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LLUEVE. Nada extraño en una ciudad en la que el sol solamente brilla 70 días al año. Pero no logro acostumbrarme. La melancolía me invade. Necesito un compañero que me alivie esa sensación de añoranza y me ayude a sumergirme en un mundo que me acerque a lo míos. Voy a mi biblioteca.

Repaso los tomos allí colocados sin ningún orden establecido. De repente siento un pequeño sobresalto. Entre estante y estante no encuentro lo que busco. La melancolía muta en inquietud. ¿Dónde podré encontrar, en esta ciudad extranjera, uno de los últimos lanzamientos editoriales en mi lengua materna? Pienso que no soy el primer expatriado que se topa con esta situación. Me lo tomo como una tarea sencilla, una simple anécdota en mi vida de emigrante. En una ciudad como París no me costará mucho encontrar un ejemplar en una lengua tan universal como el español, hablada por más de 450 millones de personas. Tiro de algunas direcciones de librerías especializadas en español de mi época de estudiante y me lanzo a la calle, paraguas en mano.

«¿Dónde podré encontrar uno de los últimos lanzamientos editoriales en mi lengua materna? Pienso que no soy el primer expatriado que se topa con esta situación y que no debería costarme mucho con una lengua tan universal en esta gran ciudad cultural y lectora pero lo cierto es que París está perdiendo también librerías emblemáticas»

Me dirijo a la calle Santeuil, en el quinto arrondissement parisino, barrio de artistas, de escritores y, sobre todo, de universitarios. Al llegar allí me encuentro con algo que no esperaba: unas vitrinas empapeladas y un cartel de cerrado. ¿La habrán cambiado de sitio? Durante un corto periodo de tiempo, apenas algunos segundos, me quedo inmóvil delante de la puerta. Cualquier transeúnte, si se hubiera fijado, habría visto la decepción en mis ojos. Enfrente de mí, en la puerta de la Universidad, veo a un grupo de chavales fumando. Deben de ser universitarios. Me acerco a ellos. Necesito información. Una de las chicas, Maeva, me pone al día. “Cerraron definitivamente la librería Palpimpseste este verano”, me dice. “Hasta hicieron una campaña de crowdfunding en redes, pero no la pudieron salvar. Es una pena, allí encontrabas de todo”, apunta su compañero. Colgado en la puerta, un cartel testimoniaba este cierre forzoso: “Última librería universitaria independiente”. París también pierde sus librerías más emblemáticas. La melancolía vuelve a invadirme sin poder evitarlo.

No está todo perdido. Intento animarme. En pleno Barrio Latino, uno de los barrios más culturales de la ciudad, no será difícil encontrar una librería donde vendan libros en español. Primera parada: rue des écoles. Nada más entrar en la librería Compagnie, en un lugar privilegiado, veo un libro de Arturo Pérez Reverte, Falcó. El corazón me da un vuelco. ¿Encontré mi librería? Al acercarme veo que es una edición en francés, algo que me llena de orgullo. Pregunto y me indican la estantería de “Literatura Extranjera”. Me acerco y allí están Pérez Reverte, Víctor del Árbol, Almudena Grandes, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza que comparten espacio con Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, Goytisolo o Carlos Fuentes. Pero todos traducidos a la lengua de Molière. Siento gran satisfacción al comprobar que los lectores franceses pueden descubrir y disfrutar tanto de las novedades literarias como de los clásicos contemporáneos de las letras hispanas.

Sigo caminando por las calles parisinas, explorando pequeñas librerías con un encanto especial, impregnadas de olores a papel, café y tinta. Estanterías repletas de libros donde la literatura en español ocupa un espacio algo residual: un puñado de ejemplares de Cervantes, Lope de Vega y Borges. Lo que parecía una tarea sencilla se convierte en una peregrinación ardua y fatigosa, una búsqueda del Santo Grial. La suerte no está siendo mi aliada, pero todavía me falta jugar una última carta: una gran librería en el Bulevar de Saint Michel. A pesar de que no soy demasiado entusiasta de lo que me gusta denominar como “centros comerciales de libros y cosas”, decidí darle una oportunidad. Así que me dirijo hacia ese edificio de escaleras mecánicas, ya fuese por desesperación o simplemente por curiosidad.

Nada más traspasar la puerta, mi castillo de ideas preconcebidas se derrumba. El interior carece del glamour de otras librerías parisinas, pero desprende un halo decadente de bouquinerie. Me dejo arrastrar hacia las escaleras y subo por las diferentes plantas de esta torre de babel donde libros, de todas formas y tamaños, se apiñan en las estanterías. Siento un pálpito. Ahí están. Centenares de libros de las letras hispanas en versión original. Encontré mi santuario: la librería Gibert Joseph.

Satisfecho con mi hallazgo, vuelvo a sumergirme en las calles parisinas. En el camino de regreso, una idea no deja de dar vueltas en mi cabeza. Cómo, en un mundo globalizado, donde creemos que todo está al alcance de nuestras manos, el acceso a la literatura en lengua extranjera resulta algo tan restringido.

