¿PODEMOS EXPLICARNOS LA CONSCIENCIA?

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Para Gary Lachman, la metáfora es una experiencia mística. Dice que no la apreciamos en estos términos porque nos hemos acostumbrado a ella. Éste comentario a vuelapluma es representativo de cómo nos enamora y, a la vez, nos sacude su mirada sobre el mundo. Por eso hoy celebramos que Una Historia secreta de la consciencia (Atalanta) alcanza su tercera edición. Nos sigue admirando el vigor contestatario de este libro singular frente a la tradición materialista y científico-racionalista de los últimos cuatro siglos, la fortaleza en pie de su otra visión de la realidad: esotérica, espiritual y metafísica.

Maica Rivera


Sí, el libro lo firma ese Gary Lachman, músico estadounidense afincado en Londres, fundador del grupo Blondie y guitarrista de Iggy Pop en los 80. El que también es escritor y colaborador de publicaciones como The Guardian, Mojo y The Times Literary Supplement, y comenzó a interesarse por las cuestiones objeto de este ensayo a una edad temprana, durante su adolescencia en los años setenta. Fue entonces cuando tomó contacto con toda la literatura sobre los estados alterados o elevados de consciencia, tras descubrir al escritor Hermann Hesse con Siddhartha y El lobo estepario, hasta nuestros días, un presente en el que “explicar la conciencia”, como bien nos argumenta, es una de las cuestiones más candentes de los programas filosóficos y científicos.

Una Historia secreta de la consciencia viene siendo silenciada por la respuesta oficial a tantas preguntas sobre su evolución:  “Los científicos y filósofos de la mente evitan las referencias a los místicos, maestros espirituales y pensadores no materialistas”.

Documenta Lachman que hay dos conflictos centrales en la Filosofía y la Ciencia convencional.

El primero es el hard problem, referido a “la dificultad para comprender cómo los procesos físicos están asociados a la consciencia; es decir, cómo el circuito neuronal, el asiento orgánico de la consciencia, puede convertirse en nuestra experiencia subjetiva”. Dar una explicación a esto exige “incluir un factor intangible que muchos científicos rechazan”, nos dice.

El segundo problema es el de “la vinculación”, relativo a cómo la consciencia es capaz de unificar los miles de estímulos diferentes que recibimos por minuto: “No tenemos respuesta para ello, y la mayoría de los científicos no son capaces de admitirlo”.

El autor sugiere “una aproximación fenomenológica que consista en atender a la consciencia sin prejuicios, observar cómo cambia en diferentes situaciones y estudiarla en función de las consideraciones de otros escritores, filósofos y místicos”. A veces, la consciencia parece muy torpe y limitada mientras que, “en otras ocasiones, resulta clara, vigorosa y expansiva. Incluso la mera actividad de prestar atención a la propia consciencia, la cambia. “¿Por qué ocurre todo eso?” Gary Lachman cree que necesitamos hacernos esa pregunta para llegar a conocernos de verdad a nosotros mismos.  

CONSCIENCIA CÓSMICA Y POÉTICA

La consciencia cósmica se ha convertido en “un término vago para aludir a una idea general de consciencia superior, explica. Desde los años 60, ha habido un enorme desarrollo de la exploración de los estados alterados y “todo se ha vuelto muy sofisticado en la práctica”. Cuando emplea el término en el libro, lo hace para hablar, en concreto, sobre la consciencia expansiva, enlazándola con “las antiguas ideas sobre la gnosis o conocimiento intuitivo inmediato”.

La poesía y las metáforas hacen evolucionar nuestra consciencia, según Owen Barfield. ¿Cómo nos invita Lachman a contrastarlo? Propone que atendamos a nuestro propio sentir poético, que notemos, sintamos, experimentemos el poder para emocionarnos que nos provocan los versos. Como ocurre con la metáfora. Que lo analicemos.

Apunta a las raíces del Romanticismo decimonónico para este estudio experimental. Porque los románticos “se fascinaron con estas transformaciones repentinas de la consciencia, al ver un árbol, una nube o una montaña como algo extraño, nuevo y vivo; buscaron esas formas diferentes de ver el mundo; y leer su poesía puede desatar transformaciones semejantes en el lector“. Hoy muchos buscadores se apoyan en la espiritualidad oriental para aprender a cambiar su consciencia, “no hay nada malo en ello”, dice Lachman, pero lo cierto es que “tenemos nuestra propia tradición en Occidente: Owen Barfield nos lo recuerda, considera a los románticos como una expresión de esa evolución de la consciencia sobre la que Rudolf Steiner escribió”.


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