HACIA LA HIPER-ESPECIALIZACIÓN

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Cerramos 2019 con valoraciones críticas de cara al nuevo año y venideros desde el escritorio de Gastón Segura, haciéndonos eco de su representativa experiencia como escritor y editor independiente. Nos vaticina un incremento de la tendencia a la especialización dominante del sector  y aprovecha para dejarnos la invitación de la próxima presentación en España, en el plazo de unas semanas, del último libro publicado por Drácena, Tanto para esto de la autora Mercedes Gutiérrez.

LiterocioFoto de portada: Silvia R. Coladas. Foto GS: Maica Rivera


LO: ¿De dónde venimos y adónde vamos? ¿Cómo valora el momento actual del sector editorial? Luces y sombras.

GS: Como cuanto nos rodea, nos encontramos en una rápida, quizá, demasiado rápida transformación por obra de la tecnología. Me explicaré. Por un lado surge lo digital aplicado a la edición del libro, que indudablemente debe influir decisivamente en el libro didáctico del porvenir y en toda la variedad de manuales, cambiando hasta su concepto (es decir, mutará los formatos hacia terrenos multimedia); y luego, la introducción de la venta por la Red que está dañando a las librerías, y por supuesto, retrayendo la visita de los posibles compradores a las mismas. Esta última circunstancia, me horroriza porque una buena librería es un bazar abierto a los más extraordinarios descubrimientos, a ella se va por un título en concreto y se sale con otros distintos que nos resultaban insospechados y mucho más apetecibles; eso solo se puede producir allí, en una librería. Por tanto, las ventas por vía digital cambian la manera de acercarse al libro, lo que todavía no puedo pensar en cómo repercutirá en los lectores; sin embargo, es manifiesto que está dañando a los libreros, y no parece atisbarse una solución.

LO: ¿Estamos en crisis, vamos hacia una crisis o hemos superado los peores baches?

GS: Nos hallamos en una transformación radical. Veamos, si nos referimos al libro literario, ese que nos sirve como goce o entretenimiento, debemos de considerar que hoy la sociedad nos ofrece infinidad de posibilidades donde entretener el ocio y muchas de ellas con el aliciente de poder compartirse; es decir, que podemos fortalecer durante su práctica amistades o incluso hacer negocios. Mientras que la lectura es un ejercicio solitario donde debemos emplear bastante tiempo, mucho más que para escuchar un disco o asistir a un concierto o a un cine o, incluso, ir a jugar una partida de tenis o de naipes, por poner unos cuantos ejemplos. Puestas las cosas así, nos encontramos con que un lector aficionado (dejemos aparte el lector profesional; por ejemplo, docentes, críticos, escritores…) empleará como media un par de semanas para consumir una novela de unas doscientas o trescientas páginas, que es la extensión habitual, porque compartirá la lectura con sus compromisos familiares y sociales, y además con algunas otras actividades.

El libro, en tanto que material didáctico o como medio para transmitir información, cambiará hacia los soportes más dúctiles y explicativos que hoy nos ofrece el mundo digital; en cuanto a portador de Literatura, por tanto, de Arte, seguirá existiendo”

¿Y qué supone todo esto? Que el lector leerá unos veinticinco o treinta libros al año, aunque si es muy aficionado comprará algunos más a lo largo de ese año. Y hablamos de un lector muy aficionado, que emplea una hora y pico al día para lectura, lo que no es corriente. Por tanto, la lectura, por sus características de ejercicio solitario y extenso en duración tiende a reducirse en tanto esta sociedad siga ofertando nuevas variedades de ocio más adaptadas al asueto ciudadano. Lo que por un lado, afecta y afectará a las grandes editoriales, porque obligará a reducir las tiradas, mientras que, por otro, también reducirá la comunidad de lectores respecto al número de posibles compradores, pero he aquí que se tornará más exigente literariamente, lo que demandará mayor agudeza y especialización por parte de los editores y mayor destreza literaria en los autores.

LO: ¿Crisis del libro o crisis de lectores? ¿Hacia dónde cree que se deberían orientar o reorientar los esfuerzos de las editoriales, grandes e independientes?