Quizá editoriales, distribuidoras y librerías tengan alguna respuesta.

Héctor Luesma- @heztor

Corresponsal en París de @literocio

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Frank G. Rubio y un verano con Archivos Vola

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POR SU PRAGMATISMO Y CALIDAD DE CONTENIDO, LOS LIBROS DE ARCHIVOS VOLA SON LA LECTURA PERFECTA PARA ACOMPAÑAR UN VERANO DE EXPERIENCIAS CULTURALES. La colección está avalada por su director, Frank G. Rubio (Madrid, 1965), especialista en literatura y cine fantástico, autor de poesía y ensayo (Donde yace Visnú, Protocolos para un apocalipsis, El libro de Satán y El continente perdido y El Libro de las mentiras y otros ensayos, La vida en la luz…) y colaborador de diversas publicaciones periódicas (Generación XXI. Más Allá de la Ciencia, Prótesis, Leer…). Actualmente, también dirige Ángulo Muerto y colabora en La Charca Literaria.

MAICA RIVERA: ¿Qué pretende archivar Vola?

FRANK G. RUBIO: Vola surge con la vocación de rescatar para el lector obras concretas, artistas y problemáticas relacionados con las Bellas Artes desde una perspectiva heterodoxa. La tradición de lo nuevo ha reducido todas las otras tradiciones a la trivialidad así como el mecenazgo oficial de rebeldes extremistas, que no ha colapsado con el fin de la Guerra Fría, ha dado origen a un nuevo y patético conformismo.

M.R.: ¿Qué ofrece Archivos Vola que no exista ya en el mercado editorial?

F.G.R: Vola mantiene una posición pluralista, muy alejada de la unanimidad artificiosa con la que los mercados y críticos configuran en la actualidad la idea de lo que es o no arte viable. Vendrá al rescate de visiones desvanecidas y de perspectivas marginales, muchas de ellas vinculadas al mundo de lo esotérico, lo arqueológico y lo raro.

M.R.: El formato es una auténtica tentación libresca: gustoso, apetecible y de bolsillo. De origen, ¿pesaron más las razones prácticas o las estéticas?

F.G.R: Vola ofrece un formato manejable y atractivo con un precio que podemos calificar de irrisorio y, por ello, accesible a todos. Sin obviar profesionalidad en la selección y la edición. Vola ofrece libros hechos para ser leídos y disfrutados.

M.R.: Los monográficos parecen responder sin buscarlo a temáticas de alto interés en el momento de la publicación, teniendo en cuenta que el proceso editorial lleva su tiempo, ¿el editor es visionario o crea la tendencia de pensamiento?

F.G.R: Somos dos editores con dos líneas diferentes pero no excluyentes, más bien complementarias, a la búsqueda de satisfacer las inquietudes de un lector que creemos y queremos universal; pues conforme se disuelven las modas que llegaron incluso a venerar los gestos del anti-arte, cosa que hubiera horrorizado a los artistas que los perpetraron, van reapareciendo viejas inquietudes y modos olvidados de entender y percibir la elasticidad imaginaria de lo real y su transposición al plano de lo estético. El hijo pródigo regresa, como si dijéramos, a casa.

M.R.: Arriesgan en la transversalidad, ¿pagan un alto precio de incertidumbre de mercado por ello?

F.G.R: Hay otras editoriales, pongo como ejemplo a Casimiro, que trabajan sobre un terreno parecido… Hoy día, en el advenimiento de la era espacial, el escándalo no existe y la transgresión es impensable salvo como repetición programada o postureo compartido. Tratamos de superar este impasse… El mercado, la vida, en general, tiene grandes dosis de incertidumbre; el sistema de precios formado en condiciones no coactivas, catalácticamente viable por la existencia de una moneda sana (cosa, obviamente, no realizada al cien por cien en la realidad), ayuda a descubrir y satisfacer necesidades.

M.R.: ¿Qué dificultades encontró en los primeros pasos de confección del catálogo?

F.G.R: Pocas o ninguna, ya al comenzar teníamos en mente varios temas y las personas adecuadas.

M.R.: ¿Sus títulos favoritos? ¿Destacaría alguno por venir?

F.G.R: Todos los libros que van saliendo son, a mi juicio, “apropiados”. Tenemos en perspectiva nuevos sobre Pintores flamencos y Dionisos, Hildegarda de Bingen, José Guadalupe Posada y, si se resuelven algunas problemáticas, Las pinturas de Aleister Crowley. Hay propuestas muy interesantes, que no quiero nombrar aún, pendientes de aprobación. También Artaud

«Archivos Vola ofrece libros hechos para ser leídos y disfrutados. Como alegoría del artista, del mundo y de lo ignoto tras el velo de las apariencias, en una etapa de disolución e impostura máximas, proponemos la itinerancia del circo y la disciplina aérea del trapecio… Vola»

M.R.: ¿Algo que confesar de su aportación particular al catálogo?

