CULTURA CIENTÍFICA PARA SOBREVIVIR

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Capitán Swing recupera Cazadores de microbios de Paul de Kruif, todo un clásico de la literatura científica desde su publicación en el año 1926. Se trata de una obra apasionante sobre los microbios, las bacterias y cómo la enfermedad afecta a nuestra vida cotidiana y a la prosperidad de nuestras sociedades, cuya lectura se ha revalorizado  con los años y nos parece especialmente inspiradora en el marco de la actual crisis sociosanitaria. 

Víctor Pascual


Los libros de divulgación científica no suelen tener una larga vida, los descubrimientos y las teorías se actualizan. Lo que en su momento era la última novedad termina siendo algo que o bien todo el mundo ya sabe o algo que no llegó a ningún lado. Los libros que se mantienen en el tiempo suelen ser aquellos que se centran en la Historia de la Ciencia (mayúsculas bien escogidas), o cuya narrativa es espectacular y embauca al lector en un mundo nuevo lleno de acción, pasión y aventuras. Éste último es el caso de Cazadores de microbios. Han pasado casi 100 años desde que Paul de Kruif escribiese este maravilloso libro que ahora llega a nuestras manos traducido por Emilio Ayllón Rull, con introducción del Dr. Francisco González-Crussí. Aplicó para ello una serie de licencias narrativas que actualmente no aceptaríamos.

Conversaciones y situaciones en las que no sabes si se las imaginó, las leyó en alguna crónica o directamente alguno de sus protagonistas se las comentó. Actualmente esto es un sacrilegio, ¡ni una sola referencia! Pero, claro, era 1926 y el contexto era otro. Y perdonamos al autor porque parece que estás leyendo un libro de aventuras, devoras la historia y temes por los protagonistas.

Soy uno de esos maltratadores de libros, doblo y subrayo páginas a pulso, sin cuidado hago marcas y escribo en los laterales. Y cuando lo hago es porque hay algo interesante a señalar, algo que mi olvidadiza cabeza dejará de recordar y necesitaré leer una y otra vez. Este libro de 380 páginas tiene marcadas 50, y creo que es un récord en mi biblioteca.

Estas páginas acogen un impresionante desfile de protagonistas: Leeuwenhoek, un conserje de la ciudad de Delft que hacía los mejores microscopios de su tiempo y que encandiló a la Royal Society; Spallanzani, quien empezó a derribar la teoría de la generación espontánea; Pasteur, cuya vida y obra se lleva un buen espacio en este libro; Koch, con sus investigaciones sobre la tuberculosis; Roux y Chamberland, dos investigadores que desarrollaron gran parte de su carrera junto a Pasteur; Theobald Smith, quien descubrió que la fiebre de Texas que asolaba a las vacas en este territorio era transmitida por las crías de las garrapatas; David Bruce que investigó la transmisión de enfermedad por las moscas tsé-tsé; Carlos Finlay, quien propuso el mosquito como vector y Walter Reed, y sus experimentos poco éticos con la fiebre amarilla, que lo confirmaron; hasta Paul Ehrlich y su preparado 606 con el que tratar la sífilis.

FIEBRE, COBAYAS HUMANAS Y PREDICCIONES

Uno de los capítulos más interesantes es el de la fiebre amarilla ya que dice mucho del autor y del contexto histórico, dentro de la Guerra de la Independencia cubana. Esta enfermedad no la contraen los animales, así que no se puede experimentar con ellos, sólo se puede experimentar con humanos. Algunos sujetos con nombre pero sin apellido. Valientes soldados americanos unos y analfabetos españoles otros que arriesgaron su vida por su patria unos y por unos cientos de dólares otros.

En el libro se hacen algunas predicciones que no se han cumplido, como la desaparición de la fiebre amarilla que en la actualidad causa en poblaciones no vacunadas 200.000 enfermos y 30.000 muertos cada año.

Cazadores de microbios termina con el dioxidiamidoarsenobenzol, el preparado 606, que, a la mínima, se convertía en un veneno o explotaba. No se menciona la penicilina porque se descubrió 2 años después de la publicación del libro. Aviso a los lectores, los antibióticos como la penicilina fueron nuestra gran arma contra las enfermedades bacterianas, que se quedó pequeña por el mal uso de la misma. Nuevos antibióticos aparecieron y corrieron la misma suerte. Por eso, cuando van al médico por un catarro o una gripe, enfermedades casi desaparecidas este 2021 con el uso sistemático de mascarillas, no les recetan antibióticos porque no sirven para esas enfermedades cuyo origen es vírico. La cultura científica es cultura y es imprescindible para sobrevivir como especie.


LO

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