EL ANIMAL SANTO Y SAGRADO

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“Prendido de los ritmos y las músicas astrales, el hombre de Pitágoras y Bruno no tiene para su vida más espacio que el que traman los ritmos y la música”, nos anuncia Ignacio Gómez de Liaño desde estas páginas de Mundo, Magia, Memoria, invitándonos hoy a su lectura para que brote la Magia antes de que finalice mayo, el mes que fue arrestado su enigmático autor en el siglo XVI.

Frank G. Rubio


El Destino atrajo la perdición de Giordano Bruno (1548-1600) de manera sinuosa, que es como acostumbra a tramitar sus tramas cuando se refiere a los grandes hombres, durante la Feria del Libro de Fráncfort de 1591; allí le llegaron al Maestro las sugerencias de un patricio veneciano que deseaba instruirse en el Arte de la Memoria, también la posibilidad de ocupar una cátedra en la Universidad de Padua. Marchó primero a Padua y luego a Venecia. Curiosamente, esta cátedra la ocuparía un año después, con él ya en prisión, Galileo (1564-1642) con quien compartiría también juez inquisitorial: el cardenal y jesuita Roberto Belarmino (1542-1621). La seducción que los acontecimientos y sus expectativas ejercen sobre todos los hijos de Eva le impulsaron abandonar sus precauciones y entrar de nuevo en Italia.

El 22 de mayo de 1592 Bruno será detenido de modo aviso y nocturno en Venecia, tras la denuncia de Giovanni Mocenigo (1558-1623); no confundir con el Dux del mismo nombre,  fallecido en 1485. El denunciante acusó al Nolano de herejías y blasfemias varias; entre otras, creer en la “pluralidad de mundos”. El Maestro había quedado descontento con su potencial discípulo y decidió abandonar la ciudad, se dice que por negarse a mostrarle el modo de dominar las mentes de sus semejantes. Con posterioridad, Mocenigo sería también acusado por la Inquisición veneciana pero salió indemne

Inmerso hoy en el cuerpo de una obra ingente, Giordano Bruno, auténtico grafómano, no alcanzó a disfrutar de una larga vida. En Mundo, Magia, Memoria, el inspirado antólogo ha puesto su atención en aquellos aspectos identificados con el idioma de la Imaginación.

Tres categorías (nocturna Trivia) que dan título al libro y mediante las cuales, por la vía de los comentarios preliminares, podremos acceder a una pertinente selección de textos que nos mostrarán con la perspectiva del halcón el pensamiento de este dominico al que muchos, él mismo entre otros, consideraron un mago. Pocos autores más contemporáneos que Bruno, enfilando ya la tercera década del siglo XXI, precisamente por este aspecto. Y quizá para nuestra desgracia por aquello de la proyección de la “mente humana” en “la mente universal”: no hay forma que no sea producida por el alma.

No es el mártir de una ciencia en germen, menos aún del mecanicismo que da sus primeros pasos con Francis Bacon (1561-1626), como han falseado los que le han mitificado con fines más oscuros de lo que pudiéramos suponer. Bruno, como El Bosco, es un superviviente especialmente bien dotado para el manejo de saberes primigenios y arcanos, un mensajero de la Otra Parte.

ORDENADA ESPECULACIÓN DEL MUNDO

Un sensato y afortunado perceptor, aún con su desmesura en la búsqueda del Gran Talismán universal y del “lugar de lugares”, de un universo abigarrado y plural articulado en torno a la fuerza inmarcesible de la Vida. Aquello que los antiguos egipcios representaban como el Ka. Su reivindicación de la noción de infinito y de la pluralidad de mundos, esta última influida sin duda por Lucrecio (99 a.C.-55 a.C.), le alejan de las ortodoxias de su tiempo proclives al uso y abuso ventrílocuo de los pensadores del pasado. El universo es el vestigio de Dios.

Émile Bréhier (1876-1952) en su Historia de la Filosofía (Sudamericana, 1944) señala cómo Bruno espera de su sistema, como Ficino (1433-1499) del platonismo, la verdadera unidad religiosa que se oponga a la de los reformadores: esos espíritus misántropos que siembran la discordias por todas partes, a la del catolicismo: fanático, pesimista y enemigo de la naturaleza, y a la del judaísmo, con su dios celoso y sanguinario. Refiere esta unidad a la “religión egipcia”, es decir, al platonismo religioso de Hermes Trismegisto. Esta religión es una gnosis: el conocimiento que el hombre tiene de Dios está más próximo a él que él mismo pueda estarlo.

Una excelente edición, realizada con la profesionalidad que nos tiene acostumbrados los Libros del Innombrable, dotada de un aparato de notas sobresaliente, una bibliografía y una cronología fruto de la erudición y sabiduría de Ignacio Gómez de Liaño

Bruno planteó, en su búsqueda deliberada de la restauración de la religión egipcia como el la entendía, una religión del mundo y de la mente a la que dotó de una filosofía práctica: la Magia. En ella desempeñaban un papel relevante no sólo el condicionamiento de la voluntad y las imágenes mentales sino la idea misma de que el Universo era un ser viviente. El animal santo, sagrado, venerable… Magia de corte neoplatónico, reactivada por la Academia Florentina, que buscaba la autoposesión del individuo e incluso su autodeificación a través de un uso sistemático y refinado de las imágenes. Obrar existe como memoria… y reencontrar convierte en arabescos las fuerzas ocultas.

