TRAS LAS HUELLAS DE LA REINA DEL CRIMEN

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Tal día como hoy, hace cuarenta y cinco años, fallecía la autora de novela policíaca más famosa de todos los tiempos: ¡la inimitable y genuina Agatha Christie! La escritora más leída y traducida del mundo, con ventas que superan los cuatro mil millones de ejemplares vendidos y ediciones traducidas a más de cien idiomas. Manteniendo la aureola del éxito y la leyenda de telón de fondo, sumándonos a las legiones de incondicionales de todo el globo, evocamos su memoria con la recomendación de la reciente biografía publicada por la editorial Almuzara

Texto y fotos: Silvia R. Coladas


 

Recomendamos esta obra con entusiasmo. Está firmada por el economista, escritor y experto en creación literaria Eduardo Caamaño, autor también de las biografías de Arthur Conan Doyle, Houdini y el Barón Rojo, publicadas asimismo por la editorial Almuzara. Coincide su salida al mercado con el centenario del emblemático Hércules Poirot, y, casi desde que llegó a nuestras manos, esta fabulosa semblanza se convirtió en uno de los mejores regalos con los que podíamos comenzar la temporada.

Son casi seiscientas páginas; y ninguna de ellas, prescindible. Todas están  repletas de apasionantes anécdotas y datos. Nos dan a conocer detalles de la Reina del Crimen, de su faceta personal y también, cómo no, de la de escritora, aunque ella se resistía a considerar su oficio como tal. Ochenta novelas, ciento cincuenta cuentos, veinte obras de teatro, seis novelas románticas y un par de libros basados en la vida real constituyen el vasto patrimonio que nos ha legado y que, aunque parezca imposible, pudo compaginar con otras variadas ocupaciones laborales, y con su papel de madre, esposa y entusiasta abuela.

Caamaño, aunque se centra en Agatha Christie, que es la columna vertebral del libro, también nos deleita con detalles sobre la vida de la época. Sus “Notas del Autor” constituyen un ameno recorrido histórico, donde relata curiosidades con explicaciones sobre múltiples temas de interés: del mundo editorial o del mundo, en general; de tiempos pasados o más recientes y actuales, haciendo que la biografía adquiera un gran valor añadido.

Recordemos que, durante el siglo XX, el mundo sufrió dos terribles guerras -y a las dos se tuvo que enfrentar nuestra intrépida protagonista-,  pero también fueron años de grandes cambios, numerosos descubrimientos en distintas ramas, inventos y avances tecnológicos.

AGATHA CHRISTIE, LA INTRÉPIDA

Su primer marido, Archie Christie fue uno de los primeros pilotos de aviación en el Real Cuerpo Aéreo y un verdadero superviviente de la guerra donde sus compañeros morían como moscas derribados por el enemigo. Recorrió el mundo con él y descubrió la práctica del surf, deporte acuático al que se aficionó en Sudáfrica y que, en ocasiones, la dejaría extenuada y dolorida, pero siempre feliz. Archie le proporcionó su famoso apellido del que se quiso desprender al divorciarse, deseo que su editorial no le permitió para evitar confundir a la que ya era una legión de lectores.

Su segundo marido, Max Mallowan, alma gemela, el verdadero amor de su vida y reputadísimo arqueólogo, le proporcionaría la posibilidad de vivir, en primera persona, a pie de yacimiento, excavaciones en numerosos y exóticos países que le servirían de inspiración para sus novelas. Ella no se conformaba con ser una figura decorativa como las que desenterraba su adorado cónyuge y, siempre, se las ingenió con su gran talento para formar parte activa del equipo.

De espíritu aventurero y vivaz, asumía el riesgo físico con elegancia porque pensaba que esa era una postura aristocrática a diferencia del carácter ‘burgués y provinciano’ que daba siempre preferencia a la seguridad por encima de todo. Fue de las primeras mujeres que volaron en avión, aun cuando los accidentes aéreos estaban a la orden del día, y viajó sola a lugares impensables 

Aunque parezca increíble, Agatha no fue a la escuela y se inició en la escritura gracias a un desafío de su hermana mayor Madge que también escribía y llegaría a tener cierta popularidad. Durante la guerra, trabajó como enfermera, y fue en su traslado a la farmacia de un hospital donde tuvo la oportunidad de instruirse adecuadamente sobre los efectos de todo tipo de sustancias y extractos de plantas; y, lo más importante: las dosis exactas que había que administrar para que fueran curativas y no letales. Estos conocimientos le serían de enorme utilidad en sus novelas. La exactitud con la que se manejaba llegó a ser tal que recibió halagos de la comunidad científica e, incluso, gracias a la descripción de los síntomas de determinados venenos, se pudieron salvar vidas.

