UN VIAJE ‘SIN RETORNO’ PARA FIN DE AÑO

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Nos encontramos a punto de traspasar el ecuador de un año jacobeo que resulta absolutamente extraordinario porque no se trata de un año sino de dos. Tal tesitura nos lleva a celebrar con mayor alborozo si cabe la nueva edición revisada de la novela Sin Retorno (Harper Collins Ibérica). Razones, aquí. 

Texto y fotos: Silvia R. Coladas.


Lo cierto es que rescatar con mimo la que fuera ópera prima, allá por el año 2015, de Susana Rodríguez Lezaun, es una decisión editorial con la que no podríamos estar más en armonía, ya que en esta casa somos seguidores incondicionales de la escritora y periodista pamplonesa desde la lectura de Bajo la Piel. Tener oportunidad renovada de disfrutar de Sin Retorno nos hace adentrarnos en el Camino de Santiago, en su itinerario francés, con Roncesvalles como primer destino, y aun a pesar de los crímenes que se relatan, reconocemos que la lectura nos anima a coger la mochila de nuevo y salir a experimentar la espiritualidad, el cansancio y el viaje interior que proporciona esta ruta, hoy convertida en Patrimonio de la Humanidad.

Ante de zambullirnos en la novela, comentar que sólo hay un detalle que no nos gusta de los libros de Rodríguez Lezaun y es… ¡que se acaban! Y eso, queridos y queridas, ¡es una verdadero fastidio! Porque lo que nos apetece es estar leyendo continuamente sus adictivas historias, quizás debido a que los personajes se nos hacen tan cercanos, tan bien construidos, que parecen reales y queremos saber más y más sobre ellos y seguir acompañándoles en sus vidas. O puede también que sea porque el paisaje del norte de nuestro país -verde, montaña, ciudades, pueblos…- goza, para nosotros, de un atractivo añadido que enriquece las escenas y nos envuelve en una bruma gris que contrasta con los bosques cuyo oxígeno limpio y puro respiramos en cada página.

Fantástica asimismo es, por tanto, la noticia de la próxima reedición de las dos novelas siguientes que conforman la trilogía: Deudas del frío y Te veré esta noche. Pero vamos ahora con Sin Retorno que es donde todo comienza.

Dos vidas se entrelazan aquí: la de Irene, una mujer que sufre golpes e insultos a manos de su marido alcohólico, abogado de un bufete en Pamplona; y la del inspector Vázquez, el encargado de la investigación del incendio en el que, curiosamente, encuentra la muerte el maltratador.

Aunque el nombre de la viuda reciente significa “paz”, y es con lo que ella sueña tras el supuesto accidente que no ha sido tal, nada más lejos de conseguir su objetivo. La vida se le revuelve, la losa de la conciencia la machaca con todo su peso y, justo cuando vuelve a encontrar el amor, este viene en forma de eficiente policía.

Irene Ochoa y David Vázquez se enzarzan en un romance herido de muerte y mentiras desde su comienzo pero no por ello exento de pasión, sexo e intermitente complicidad. Asistiremos a la evolución de ambos tras conocerse: el miedo creciente de ella por si la caza en una mentira que la revele como mariticida; la inocente ilusión de él, un policía duro de pelar que no pestañea ante nada, con su total entrega a la mujer de la que se está enamorando.

Pero no es esta la única trama que nos mantendrá en vilo. A la par, en Roncesvalles, hermoso y simbólico enclave donde los peregrinos descansan tras su primera etapa o simplemente inician el Camino de Santiago sin salir de nuestro país, tienen lugar unos macabros y sucesivos asesinatos que rompen con la rutina pacífica de los pocos oriundos que allí viven y de los muchos viajeros que por esta localidad pasan. Las fuerzas del orden no avanzan con la investigación y, en su despiste, no aciertan a averiguar el móvil que lleva al cruel agresor a acabar de forma tan ominosa con la vida de estos inocentes caminantes, a los que jamás se les pasó por la cabeza encontrar la muerte en esta senda sagrada.

