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Te echamos tanto de menos, Juan José Plans

Se cumplen diez años del fallecimiento del escritor y periodista gijonés Juan José Plans (1943-2014). Reivindicamos su voz eterna.

Por Maica Rivera 

25 febrero, 2023


Pasarlo de miedo, con miedo. A la luz de la llama de una vela. ¿Cuán­tos radio­yen­tes noc­tur­nos nos reco­no­ce­mos en este santo y seña? Me consta que somos muchos los “osa­dos”, muchos los “valien­tes”, nos reconocemos entre varias gene­ra­cio­nes. Todos los incon­di­cio­na­les de aquel inolvidable “Club His­to­rias” con el que man­tu­vi­mos sagrada cita sema­nal durante seis años hasta su última etapa en 2003. Aque­lla sin­to­nía, el eco de aque­lla careta toda­vía resuena junto al recuerdo de nues­tras mejo­res pesa­di­llas: “Radio 1 de Radio Nacio­nal de España pre­senta His­to­rias. His­to­rias de terror, de aven­tu­ras, de sus­pense, de cien­cia fic­ción. Un pro­grama escrito y diri­gido por Juan José Plans”. Y enton­ces, de repente, la música se tor­naba desa­so­se­gante. La melo­día se rom­pía con unas notas que nos desa­lo­ja­ban de cualquiera que fuera nuestra zona de confort mental para dar paso a la pre­sen­ta­ción de la espe­rada entrega de radio­tea­tro: “Esta noche…”.

Fuimos muchos quienes nos sobre­co­gi­mos con cada emi­sión. Quienes des­cu­bri­mos una nueva forma de expe­ri­men­tar lo lite­ra­rio mediante las mag­ní­fi­cas dra­ma­ti­za­cio­nes de Plans, a tra­vés de un for­mato hoy lamentablemente olvi­dado. Quienes redescubrimos los matices del género de terror y de aventuras guiados por su palabra. Somos los mismos que seguimos honrando su memoria ahora que se cumple una década del fallecimiento de nuestro gran narra­dor de narra­do­res. Juan José Plans fallecía el 24 de febrero de 2014, a los 70 años, y hoy le recordamos con el des­con­suelo que nos pro­voca el tener plena con­cien­cia de cuán irre­pa­ra­ble fue la triste pér­dida del escri­tor, perio­dista y locu­tor para el mundo de la cul­tura. Autor de más de cua­renta libros (Cró­ni­cas fan­tás­ti­casCro­mos de pelí­cu­las…), fue Pre­mio Nacio­nal de Rela­tos de Cien­cia Fic­ción por El retorno, artí­fice del excep­cio­nal ensayo La lite­ra­tura de ciencia-ficción (Edi­to­rial Prensa Espa­ñola), explo­ra­dor de otras áreas como el ámbito poli­cíaco (De noche, un sábado) y par­ti­ci­pante en dos intere­san­tí­si­mas anto­lo­gías que reco­pi­la­ron sen­dos rela­tos con su firma (Aque­la­rre, edi­to­rial Salto de página, 2010; y La ciu­dad ves­tida de negro, Edi­to­rial Dra­kul, 2012).

Las más extraordinarias historias, las suyas

Pero, sobre todo, de su extensa tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal (que desa­rro­lló con total humil­dad y sen­ci­llez), cómo olvi­dar la inquie­tante caden­cia de su voz, pau­sada y pro­funda: “Esta es su noche, la noche de cuan­tos desean vivir intré­pida, osada, audaz­mente, las más fan­tás­ti­cas, las más sor­pren­den­tes, las más extra­or­di­na­rias his­to­rias”. Cómo olvi­dar las pala­bras suges­ti­vas que dedi­caba direc­ta­mente al oyente, esas mane­ras ele­gan­tes con las que te intro­du­cía en el cora­zón del mis­te­rio para, sin tre­gua, “aden­trarte en las tinie­blas y hacerte presa del pánico” en medio de aque­llas “pre­sen­cias abo­mi­na­bles”. No exa­geró ni un ápice Fede­rico Vol­pini cuando ase­guró que Juan José Plans es, por exce­len­cia, el tea­tro de nues­tra radio.

Fue en la madru­gada del 27 de enero de 1997 cuando se emi­tió el pri­mer espa­cio de His­to­rias, dedi­cado a Otra vuelta de tuerca de Henry James. Cabe seña­larse que res­pon­día a la evo­lu­ción de un pro­yecto ante­rior, Sobre­na­tu­ral, emi­tido del desde el 6 de marzo de 1994 al 2 de sep­tiem­bre de 1996; en total, 117 capí­tu­los (y, si las cuen­tas no fallan, de sep­tiem­bre de 1996 a enero de 1997, tuvo lugar un pequeño des­canso). Abrién­dose a otros géne­ros y temá­ti­cas, Plans empren­dió la nueva etapa radio­fó­nica y se diri­gió a cuan­tos estu­vie­ron “dis­pues­tos a vivir las más fan­tás­ti­cas his­to­rias, escri­tas por los más gran­des auto­res de la lite­ra­tura uni­ver­sal” y fue­ron las suyas unas “his­to­rias apa­sio­nan­tes para oyen­tes apa­sio­na­dos como usted y usted, y tam­bién usted”.

