¿POR QUÉ ‘BAJO LA PIEL’ NO ES OTRA NOVELA NEGRA MÁS?

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Celebramos la nominación de Bajo la Piel de Susana Rodríguez Lezaun en la categoría “Mejor Novela” para los premios que concede este año el festival Valencia Negra en su novena edición (10-20 de junio). ¿La razón? Que no es una novela negra más. 

Texto y fotos: Silvia R. Coladas.


 

Siempre he sido una lectora muy controladora del ritual. Sin miramientos, he llegado a interrumpir mis lecturas en los momentos de mayor emoción para retomar transcurridos un par de días con objeto de poder elegir el tiempo y el marco perfectos, hacer los buenos preparativos, y disfrutar a plena conciencia de la culminación narrativa. Es decir, siempre me he rebelado con uñas y dientes contra los ardides del escritor sobre el lector para engancharle, manipularle a su antojo y que no suelte la novela. 

Mi afán calculador me hizo desarrollar especial sagacidad en historias de género, con resultados excelentes y una eficacia del cien por cien. Convencida de que llegaba el descubrimiento de la identidad del asesino o el resultado de la autopsia, cerraba el libro justo a tiempo y me quedaba tan a gusto.

Pero hete aquí que me he topado con un hueso duro de roer que ha echado por tierra todo el tinglado que tenía montado en pos de la libertad. Un libro que ha encontrado mi punto débil, el agujero por el que colarse, condicionando mi rutina cotidiana durante varias jornadas sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.

Mi táctica personal de preservación de la propia voluntad ha caído como caen las torres más altas: estrepitosamente. Bajo la Piel de la periodista y escritora navarra Susana Rodríguez Lezaun, que ya sobresalió con el éxito de sus anteriores novelas, ostenta el triunfo de haberse adueñado de mi tiempo libre durante varios días sin posibilidad de defensa. ¿Qué tiene para ser tan adictiva? ¿Cómo ha conseguido burlar la seguridad de mi sistema? ¡Vamos a verlo!

El relato comienza con una misteriosa escena: una mujer conduce un coche llevando a su bebé en la parte trasera cuando otro intenta darle alcance para provocar un mortal accidente. Antes del suceso fatal, la madre, al menos aparentemente, logra poner a salvo a su hijo. Unos días después, se descubre el coche siniestrado pero no hay rastro de su conductor ni de su pequeño ocupante. A partir de aquí, Marcela Pieldelobo, inspectora del Cuerpo Nacional de Policía, irá tirando del hilo; un hilo muy fino que sus propios superiores pretenderán hacer desaparecer. Sin embargo, como suele ocurrir en la realidad cuando se descubren grandes desfalcos por un error en unos céntimos, la insistencia de Marcela le llevará a encontrar una madeja de grandes proporciones en los más elevados estamentos del poder.

 

 

NOS GUSTAN SUS MÉTODOS

No es otro caso más para resolverse con el investigador literario de turno. Subyacen muchos temas, profundos; y la personalidad de la protagonista goza de una apabullante verosimilitud. Es la buena descripción de sus luces y sombras, fortalezas y debilidades, lo que nos acerca tanto a esta intrépida mujer.

Pieldelobo representa la búsqueda de la justicia por encima de todo, incluso de la Ley que, como sabemos, tantas veces maniata a víctimas, jueces y fuerzas del orden favoreciendo, sin pretenderlo, al delincuente. No es difícil identificarse con su metodología particular que tantos disgustos profesionales le acarrea pero con la que empatizamos, hiperestimulados a seguir página tras página. Ella misma ha sufrido a un maltratador en su familia y a un embaucador por marido, y estas circunstancias le influyen para ser una verdadera luchadora por la verdad y la defensa del débil.

Bajo la Piel también levanta ampollas, y nunca mejor dicho, cuando trata el carácter intocable de los miembros de las élites de la sociedad, a las que nadie quiere enfrentarse aunque cometan terribles delitos.

Rodeados de una suerte de muro invisible que les protege, construido a base de dinero y de una moral basada en un Dios que jamás refrendaría su avaricia ni su modus vivendi, la inspectora se dará de bruces con su prepotencia, su poder y su desprecio. La rancia parafernalia que les rodea, sus ideas trasnochadas sobre lo que es correcto y lo que no, y la crueldad que ejercen para mantener sus privilegios se convertirán en fascinantes escollos en el esclarecimiento de los hechos.

Cierto, insistimos, la protagonista es muy humana, es decir, también tiene vicios y debilidades.

Sufre pero saca fuerzas para salir adelante, es dura pero se le adivina ternura, adora la soledad pero también sucumbe al amor; sin embargo, lo que más la define, sin duda, es que es libre, aunque esa libertad hará que su carrera se encuentre en la cuerda floja e incluso que su vida llegue a correr serio peligro.

El sexo clandestino, la amistad, la justicia, el trabajo vocacional, las dudas ante el fracaso, la ansiedad por el poder, la traición y la hipocresía social. Todas las temáticas se abordan desde un ojo crítico que hace de esta novela una apuesta segura para disfrutarla de principio a fin sin interrupción. Por suerte, es muy probable que volvamos pronto a saber de la inspectora Marcela Pieldelobo. A sabiendas de que volverá a descabalar mi rutina sin piedad, me confieso: ojalá sea lo antes posible. 


LO

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