Como ya es costumbre, Rodríguez Lezaun no nos da tregua y se lo agradecemos enormemente porque cuando abrimos un libro, lo que deseamos es ¡sentir! Ya sea maravilla, rabia, belleza, intriga, miedo, desazón… ¡Lo que sea, menos aburrimiento! Y este nuestro afán lo tenemos asegurado con ella.

El arranque de la novela ya es potente. Irene Ochoa da un golpe de timón a su vida en el primer capítulo: “Giró el espejo retrovisor hacia su cara. El rostro que le devolvió la mirada se parecía al suyo, pero en realidad ya no era ella”. Este ritmo no decae a lo largo de las páginas y mantiene nuestro nivel de adrenalina bien alto. Eso sí, aunque no lo haya hecho como medida profiláctica para que no nos dé un síncope y no quedarse sin lectores, la autora combina la alta tensión con detalladas descripciones del paisaje, sea urbano o rural, con escenas cotidianas más tranquilas como pueden ser los encuentros de la clandestina pareja o los problemas jerárquicos o laborales dentro del cuerpo de policía. Así, aparte de darnos un respiro, nos va introduciendo en la médula de cada uno de los personajes, dándonos a conocer su personalidad con todo detalle para poder tomar partido por uno o por otro.

REGALO DE REYES PARA SERIÉFILOS

Estos dos relatos que corren paralelos tienen en común la presencia de un homicida, aunque eso sólo lo sabe el lector. En el primero de ellos, conocemos la identidad del asesino y hasta empatizamos con su modus operandi y la motivación de sus actos, qué le vamos a hacer. Nos resulta más aceptable, nos hace pensar si no tenemos todos una parte oscura y algo maligna que, en situaciones como una legítima defensa, aflora en todo su esplendor. En el segundo relato, ignoramos la identidad del asesino y, desde luego, nos parece totalmente inaceptable ponernos de su parte. Su brutalidad y la ausencia de legitimidad, en el supuesto de que haya casos en los que un asesinato pueda ser legítimo, provoca en nosotros un rechazo inmediato y nos induce a pensar en un demente o, lo que es mucho peor, en una persona mala por naturaleza, de esos de los que habla el doctor José Cabrera en Las raíces del mal.

El inspector Vázquez se encuentra en el medio de ambos, mucho más cerca del primero -aunque eso él no lo sabe-, que del segundo, quien parece zafarse sin problema de la ley y burlarse hasta de las reglas tácitas para cometer un asesinato: actúa a plena luz del día, en el multitudinario punto estratégico de Roncesvalles, sin poner cuidado alguno. También en su relación con Irene, al igual que esta, se enfrentará a una disyuntiva. ¿Es oportuno liarse inmediatamente con la viuda de una víctima cuya muerte ha tenido que investigar? Y respecto a ella… ¿es reprobable iniciar una relación con el policía que ha investigado la muerte de su marido cuando el cadáver está todavía caliente y nunca mejor dicho?

Muchas son las preguntas que nos haremos tras leer Sin Retorno porque esta novela es todo menos superficial. Aborda la violencia de género desde ambos lados -el agresor también se convierte en víctima de esa violencia-, la honestidad de determinadas conductas tácitamente rechazadas por nuestros principios morales cuando afectan al prójimo o el fanatismo religioso tan presente en la obra de la autora. Sin embargo, nada más lejos de nuestra intención que desvelar lo que toca descubrir al leer esta primera novela de Rodríguez Lezaun que, junto con el resto de la saga, se va a convertir próximamente en una serie de televisión.

Terminamos recomendando la lectura del libro antes de ver la adaptación, y, para los forofos de las series, pinta la novela como el más estupendo regalo de Reyes Magos para ir calentando motores antes de su despegue televisivo.


LO

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