CINCO AÑOS SIN BOWIE (Y SIN MAJOR TOM)

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La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Hasta aquí mi clase de termodinámica de hoy, ¡brillante! Físicos y químicos del mundo, permitidme la licencia. El 10 de enero de 2016 la energía de David Bowie dijo adiós, y se transformó. ¿En qué? Aquí es donde entra mi imaginación y mi deseo.

Ángel Muñoz. Foto interior: vídeo musical “Blackstar”, fuente: Youtube.


 

Desde hace mucho quiero pensar que, cuando yo también me vaya y me incineren, -familia, tomad nota-, mis cenizas navegarán por algún río hasta llegar al mar, si Medioambiente lo permite. Que algunas se dejarán caer por alguna calle de las muchas en las que he vivido, los lugares significativos de mi vida. Que los gases producidos de la combustión de mi cuerpo viajarán por el espacio y ojalá algún pedazo de consciencia superviviente me deje admirar todo lo que me encuentre rumbo a las estrellas.

Conociendo un poco a David Bowie, que fue incinerado y cuyas cenizas se esparcieron durante una ceremonia budista en Bali (Indonesia), seguro que en sus sueños de astronauta también pensó en la posibilidad de que su muerte pudiera ser la transformación de su energía en algo que, tal vez, le permitiera viajar por el espacio de la mano del perdido astronauta Major Tom. ¡Que mala es la soledad!

En este 2021, se cumplen cinco años de la silente, a la vez que estruendosa, muerte del músico británico. Silenciosa porque, a pesar de que él ya sabía de su enfermedad (cáncer de hígado) desde un año y medio antes y conocía su final de antemano, no lo anunció, quiso morir trabajando en sus últimos regalos musicales sin distracciones, penas, ni caras largas a su alrededor, viviendo a su manera, en su mundo, en su música: “Me niego a ser considerado mediocre. Si alguna vez llego a serlo, me retiro” (declaraciones de 1971, recogidas en Bowie. Vida y Discografía de Paolo Hewitt, Blume).

Y estruendosa muerte, porque no podía ser de otra manera. Al igual que el icónico rayo que se pintó en la cara para la portada de Aladdin Sane (1973), se marchó, luminoso pero en silencio, un destello representado por “Blackstar”, disco que se lanzó sólo dos días antes de su fallecimiento, coincidiendo con su 69º cumpleaños.

A lo largo de los años el comandante Tom y su odisea espacial han estado presentes en numerosas películas, series, publicidades, videojuegos y, por supuesto, momentos de nuestras vidas. Incluso la Ciencia ha usado las canciones de Bowie para ilustrar sus hitos 

Al rayo siempre le sigue el trueno, que fue la conmoción del mundo al enterarse de la inesperada muerte del mimo, del astronauta, del actor, del músico. El eco retumbó durante días como la tormenta que brama en el éter sin que ya apreciemos luces.

Ese trueno resonó en los altavoces de todas las radios y televisiones del mundo, en los corazones de sus legiones de fans y de los que, sin serlo, agradecíamos los muchos momentos, buenos o malos de nuestras vidas, en los que su música o sus actuaciones nos acompañaron.

Las palabras y la temática referentes al espacio son comunes en la obra de David Bowie, especialmente al comienzo de su carrera. Letras, títulos de canciones o discos.

Su curiosa mirada podía parar en el cielo estrellado, pero su mente volaba a los confines del universo en: “Space Oddity” (1969), “Life on Mars?” (1971), “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and the spiders from Mars” (1972), “Starman” (1972), “Across the Universe” (1975, versionando a The Beatles), “Ashes to Ashes” (1980, donde vuelve a hablar del comandante Tom) y “Hallo Spaceboy” (1995, sin nombrar al comandante, en esta canción también le tiene presente). También al final: “I Took a Trip on a Gemini Spaceship” (2002), “The Stars (Are Out Tonight)” (2013) y su último disco, “Blackstar” (2016), con una estrella en la portada cuya autoría se atribuye a la NASA en el folleto que acompaña al álbum.