De espíritu aventurero y vivaz, asumía el riesgo físico con elegancia porque, como nos cuenta Caamaño, pensaba que esa era una postura aristocrática a diferencia del carácter “burgués y provinciano” que daba siempre preferencia a la seguridad por encima de todo. Así fue de las primeras mujeres que voló en avión aun cuando los accidentes aéreos estaban a la orden del día, y viajó sola a lugares impensables para una mujer, incluso hoy.

Trabajó como enfermera durante la guerra, y se instruyó en la farmacia de un hospital sobre los efectos de sustancias y extractos de plantas, y las dosis exactas para curar y no matar. Estos conocimientos le serían de enorme utilidad en sus novelas. La exactitud con la que se manejaba le valió halagos de la comunidad científica y  gracias a la descripción de los síntomas de determinados venenos, se pudieron salvar vidas

Gracias a esta biografía, descubrimos a una mujer adelantada a su tiempo, independiente y trabajadora. Su experiencia de vida nos sirve de inspiración, ahora más que nunca, porque siempre tuvo energía y buen humor para salir de graves dificultades, modestia para rechazar la fama -sabedora como era de todos sus inconvenientes- e inteligencia y creatividad para hacer frente a apuros económicos de los que siempre salió airosa.

Muy bien documentado, el trabajo de Caamaño es de alto valor para los amantes de las novelas de Christie y también para los que no se han iniciado aún en su universo ya que tan amada escritora fue y sigue siendo un fenómeno editorial. Baste un dato: La ratonera continúa en cartel desde el año 1952 en Londres, con la única interrupción de la Historia causada por la COVID-19.

VIEJA PERO LEAL REMINGTON

Supo construir historias coherentes y complicadas que siguen haciendo trabajar la mente de los lectores en la resolución de los casos. Tal es la fuerza de su personalidad y el potencial de su obra que aún a día de hoy continúa generando noticias cada poco tiempo: véanse las continuas especulaciones alrededor de su misteriosa desaparición durante once días en el año 1926.

Al terminar de leer la biografía, con la satisfacción de haber gozado de cada capítulo como se disfruta sin remordimiento de cada uno de los exquisitos bombones de una caja, Caamaño nos sorprende con un broche final a la altura de las circunstancias. Oh, my God! Ante nosotros, ¡una relación pormenorizada de los venenos utilizados en su extensa obra! Multitud de referencias botánicas ponzoñosas, origen y situación actual, tanto en el ámbito legal como en el físico, anécdotas increíbles, víctimas insignes y todo un abanico de peligrosas posibilidades.

Agatha, en contra de su voluntad ya que sufría una timidez casi enfermiza, llegó a tener fama en vida a nivel mundial y fuera a donde fuera no podía pasar desapercibida.

Consciente de ello y del interés que despertaba su intimidad, algo que detestaba, escribió una autobiografía a la que se hace referencia en múltiples ocasiones en el libro que nos ocupa y que se publicaría justo después de su muerte por deseo expreso. Quiso así evitar sensacionalismos e invenciones, y boicotear los aviesos propósitos de numerosas aves de rapiña que revoloteaban desde hacía un tiempo sobre su vida privada. Suponemos, a pesar de la concienzuda estrategia, no lo consiguió, pero, en cualquier caso, de lo que estamos convencidos es de que esta biografía habría dejado a nuestra heroína literaria satisfecha y a su autor, con una encantadora carta de agradecimiento entre sus manos, escrita con una vieja pero leal Remington.

Gracias, querida Agatha Christie, por todos tus libros; y gracias, Alberto Caamaño, por descubrirnos a la extraordinaria mujer que hay detrás.


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