POETA: ENTRE EL AZAR Y LA NECESIDAD

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Versos contrarreloj para la recta final de 2020. Versos que piensan y apuran la vida, versos “que todo lo alumbran”. Abiertos “al cielo y al cierzo”. Son versos de inconfundible firma, la de Enrique Villagrasa (Burbáguena, 1957), que conforman el poemario La poesía sabe esperar, repartidos en tres etapas cronológicas: “Introito”, “Si hay dolor hay vida, dicen” y “Despedida”. Un libro de madurez poética que persigue la palabra exacta, prologado por el también turolense Nacho Escuín.

Maica Rivera


MR: El título del poemario, ¿alude a lo terreno o a lo espiritual? ¿Es el suyo un “esperar” de “esperanza”?

EV: Es un esperar como se espera la noche para ver ese mosaico celeste. La poesía llega cuando llega, como los magos: ni antes ni después. En ese momento en que la poesía es bordada por la luz.

MR: Burbáguena es el territorio por el que transitan muchos versos, ¿tal vez todos? ¿Por qué? ¿Homenaje, añoranza, nostalgia, deseo, sueño…? ¿Cómo definiría el arraigo de sus poemas a la tierra?

EV: Soy de Burbáguena (Teruel), y allí pasé mi infancia y primera juventud. Después, internados y otras zarandajas. Mi poesía respira pueblo y río Jiloca; el trinar de los pájaros y las rosas rojas de la escuela. Las cerezas. No repetiré lo de Rilke.

MR: Tiene su poesía un halo crepuscular. Se repiten las referencias temporales del “verano” y “la tarde”. ¿Por qué le atraen como sutiles centros de gravedad?

EV: Sí, claro, son mis centros: mis lógos y uno tiene una edad. Tanto el verano como la tarde, en esta poesía, son tratados al hilo del lógos filosófico. O sea, operan como explicación de los poemas que son vida: que la quieres pero se va por la ribera o camino de la viña.

MR: Sus versos, concisos y rotundos, tienden a concentrarse, dando como resultado cierta densidad personal. ¿Algo más sustenta su conexión con Baltasar Gracián, aludida en el prólogo?

EV: Gracián es la esencia y enjundia del pensamiento: es la poda constante. Es el mejor tuitero que hay, y el día que lo descubran será la explosión del pensamiento aforístico. Además de un poco jesuita el prologuista, Nacho Escuín, me conoce bien, y ha sabido entrar bisturí en mano en el poemario de marras y sabe de mis lecturas y conoce los aromas de la noche amiga.

MR: No se nos escapa tampoco la cita de Quevedo. Ni, en definitiva, una sensibilidad con el devenir, la vida y la muerte que nos obliga a preguntarle: ¿se reconoce en cierto sentir barroco?

EV: Me gusta mucho el Barroco, en él la poesía es palabra exacta. Es excepcional, trastorna a los hombres y mujeres y es esa puerta abierta en la realidad, para ir a donde nunca hubieras querido estar. Y Quevedo es mi líquido elemento: “Diéronles el vino, tinto”.

MR: Por el contrario, ¿cuánto tienen sus versos de esa “poesía última” también aludida en el prólogo, trascendental y realista?

EV: Es que vivimos entre imágenes, querámoslo o no. Pues, es la palabra en sí misma la que es una visión, sin ir más lejos. Pero no quiero que el lector se quede con las primeras experiencias de las imágenes, quiero que se queden con las cosas, su esencia, su enjundia. Esas imágenes tienen que abrirnos la puerta de la belleza, esas otras realidades. La imagen no solo debe aportar ausencia.

CONTAR Y CANTAR

MR: ¿De verdad es un “romántico empedernido”? No parecen pocas las afinidades con Rosalía de Castro…

EV: Rosalía y García Lorca son mis primeros poetas. Son mis primeras lecturas en Burbáguena (Teruel). Su poesía es sincera, dice o no dice verdad. Más la de Rosalía que es presencia. Me gusta ese concepto de cosmovisión primitiva. Y me queda lejos la ilustración. Supongo que eso se refleja en los poemas que escribo. Aunque bien es cierto que hay lectores, sobre todo profesores de Literatura, que no se ponen de acuerdo sobre mi romanticismo literario. Creo que no existe poesía sin ideas y el romanticismo las tiene todas.

MR: ¿Dónde podríamos encontrarle la influencia de Antonio Machado? ¿Y la de Ángel Guinda?

EV: En el lenguaje: contar y cantar. Y en perseguir ser palabra en el tiempo. Y tal y como me conmueven sus versos, de ambos poetas grandes, son presencia en la ausencia. Ellos me han enseñado que la poesía es lo que es: el testimonio de un esfuerzo, de una determinada persona. Ambos poetas son de justa y necesaria lectura.

MR: Hay mucha reflexión metapoética en estas páginas, ¿es una necesidad de pensamiento como poeta o un ejercicio de estilo?

EV: Es la necesidad del pensamiento: “Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”, que decía don Miguel y o “No me mires a los ojos,/ sino a la mirada, mira”. Es el drama de la palabra poética. Es la esencia misma de la creación poética en aras de la poesía como proyección de futuro.

MR: No nos deje con la intriga. ¿Existe la poesía o solo los poemas?

EV: La poesía es hoy más necesaria que nunca. La poesía es como el rayo azul: anida en el poema, fruto del azar y de la necesidad, por huir de las tinieblas.


LO

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