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UN AÑO EN LA VIDA DE UN LIBRO

Se cumple en estos días un año desde la publicación de mi libro Contra la arrogancia de los que leen. La historia empezó en España, donde se materializó gracias a Trama Editorial, y continuó después su periplo por diversos países de América Latina.

Cristian Vázquez. Fotos: Maica Rivera


En Argentina, a comienzos de este 2019, una tirada de impresión local facilitó su circulación. En todos esos sitios ha habido lecturas: atentas, críticas, entusiasmadas, empáticas. Lecturas compartidas en las redes sociales. Lecturas atraídas por ese título un poco provocador, belicoso tal vez solo en apariencia. Lecturas que lo recomiendan. Lecturas que son, por supuesto, la mejor clase de satisfacciones que un libro puede brindar, y tanto más en el caso de un libro como este, cuyo tema son los libros y el acto de leer.

El hecho de que haya habido gente que se sintiera identificada con las historias y las reflexiones plasmadas en el libro es señal de que los artículos que lo componen —“meros apuntes de un lector”, como los llamé en la nota final— cumplieron con su cometido.

Y ojalá que el libro siga encontrando sus lectores. Que estos textos, publicados originalmente en la revista Letras Libres y reencarnados como un rompecabezas minucioso en forma de libro, sigan recorriendo su camino. Un camino imprevisible, misterioso, a veces inesperado, a veces sorprendente, como el de todos los libros. Un camino que no termina. Como afirma esa frase que tanto me gusta de Ismail Kadaré: “Estamos habituados a vivir con la velocidad de la ciudad, pero la literatura vive con la velocidad de los astros”.

Para nosotros un año es mucho tiempo, pero en términos cósmicos no es más que un parpadeo, un instante. Para los clásicos, un año no es nada; para ciertos libros resulta una eternidad; cuánto es un año en la vida de Contra la arrogancia de los que leen, el tiempo lo dirá. De lo que sí puedo hablar es de mi año, el que llevo en su compañía: un año plagado de buenos momentos que, en muchos casos, el libro propició o generó. Solo por eso, su existencia para mí ya merecería la pena. Si además hay lectores que disfrutan de al menos algunas de sus páginas… Bueno, pedir más quizá ya sería un exceso.


LO

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