lo que hemos llegado a ser, recalcular la distancia que hay entre la banda sonora que hemos creado para nuestro presente y la nota que siempre quisimos tocar. A todo ello hace referencia el primer texto del diccionario de Karmele, que se corresponde con la “A” de “afinar: tr. poner los instrumentos musicales en el tono justo”. A partir de aquí, avanzar en este diccionario tan particular es confirmar que, al igual que la autora cuando escribe, nosotros leemos para tratar de hacer pie en la realidad y, sobre todo, para no perder la capacidad de asombro y mantenernos firmes como Katherine Mansfield. De esto y más se abre conversación, salpicada en ocasiones de algún chascarrillo, en otras de sangre que brota de algunas heridas. Fluyen las sensaciones desde escenarios como el primer viaje de avión de un niño o, en contraste directo, la primera clase de aquagym para la tercera edad; el autobús, el hospital, la sala de espera del ambulatorio, las barracas de la feria, la terraza de una cafetería, la ciudad en primavera, la puerta de la escuela una mañana cualquiera, la casa familiar vacía en fin de semana y la playa en verano con tus hijos pequeños o con tu amiga. A veces, el pensamiento despega de objetos simples como un botellín de Kas naranja sobre la barra o de imágenes arquetípicas como las manos de una madre. Otras, el relato arranca de una canción, como Los días raros de Vetusta Morla. O de un mes, como éste, enero, que es para Karmele Jaio “un lunes largo” y también “renovar el vestuario en rebajas, comprar nuevas sábanas y toallas” así como “la oportunidad de abrir nuevos, caminos, tener nuevas ilusiones y esperanzas”. En definitiva, este mes de enero recién llegado es “una buena atalaya para preguntarte a dónde quieres llegar”, de la mano de la autora.


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