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Llega a la sexta edición El fuego secreto de los filósofos, cuando se cumplen quince años de su lanzamiento en Atalanta. Hoy Patrick Harpur sigue siendo ese inmenso autor de culto al que necesitamos más que nunca para recuperar la imaginación como vía legítima de conocimiento a través de un canon muy particular que se completa con Realidad daimónica y La tradición oculta del alma.

Maica Rivera


Leer a Patrick Harpur es una experiencia profunda y transformadora. Te cambia la mirada para siempre, ya lo avisa entre líneas en la presentación y las primeras páginas de esta obra maestra. Decir que El fuego secreto de los filósofos es un resumen histórico originalísimo de la tradición imaginativa es quedarse muy corto, valorando en toda su magnitud que abarca “campos tan heterogéneos como la filosofía y la mitología griegas, la poesía romántica, la alquimia, la psicología junguiana, la magia renacentista, el chamanismo, la ciencia moderna, los relatos de hadas y fantasmas, la náusea de Darwin o la magdalena de Proust” . Desde ahí, Harpur nos sacude la rigidez de los últimos siglos nuestro universo racional para someternos a una inmersión total en la metáfora. Vino hace tres lustros a liberarnos del obsesivo literalismo de la conciencia postcartesiana que nos limita al mito único y la visión simplificadora. Apoya la razón serena, lo que critica es el racionalismo feroz y cegador de nuestro tiempo, que se viene recrudeciendo desde la Ilustración.

En su discurso, es central el concepto de “daimon”, al que se acerca desde el legado de Carl Gustav Jung y el poeta irlandés William Butler Yeats. Define a los dáimones como misteriosas criaturas bien reconocidas por los neoplatónicos, “muy contradictorias: materiales y espirituales; escurridizas, de presencia ambivalente, que aparecen en los márgenes, en las fronteras geográficas (puentes, costas…), temporales (puestas de sol, solsticios de verano…) y psicológicas (entre el sueño y la vigilia)”.

Habitan en un reino intermedio entre nuestro mundo material y el mundo de las formas eternas o arquetipos, mediadores entre nosotros y los dioses, nos explica sobre esta tradición imaginativa que tuvo entre sus más destacados portadores a los alquimistas, “para quienes la imaginación era el fuego secreto que transmutaba la materia a la vez que la propia psique”.

DIGNIFICAR LA IMAGINACIÓN

La imaginación, para los románticos, implicaba “un mundo poblado por dáimones y deidades, interactuando en tramas arquetípicas llamadas mitos: verdaderas historias del alma en diferentes planos para la construcción de nuestras vidas”. En esta línea, la obra de Patrick Harpur apuesta por volver a la sensibilidad y la sabiduría románticas para rescatar la imaginación como vía de conocimiento, degradada en nuestros días al identificarse erróneamente con “mera fantasía o capacidad de invención”.

Harpur  abomina del materialismo reduccionista, revindica también dignidad para lo sagrado. Se considera un “cristiano politeísta” como Marsilio FicinoWilliam Blake, en la creencia de que, psicológicamente, hay muchos dioses pero, teológicamente, solo Uno. Desde hace muchos años nos insta a hablar del alma (que diferencia del espíritu), a escribir del alma. Le gusta filosofar sobre nuestras almas como manifestaciones individuales del Alma del Mundo, hablar del “Alma del Mundo” en términos de la imaginación de Dios, a la que nos conectamos a través de la creación artística y el amor, expandiendo nuestra conciencia.


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