Un cierre de obra que parece acercarle por última vez a los astros universales y a su solitario amigo, el comandante Tom. Se dice que el astronauta que aparece muerto en el tétrico y perturbador vídeo de “Blackstar” es el mismísimo Major Tom de “Space Oddity”, el propio director del vídeo, Johan Renck, cree al cien por cien que es él. De ser así, ¿Bowie se habría unido a él en su muerte para viajar por el espacio para siempre?  ¿O acaso Bowie es Tom (otro alter ego, como antes lo fueron Ziggy Stardust, Aladdin Sane, The Thin White Duke o, en su último disco, el siniestro The Blind Prophet)?.

CONTROL DE TIERRA A MAJOR TOM

¿A qué niño no le ha influido en sus juegos alguna serie de televisión? Todos tenemos en la memoria escenas grabadas de aquellas que vimos hace tantos años y que, de una u otra manera, nos han marcado para siempre. A Bowie, una en especial. Corría el verano de 1953, la veía escondido tras el sofá, para que sus padres no le descubrieran: se llamaba The Quatermass Experiment (1953). Era la primera serie de ciencia ficción escrita para adultos en el Reino Unido, difundida en seis capítulos de corta duración, donde se contaba la historia del primer vuelo británico tripulado al espacio, que regresaba con un inesperado pasajero, un alienígena que pretendía destruir la Tierra.

Esta ficción que gustaba a Bowie de niño inspiraría a Stanley Kubrick en su película 2001: Una odisea del espacio, y ésta, a su vez, después tendría una importancia vital en los primeros pasos de la carrera del músico que fue a verla en noviembre de 1968. El largometraje le influyó hasta el punto de crear su genial canción “Space Oddity”, cuyo título era ya una referencia explícita a la película, y que tendría compuesta sólo unas semanas después, en diciembre de ese mismo año.

He aquí que el destino, el universo, o tal vez el comandante Tom -¿quién sabe?-, dispuso, en el camino de Bowie, los elementos esenciales para que aquella canción contara con una de las campañas de marketing mejor pensadas y planteadas de la Historia. En 1969, la NASA anunciaba que para mediados de julio tendría lugar la llegada del hombre a la luna. Bowie, que había grabado una maqueta previa de la canción en febrero, cambió de discográfica, ésta había olido el éxito qué podría suponer el anuncio de la NASA combinado con la canción y volvieron a grabar el tema para el que sería su segundo disco. Como anécdota, el mismísimo George Martin (productor de todos los álbumes de The Beatles excepto “Let it be“, no en vano se le llama “el Quinto Beatle“), rechazó producirla. El 20 de junio de 1969 se grababa y el 11 de julio se lanzaba al mercado. Nueve días después, el 20 de julio, el hombre pisaba la luna: “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Estados Unidos ganaba la carrera espacial y David Bowie ganaba una carrera de éxito.

Una vez que la misión del Apolo 11 regresó con su tripulación sana y salva, la BBC usó la canción de Bowie como colchón musical para ilustrar las imágenes de tan histórico momento. No se usó antes por la posibilidad de que la aventura saliera mal y la canción quedara asociada a un fracaso. La campaña fue tan perfecta que Bowie consiguió su primer Top 5 en las listas británicas el 26 de octubre de 1969. No tuvo la misma suerte en las listas americanas, aunque el tiempo la puso en el lugar que siempre mereció: el nº1 en el Reino Unido, en una reedición seis años después.

“Space Oddity” ha quedado ligada para siempre al espacio. Lógico, es el escenario de la letra. Sin embargo, ¿cuántos cientos de canciones hablan de ello y no se asocian continuamente a este tema? Fueron el momento y el lugar indicados y, por supuesto, también fue, es y será una gran canción.

A lo largo de los años el comandante Tom y su odisea espacial han estado presentes en numerosas películas, series, campañas publicitarias, videojuegos y, por supuesto, momentos de nuestras vidas. Pero también la Ciencia ha usado las canciones de Bowie para muchos de sus hitos. En 2013, un astronauta real, además comandante, el canadiense Chris Hadfield realizó desde la Estación Espacial Internacional, una versión de “Space Oddity”, logrando así que éste fuera el primer vídeo musical grabado en el espacio.