Siguie­ron muchos más home­na­jes a céle­bres clá­si­cos: El hom­bre invi­si­ble de H. G. Wells, El invi­tado de Drá­cula de Bram Sto­ker, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, Viaje al cen­tro de la Tie­rra de Julio Verne… De entre todos, se nos impo­nen los de mayor esca­lo­frío, los que recrea­ron el autén­tico “sonido del miedo”, como Car­mi­lla de Joseph She­ri­dan Le Fanu, El caso del señor Val­de­mar de Edgar Allan Poe y los del ciclo dedi­cado a Robert Louis Ste­ven­son, Los ladro­nes de cuer­pos y Ola­lla, a cuya gra­ba­ción tuve el honor de asis­tir en febrero del año 2000, acom­pa­ñando en una sesión a Roberto Cruz, des­ta­cado actor del equipo y donde cons­taté (y con­servo la prueba docu­men­tal del guión original del capítulo de Historias dedicado a Olalla de R. L. Stevenson) que Plans seguía redac­tando los guio­nes con máquina de escribir).

Lo que Plans unió

No sería sino once años más tarde (uno des­pués de que el maes­tro reci­biera el Pre­mio de las Letras de Astu­rias) cuando tuve la gran opor­tu­ni­dad de cono­cer per­so­nal­mente a Juan José Plans. Me sumé a la cele­bra­ción en Madrid del aniver­sa­rio de El juego de los niños. Su famosa novela, lle­vada al cine por Nar­ciso Ibá­ñez Serra­dor, cum­plía treinta y cinco años y la edi­to­rial La Página le dedi­caba una mere­cida edi­ción a la efe­mé­ri­des de la mano del escritor y poeta Daniel María, a quien Plans me uniría de corazón para siempre en la amistad y el amor a las letras. Me emo­ciona leer en estos momen­tos la dedi­ca­to­ria, a la altura del genio y su narra­ción: “Para Maica, deseando que no ocu­rra lo que aquí cuento, pero, por si acaso, ten cuidado…”.

Como curio­si­dad, en la obra que la ori­gi­na­lí­sima colec­ción Tyran­no­sau­rus Dou­ble Fea­ture (Tyran­no­sau­rus Books) le dedica a la figura del cineasta Ibá­ñez Serra­dor, La resi­den­cia + ¿Quién puede matar a un niño?, los auto­res Car­los Bení­tez y Mon­tse Rovira expli­can que posi­ble­mente el pro­pio Juan José le ofre­ció a Chi­cho el argu­mento con la inten­ción de que for­mara parte de His­to­rias para no dor­mir pero éste, al ter­mi­nar de leerlo, pensó que “aque­llo podía ser mucho más que un guión para TVE, ya que había nuez sufi­ciente para una pelí­cula”, según sus pro­pias declaraciones.

Las dife­ren­cias entre el libro y el lar­go­me­traje, como se observa en tan particular análisis, “son lige­ras aun­que sig­ni­fi­ca­ti­vas”. Pero sobre­sale una fun­da­men­tal: la novela intenta dar una expli­ca­ción sobre­na­tu­ral o extra­te­rres­tre al mal, acu­sando la pre­sen­cia de un extraño polen ama­ri­llo que cubre toda la isla y que es el cau­sante del anó­malo com­por­ta­miento infan­til, aun­que no se explica su ori­gen”. De tal modo que, “en la parte final del texto, los niños son los encar­ga­dos de pro­pa­gar este polen hacia el con­ti­nente”. Resulta muy intere­sante dete­nerse en esta diver­gen­cia de la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fica, por­que el tono apo­ca­líp­tico del libro tiene, en efecto, una mar­cada ver­tiente eco­lo­gista que puede que­dar iné­dita para el espec­ta­dor pero nunca para el lec­tor: “el cien­tí­fico habla de una ven­ganza por parte de la natu­ra­leza hacia la espe­cie humana, un men­saje del que carece, en parte, la pelí­cula, que atri­buye el com­por­ta­miento de los niños a su ven­ganza sobre los adul­tos, cul­pán­do­les a estos de los males que sufre la infancia”.

Por todo ello, nos damos cuenta de que hubo algo de Peter Pan en Juan José Plans (sí, cierto, tam­bién de su Pasión de Drá­cula, deli­cioso libro que le publicó Nickel Odeon en 1993). Entraba en nues­tro dor­mi­to­rio a horas intem­pes­ti­vas, nos sedu­cía con la pro­mesa de una ten­ta­dora reali­dad más allá de la nues­tra y nos hacía volar a tra­vés de la oscu­ri­dad para alcan­zar un des­tino extra­or­di­na­rio, nunca antes ima­gi­nado de tal forma. Fue aque­lla la filo­so­fía que acuñó con su poli­fa­cé­tico buen hacer y defen­dió hasta el final por­que decía que “la vida es una aven­tura y esa aven­tura hay que vivirla inten­sa­mente”.

No te olvidamos, ni te olvidaremos, amigo.


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