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‘Devotion’: Nos gusta volar con los mejores

Basada en el best seller de Adam Makos, Devotion (estreno 27 de enero) recuerda la historia real, y bastante desconocida, del primer aviador naval afroamericano de la Armada de los EE UU, Jesse Brown (Jonathan Majors). Nos la cuenta el norteamericano J.D. Dillard en el marco de otra historia más amplia, la forja de amistad entre Brown y su compañero Tom Hudner (Glen Powell) que culminará en el escenario de la Guerra de Corea y les convertirá a los dos en los pilotos más famosos de la Marina. Aplaudimos el resultado, absolutamente gozoso gracias a que el director confía en que no hace falta bruñido para que brillen por sí solos los personajes heroicos; y, además, la factura de la estampa aérea es impecable. 

Maica Rivera. Fotos: Diamond Films.


Casi recién venidos, como quien dice, de verle en la espectacularísima Top Gun: Maverick, tener a Glen Powell en Devotion traía, justo por ello, potencialmente tantas ventajas como inconvenientes. Nos alegra anunciar que prevalecen, definitivamente, las ventajas. Seguíamos, claro, con (muchas) ganas de epopeya aérea, también de más metraje para Powell, que se nos había quedado corto; y aquí lo tenemos todo. El filme cumple con nota, nos mantenemos en el aire, y dejamos el corazón en el cielo pero ponemos más los pies sobre la tierra (el mensaje lo calcamos casi literal de los propios diálogos de la película). Después de Maverick, Devotion era lo mejor que nos podía pasar. Especialmente, manteniendo en el staff al director de fotografía, Michael FitzMaurice.

El proyecto comenzó con Powell, quien también es productor ejecutivo de la película. Tras leer el libro, buscó al autor, Adam Makos y, después, hubo de convencer a otro productor interesado por la obra para poder hacerse finalmente con ella.

Lo que le fascinó fue la capacidad de sacrificio y entrega de los protagonistas. Corría el año 1950, cuando la Guerra Fría amenazaba la paz internacional, y un par de jóvenes pilotos eran aceptados en un escuadrón de élite para su entrenamiento.

Dos personalidades opuestas, en momentos vitales distintos, procedentes de mundos muy diferentes. El estereotipo del guaperas apenas se sostiene un segundo en el personaje de Tom Hudner (Glen Powell) porque sus férreos principios éticos se imponen enseguida, también su perfil de expediente impoluto y técnica insuperable. Lo que le falta es dar el salto de la teoría a la práctica, lanzarse al barro de la vida, y es por ello que se mete en el meollo y quiere acción, para encontrar su razón por la que luchar en el mundo.

Al contrario, Jesse Brown (Jonathan Majors), como primer afroamericano en volar en combate para la Marina de los Estados Unidos, tiene más que clara su lucha personal, contra el racismo, que le ha marcado (traumáticamente) sus pasos y objetivos como líder de una comunidad oprimida; y, además, ser padre de familia le pone nítidas las prioridades, lleva interiorizado de casa el mensaje más importante: que la única victoria que cuenta es que todo soldado regrese sano y salvo a su hogar.

ÁNGELES Y DEVOTOS

Iniciados juntos en el escuadrón VF-32, Hudner y Brown son llevados al límite para convertirse en los mejores pilotos de combate; y en el transcurso de la formación, forjarán una amistad que será puesta a prueba por los hechos bélicos de la batalla más brutal de la Guerra de Corea. Lo que la cinta nos dejará será un testimonio conmovedor de valentía y hermandad. Valores que integran el concepto de “devoción” según Devotion: Una historia de héroes, un listado que se completa con otros tales como la lealtad, el compromiso y la confianza mutua en el trabajo en equipo (extrapolables al ámbito de la responsabilidad familiar): “Si usted está volando segundo en la línea a su compañero de ala, usted no mira el horizonte, usted no mira a sus instrumentos, usted no mira el mundo: usted mira el ala de su compañero de flanco”.

J.D. Dillard lo tiene claro. Por algo creció escuchando las experiencias de su padre como segundo miembro afroamericano de los Blue Angels, el escuadrón de pilotos embajadores de élite de la Marina de los EE UU. Quiso subrayar del personaje de Jesse, que tanto le recuerda a su progenitor, la ambición, la esperanza y la capacidad visionaria, su figura como icono de “la vanguardia para el cambio y la diversidad dentro de las filas de la aviación naval en los Estados Unidos“. Entre corsarios F4U, MiGs, Bearcats y Sikorskies de la época, de cuyo abastecimiento se aseguraron para el rodaje.

Que el equipo al completo tuvo y mantuvo la autenticidad por bandera es algo que se nota en toda la narrativa audiovisual. Prima la sensación de verosimilitud, es el objetivo mejor cumplido. Contribuye el esfuerzo del diseñador de producción Wynn Thomas para reflejar lo más fidedigno posible el mundo del portaaviones USS Leyte (aunque asegura que sus mayores retos fueron las recreaciones del campamento base de Hagaru y el lugar del accidente de los protagonistas en las montañas norcoreanas), hace gala de haber desarrollado una exhaustiva investigación en los archivos navales de Estados Unidos y de la Biblioteca del Congreso. En la misma línea trabajó la diseñadora de vestuario Dierdra Govan, que incluyó libros de aviación entre sus fuentes documentales. Sobre todo, confiesa haber disfrutado la experiencia con la actriz Serinda Swan que interpreta a Elizabeth Taylor en el filme, aportando un halo de frescura que se agradece.

Posiblemente, lo más emocionante es tener conocimiento de que hoy, después de la muerte de los dos  hombres homenajeados en Devotion, las familias Brown y Hudner permanecen cerca y protegiendo el legado de sus seres queridos: ambas participaron en el proceso de desarrollo de la película y así consta.


LO

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