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En este tiempo de encierros, voluntarios e involuntarios, la ansiedad nos lleva hasta El Horla, clásico de la literatura fantástica francesa que se recrea en el horror ante lo inexplicable, llevándonos a pensar que no hay mayor cárcel que las cuatro paredes mentales en las que nos autoconfinamos tantas veces a nosotros mismos. Por estas razones, y porque estamos en Halloween, desde tierra gala, Héctor Luesma recomienda acompañarse en la ficción de este autóctono que firma la obra maestra, Guy de Maupassant.

Héctor Luesma. Corresponsal en París de Literocio.


El miedo, ese mecanismo de defensa irracional del ser humano que se produce en respuesta a factores externos que no sabemos cómo explicar. Espíritus, espectros, almas en pena son algunos de esos elementos paranormales que nos provocan esa sensación de pavor que somos incapaces de controlar. Pero, ¿y si esos hechos inexplicables viniesen de dentro, de nuestro fuego interior, alimentados por el frenesí de la locura?

Esta reflexión me vino a la mente después de leer El Horla de Guy de Maupassant, un verdadero clásico de la literatura del terror. Publicado originalmente a finales del año 1882, en el periódico Le Gaulois, se trata de un relato breve, intenso, escrito en forma de diario, donde no aparecen ni zombis, ni asesinos sangrientos, ni maldiciones legendarias. Solo un hombre encerrado en el interior de su casa, de su habitación, de sí mismo.

El narrador de esta historia es un noble que vive en una gran mansión junto a sus sirvientes. Por la noche, encerrado en su habitación, comienza a sentir la presencia de un ente extraño, una presencia que siente que le está arrebatando la vida.

El lector sigue a tiempo real la vida del personaje, realizando junto a él esa bajada a los infiernos, compartiendo con él esa angustia ante lo desconocido y acompañándolo en su espiral de demencia y locura. O no, quizá ese ente maligno es real, y de lo que verdaderamente el lector participa junto con el angustiado protagonista es de la búsqueda de una respuesta a lo inexplicable. Lo más enfermizo de todo es que la duda, nos tememos, persiste más allá de las páginas de esta historia.


LO

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