Antes, en 2018, la compañía aeroespacial SpaceX (fundada por Elon Musk, el CEO de la marca de coches Tesla) lanzaba por primera vez el Falcon Heavy, un cohete reutilizable al que se le incluyó como carga útil un Tesla Roadster, un coche propiedad de Elon Musk. A bordo del mismo, “conduciendo”, un maniquí con traje de astronauta al que llamaron “Starman”, y, en cada oído, una canción: “Space Oddity” por uno y “Life on Mars?” por otro. Si la batería aún funciona en el día en el que escribo este artículo, la primera habrá sonado alrededor de 280.000 veces y la segunda unas 377.000 redondeando, por la diferencia de duración de ambas: “Space Oddity” 5:15 minutos y “Life on Mars” 3:48 minutos.

El coche, su astronauta y las canciones orbitan a unos 177 millones de kilómetros del sol, moviéndose hacia la estrella a una velocidad casi de 25.000 km/h. Como curiosidad, la página whereisroadster.com actualiza sus coordenadas en tiempo real para saber dónde se encuentra el automóvil,  velocidad y las veces que suenan las canciones.

DESCIFRANDO A TOM

David Bowie, como buen músico y actor, deja muchas incógnitas abiertas, dejando a criterio de sus oyentes la interpretación que les parezca sobre sus letras. Esta exposición final es sólo una teoría más sobre él y su relación con Tom.

Bowie ha visitado al comandante Tom en todas las décadas a través de varias canciones. Podemos llegar a pensar que hay momentos en los que el artista le usa para luchar contra sus propios demonios o adicciones. Coincidiendo con sus problemas con las drogas, dijo de Tom en “Ashes to Ashes” (1980): “Sabemos que el comandante Tom es un drogadicto”.

En “Hallo Spaceboy” (1995), se preocupa por Tom, pero le lanza un reproche, el de sentir que vive encadenado a él, el de querer liberarse: “Has sido liberado pero llamas por custodia y yo quiero ser libre, ¿tú no quieres ser libre…?”. Justo después le pregunta: “¿Te gustan las chicas o los chicos?” Es sabido que la sexualidad de Bowie siempre fue otro tema polémico en su propia vida. No deja de ser igualmente curioso, en el vídeo de “Slow Burn” (2002), que la fugaz visita de un desconocido astronauta coincida con la frase: “Y aquí estamos nosotros, en el centro de todo”. También desconocido es, por cierto, el astronauta que aparece en el último vídeo “Blackstar” (2016) donde aparece un esqueleto, dentro de un traje espacial, cuya calavera está cubierta de piedras preciosas, la cabeza pasa a ser objeto de una escalofriante ceremonia y el esqueleto, despojado al fin de las vestiduras, es lanzado al espacio, dirigiéndose hacia un eclipse solar. Asimismo, esta canción deja muy abierta la posibilidad de la unión con Tom: “Algo pasó en el día que él murió. El espíritu sobresalió a un metro y se hizo a un lado. Alguien más tomó su lugar y bravamente lloró…”. Entonces, Bowie parece renegar de todo lo que le hizo famoso en el mundo: “No soy una estrella de cine, no soy una estrella del pop, soy una estrella negra…” . Los versos de “Blackstar” parecen tan reveladores e intrigantes a la vez. Y, al final, recupera la frase “En el centro de todo…” que había empleado para la aparición del astronauta en el vídeo “Slow Burn”. ¿Coincidencia? Quiero pensar que no.

Tom siempre ha estado presente en la vida de David Bowie. ¡Cómo no iba a estar en su final! No sería justo, no tendría lógica. Ambos están ligados desde el principio. Es más, en el vídeo original de 1969, correspondiente a la primera maqueta que grabó de su canción “Space Oddity”, quien está dentro del traje es él, después el comandante se convierte en un misterio, una aparición, una molestia, un problema, un espejo… ¿un alter ego?

Bowie conocía su fatal destino. La muerte, como a todos, le despojó de su cuerpo y liberó su energía. El comandante fue liberado de su traje y,  ahora, el astronauta y el cantante viajan por el espacio como lo que probablemente siempre fueron, uno solo. Mientras, mi imaginación se queda tranquila, aferrada a un pensamiento, a un deseo… explorar el universo eternamente contigo.


LO

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