La noción de una materia prima nada pasiva, alejada pues de las concepciones aristotélicas, será la clave de bóveda no sólo de su sistema de comprensión sino de sus postulados de intervención sobre lo real. El “arte de la memoria”, y la construcción de una mente artificial, requerirán no sólo la simpatía universal sino también un espejo viviente en el que hacer reposar, si se me permite la barbarie de la expresión, la ordenada especulación del mundo. Ojo-ventana-espejo.

No hay un solo mundo, una Tierra única, un solo sol, sino que hay tantos mundos cuantas son las lámparas luminosas que vemos en torno nuestro. Y, sin embargo, a la identificación de los demonios, que, como señala Liaño, no son otra cosa que dimensiones ocultas y agazapadas del mundo, y al trazado de vínculos les corresponde la denominación de Magia

“Así la visión de ciertos gestos, afectos o movimientos nos impulsa a llorar; para algunos el espectáculo del derramamiento de sangre ajena o la incisión de un cadáver les provoca desvanecimiento”, la causa de esto no es ninguna otra más que la afección que vincula por medio de los ojos. Aún no se sabía nada, afortunadamente, de la televisión… Gómez de Liaño naturalmente se apercibe de ello en su brillante y breve texto Epieulogía: “Por eso se me ocurre que con la televisión y el cine culmina y muere la civilización del ojo”. No habrá lengua de poeta alguno pues que pueda dar cuenta del Fuego futuro, cuando descienda hasta nosotros desde un inclemente pretérito.

La reforma de la mente, postulada por Bruno de manera minuciosa en sus escritos, apunta a la conversión del hombre en un lugar. Un lugar sin inquilino para mejor hacer copular al mundo… ese mundo en el que amenaza siempre insinuarse lo quimérico. Las imágenes de las cosas para Bruno son “las diversiones de la infinita unidad distraída”. ¿El Uno inefable de Plotino (205-270), infigurado y supremo? Como señala Ignacio Gómez de Liaño: prendido de los ritmos y las músicas astrales, el hombre de Pitágoras y Bruno, no tiene para su vida más espacio que el que traman los ritmos y la música. Veinticuatro años separan la primera edición (1973) de esta selección de textos del filósofo italiano nacido en Nola, cuya muerte en la hoguera en la Ciudad Eterna (1600) podríamos decir acompaña o resuena con el nacimiento del muy significativo siglo XVII, de la segunda que comenta el traductor y a la vez autor, prologuista, anotador y comentador de la recopilación, en el primer texto que nos encontrarnos: el prologo a la edición de 1997.

EL GRAN REINICIO

Veinticuatro años también más, a contar desde esta fecha, tras los cuales sale a la luz esta excelente edición, realizada con la profesionalidad que nos tiene acostumbrados los Libros del Innombrable, dotada de un aparato de notas sobresaliente, una bibliografía y una cronología fruto de la erudición y sabiduría de Ignacio Gómez de Liaño. Especialmente grato y difícil el texto titulado: Distracciones y especulaciones nolanas. Tendremos relación directa con materiales procedentes de: Sobre la causa, principio y unidad; Sobre el infinito universo y los mundos; Expulsión de la bestia triunfante y Sobre la magia, la composición de imágenes, signos e ideas para todos los géneros de invenciones, disposiciones y memoria.

La materia Intelecto cara a Bruno, se puede hacer todo de ella, conlleva el peligro de una hipertrofia del psiquismo… la posibilidad de que la psicología “fagocite” a la Cosmología. Nos encontraríamos entonces-ya en el horizonte nigromántico de Videopolis.

Las redes de itinerarios transconscientes derivarían “máquina de coser en una mesa de disección” y seríamos arrastrados por el Gran Desvarío de las Postrimerías, que se representa ya ante nosotros, donde descarnadas criaturas, ¿por qué no llamarlas “demonios”?, procedentes de las prácticas más rechazables de la “goetia”, se hacen cargo de los destinos humanos… camufladas tras denominaciones tan espurias como pueda serlo la de “Inteligencias Artificiales” o eso a lo que se refieren, y ahora es de repelente actualidad, como “genes”. La odiosa y telúrica genética a la que se refería Cioran

Del Magnum Miraculum al Magnum Spectaculum donde la convertibilidad universal, en la que reposa siempre activa la sabiduría de Hermes, derivaría quimérica cristalización, caricatura abyecta de la demiurgia y “ragnarok” obligado: Esta casa en llamas… No hay un solo mundo, una Tierra única, un solo sol, sino que hay tantos mundos cuantas son las lámparas luminosas que vemos en torno nuestro. Y, sin embargo, a la identificación de los demonios, que, como señala Liaño, no son otra cosa que dimensiones ocultas y agazapadas del mundo, y al trazado de vínculos les corresponde la denominación de Magia. Disfraces inconclusos de un tiempo anticipado. Y hete aquí el compromiso del mago modulando el gran reinicio (nada que ver con caricaturas de actualidad): la conversión de todo nuestro ser en un espejo.

Inner Mind, Outer Limits.


LO

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