GS: Indudablemente, crisis de lectores. Es decir, el ciudadano dispone de mayor variedad de posibilidades donde entretener el ocio; luego, se reducen los compradores de libros respecto a la población general. Ante un fenómeno así, hacia una especialización de las editoriales.

LO: ¿Su opinión sobre el papel versus el digital? Como editor, como lector.

GS: Como editor, es un hecho insoslayable la atención a la edición digital. Por tanto, hay que editar en ese formato por reducido que sea aún su demandante. Mientras que como lector, no me resulta nada atractivo, máxime cuando ya empleo bastante tiempo al día leyendo muchos documentos a través de una pantalla de ordenador. En cuanto a la edición en papel para mí, tanto como editor como lector, sigue siendo insuperable; me crié con ella, y el libro de papel es un objeto muy depurado a través de los siglos y casi perfecto. Ahora, supongo que habrá que sustituir el papel por otro material que no requiera de la tala de árboles; pero solo lo supongo. En cuanto al formato, ya digo, es un objeto  perfectamente adaptado a la anatomía humana, luego, no creo que desaparezca al menos con el soporte de la lectura lúdica.

LO: ¿Qué conclusión editorial hace desde Drácena del año que estamos a punto de cerrar? ¿Sus títulos favoritos de 2019? ¿Qué destacaría de cada uno?

GS: Tenemos un balance bueno dentro de la modestia. Todos los títulos son favoritos, con un matiz respecto a años anteriores: en 2019 hemos editado nuevos autores, lo que nos resulta una novedad.

Es debido a que nos han llegado originales de notable calidad, cosa anteriormente no nos sucedía. Por ejemplo, comenzamos el ejercicio editando El camino de El Dorado, de Arturo Úslar Pietri, en nuestra línea de rescatar autores de calidad olvidados en la actualidad.

Luego proseguimos con la sorpresa de publicar la última novela de German Sánchez Espeso, Si volvemos a vernos, llámame Gwen, con la que volvía, tras un buen puñado de años, a ofrecer un título de narrativa a los lectores. Es una novela muy en consonancia con el mundo desquiciado que vivimos; fracamente, muy atractiva que he llegado a comparar con el cine de David Lynch en lo desconcertante.

Nuestros siguientes títulos, La Moneda, 11 de septiembre, de Francisco Aguilera y Tanto para esto, de Mercedes Gutiérrez, son una novedad absoluta, tanto por sus autores como por los originales que nos llegaron sin solicitarlos. Y ambos no pueden ser más opuestos; mientras que Aguilera trata de hacer una reconstrucción de la mañana del golpe de Estado de Chile desde distintas ópticas, Gutiérrez ofrece tres cuentos sobre los fracasos íntimos que encierran los éxitos profesionales, algo demasiado frecuente en la actualidad. Mientras el primero es un texto que frisa el reportaje, el de Mercedes Gutiérrez es un texto íntimo con unos indudables regustos bergmanianos. En fin, propuestas nuevas y bien distintas.

FELIZ AÑO LITERARIO

LO: ¿El libro que mejor les ha funcionado en Drácena este año 2019? ¿Cuál fue la razón de su éxito? ¿ Y qué nos puede adelantar del catálogo de 2020? 

GS: La Moneda, 11 de septiembre. Y su modesta aceptación, porque nosotros todavía no podemos hablar de éxito como se entiende habitualmente, se debe a la oportunidad de su aparición cuando ya no se encontraban títulos en el mercado que tratasen sobre golpes de Estado en Hispanoamérica o cualquier otra parte. Esto llamó la atención de algún suplemento literario y el título, una vez reseñado en los grandes medios, comenzó a funcionar. Ahora estamos pendientes de dos magníficas novelas peruanas como las ofertas más atractivas y los otros títulos están cociéndose ya, y hay de todo, incluso autores noveles.

LO: Un deseo como editor, otro como escritor, y el último, como lector, para 2020. ¡O dos deseos si son pequeños!

GS: Como editor, no tengo dudas: que los medios nos prestasen mayor atención. Como escritor, satisfacer a cuantos más lectores, mejor; y como lector, abordar esas lecturas que voy postergando en un rincón del despacho.


LO

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