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Hace un par de meses se editó por primera vez en España Un retrato en la geografía de Úslar Pietri, presentada como “una novela sobre las ansias de poder durante el cambio de un régimen”. No queda ahí la iniciativa de temporada de Drácena sino que ahora, un paso más allá, completa este relato, y así su semblanza del autor en el catálogo, con la publicación de Estación de máscaras. En el marco de un proyecto que no llegó a ser trilogía, queda configurado así este mes de julio un interesante tapiz literario “sobre la convulsión social que supuso la explotación del petróleo para Venezuela”.

Alberto Ávila Salazar. Foto portada: archivo (El Nacional).


 

Arturo Úslar Pietri (Caracas, 1906-2001) tal vez tuvo la desgracia de desarrollar su carrera en Latinoamérica y en el siglo XX, un espacio y una época donde proliferaron escritores de talento explosivo que posiblemente le relegaron. En nuestras latitudes pareciera en algún momento ser tan sólo el autor de Las lanzas coloradas, una estupenda obra histórica en torno a Simón Bolívar, de ella dijo Vargas Llosa que abrió las puertas para que la novela latinoamericana fuera reconocida en todo el mundo.

Pero Úslar Pietri no es autor de una sola novela, ni mucho menos, y la editorial Drácena se está encargando de demostrarlo. Escritor de marcado tono político, en el binomio formado por Un retrato en la geografía y Estación de máscaras, radiografía la sociedad venezolana en un período convulso, durante el final de la dictadura Juan Vicente Gómez y con el auge de las primeras explotaciones petrolíferas en el país en los años 30.

Álvaro Collado vendría a ser el alter ego de Úslar Pietri en las dos novelas que forman una trilogía truncada por la tibia recepción de la crítica en su día. La sociedad de su época no supo encajar la afilada crítica del escritor a los yacimientos petrolíferos y a la nueva sociedad que estaba formando.

UN DÍPTICO DIALÉCTICO

Los diálogos que proliferan en ambas novelas reflejan la voluntad dialéctica (que no didáctica) del autor, que emplea a sus personajes para retratar y distorsionar sus propias opiniones. No olvidemos que Úslar Pietri fue en su Venezuela natal tres veces ministro, secretario de presidencia, diputado, senador e incluso candidato a presidente de la República en 1963. Otra de las grandes plumas nacionales, Rómulo Gallegos, asumió ese cargo en 1948. 

Las dos novelas forman un contundente y vigoroso díptico sobre un país al que todas las bendiciones que recibe se convierten en desgracias y nos permite atisbar el talento de uno de los mejores y más olvidados escritores latinoamericanos. Para (re)descubrirle y honrarle en tales términos, recordemos que, de las siete novelas de Pietri, Drácena ya ha publicado, además: El camino de El Dorado, Oficio de difuntos  (con prólogo del escritor y columnista venezolano Moisés Naím), La isla de Róbinson y La visita en el tiempo (con prólogo del historiador e hispanista francés Joseph Pérez). Se trata, en definitiva, de un rescate meritorio de un escritor que, de entre los múltiples reconocimientos que le han sido otorgados, destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que se le concedió en el año 1990.


LO

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