No es otra más del gran sueño americano, como habría sido lo normal al tratarse la libre adaptación de un biopic deportivo. El cineasta Josh Safdie se desmarca con una película agridulce en sintonía con las ambivalencias del protagonista, que nos da la primera clave del éxito. De las 9 nominaciones que acapara ‘Marty Supreme’ (estreno 30 de enero), hay, sobre todas, una estatuilla incuestionable: la de Thimothée Chalamet en la categoría de Mejor Actor.
Por Maica Rivera
30 enero, 2026
Es un thriller de verdad, emplazado en la Nueva York de los años 50. Que nos hace vibrar en alta intensidad, porque pone constantemente al protagonista, que es un vivales, contra las cuerdas y no afloja. Desenfrenado y tenso, tan divertido como dramático a la vez. Narra la peripecia de Marty Mauser, inspirada en la real de Marty Reisman, un joven talentoso, de escasos recursos pero muy ambicioso, que sueña con alcanzar la fama mundial como jugador de tenis de mesa sin atender los cadáveres que va dejando por el camino (en algún caso, literalmente). Qué bien potenciada está toda esta historia por una banda sonora que aporta a Marty Supreme una energía anacrónica y arrolladora, capaz de implosionar varias veces en el corazón de una misma emoción, hasta el punto de que, sin ella, veríamos una película distinta porque no (re)sonaría en nosotros de la misma forma la aventura del buscavidas Marty Mauser en pos del éxito. El mérito de la jugada es del compositor de música electrónica Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), también de la estratégica incorporación de clásicos icónicos de los 80 tales como Forever Young de Alphaville, Everybody wants to rule the world de Tears for fears o Everybody’s got to learn sometime de The Korgis que marcan el ritmo de principio a fin literalmente.
Chalamet se corona
Josh Safdie ha sabido aterrizar sobre el barro con mucha frescura una historia de aprendizaje y superación personal para desmarcarse de las inercias más elementales del género. Por esto, y por otras muchas razones, el filme merece haberse convertido en una de las grandes favoritas de los Oscars 2026. Lo que está más claro aún es que Timothée Chalamet se corona, y merece, sin duda, el Oscar al Mejor Actor. Transpira la madurez de su carrera por los poros del arrogante y, a la vez tierno Marty, que se hace irresistible en esa humanidad de primeros planos, adorable y mezquina según el momento. La prometedora Odessa A’zion le da buena réplica en el papel de Rachel Mizler, y, por otro lado, el contraste de su explosiva jovialidad con la elegante serenidad de Gwyneth Paltrow (qué delicioso regreso el suyo) embellece secuencias que serán recordadas, de la misma manera que sobrecoge su choque con la oscuridad de Abel Ferrara como Ezra Mishkin y su maloliente perro.
A lo largo de todo el metraje, se descubren dos caminos, el de la autodestrucción y el del autodescubrimiento, y vemos al personaje de Marty caminar entre ambos (o más bien correr, fingir, escabullirse y escapar, la mayor parte del tiempo). Antes de que llegue al abismo definitivo, queda una encrucijada. Ahí es donde el director y el protagonista se subliman, y la gloria cae directamente sobre Chalamet, algo que vimos venir ya desde Willy Wonka, y que no dejamos de celebrar.
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