F.G.R: Uno de mis propósitos: reconocer la influencia del pensamiento hermético en el Renacimiento artístico, o de la Teosofía en el Arte Abstracto temprano… esto no puede menos que propiciar un reconocimiento más general de lo oculto como parte válida de la experiencia humana, rescatándolo de la posición marginal en la que ha estado exiliado durante los últimos siglos. Y es que la influencia de tradiciones no racionales, moldeadoras del fenómeno estético y la praxis artística, está presente desde los tiempos remotos del Arte Paleolítico. El mundo de los símbolos sólo muy recientemente ha buscado amputarse de corrientes culturales de matiz cósmico o, si se prefiere, metafísico, donde lo esotérico, lo místico y lo oculto estaban vinculados inextricablemente; no sólo con las prácticas religiosas, o la vida política, sino con saberes artesanales y orientaciones de vida asaz cotidianas.

M.R.: Es muy meritorio el carácter divulgativo de la colección, ¿fue uno de los principales objetivos o se dio por añadidura?

F.G.R: Vocación divulgativa sí, en diversos grados según el tema o autor escogidos, pero no didáctica. Buscamos deleitar e interesar, la instrucción corre de cuenta del lector mismo si es que desea practicarla. En las antípodas del adoctrinamiento y las “buenas intenciones”. Para eso ya existen Urgencias y la ESO. Con frecuencia lo más avanzado… puede parecer lo más tradicional (John Russell Taylor).

M.R.: De la pintura a los videojuegos, pasando por el cine. ¿Qué panorámica cultural compone el tapiz de títulos a día de hoy y cuál es su valoración al respecto?

F.G.R: La panorámica abarca todo el ámbito artístico. Hemos publicado diez títulos ya y, aunque en ellos tiene preponderancia la pintura, no hemos olvidado al cine, los videojuegos o la literatura. Habrá en su momento libros sobre cómic, alquimia, petroglifos, e, incluso, sobre música. Como alegoría del artista, del mundo y de lo ignoto tras el velo de las apariencias, en una etapa de disolución e impostura máximas, proponemos la itinerancia del circo y la disciplina aérea del trapecio… Vola.

M.R.: No faltan gatos…

F.G.R: Y maúllan en japonés, además. Ni faltan brujas que son inseparables de los primeros… Como curiosidad, señalar que en el primer titulo de Vola figura, como Prólogo, el último texto de Francisco Calvo Seraller.

M.R.: Pintoras, femmes fatales y lectoras, ¿qué enfoque de lo femenino guía el catálogo?

F.G.R: Sabemos que contamos con numerosas, por no decir mayoría, de lectoras; lo que no significa que vayamos a seleccionar material sesgado en determinadas direcciones… Me niego a utilizar el termino “género”. Somos humanistas, no gente de cuotas, Vola no sigue modas ni imposiciones de ningún tipo. Pero observarás que hay bastantes autoras y pintoras, ocurre de manera natural. Una lectora o un lector inteligentes no lo serán más por querer leer en exclusiva material artístico escrito sólo para hombres, o centrarse de manera neurótica en el cromosoma XX. De esto último hay suficiente, por no decir excesiva, oferta en nuestro país. Mujeres que escriben sobre pintores varones y literatos que escriben sobre pintoras… de todo esto hay en Vola.

«Vola mantiene una posición pluralista, muy alejada de la unanimidad artificiosa con la que los mercados y críticos configuran en la actualidad la idea de lo que es o no arte viable»

M.R.: Archivos Vola es una colección ideal para funcionar en ferias y festivales a la perfección, por su filosofía y sus características más técnicas, ¿qué información se llevan autores y editores de su participación en este tipo de encuentros con el público?

F.G.R: Vola lleva sólo unos meses en el trapecio, bajo el toldo de la carpa del circo cultural, la Feria del Libro de Madrid fue nuestra primera feria. Los autores y los editores pasaron una tarde felices, contactando directamente con los lectores y libreros. Nadie enloqueció ni protagonizó la primera página de sucesos, algo que podría haber acontecido, el mundo es raro.

M.R.: Nos despedimos con un deseo y en el plazo el año que viene nos reencontramos de nuevo en la Feria del Libro de Madrid para comprobar que se ha cumplido… ¿cuál sería?

F.G.R: Lectores contentos (los libros se hacen para ellos) y buenas ventas. Muchas gracias.

Entrevista y Fotos: Maica Rivera @maica_rivera

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La misión de Elisa

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TRAS LA PUESTA DE LARGO EN LA LIBRERÍA BURMA, SE PREPARA LA SIGUIENTE PRESENTACIÓN DE ELISA Y EL ESCARABAJO EN EL MARCO DEL PRÓXIMO SUI GENERIS MADRID.

Así se mueve en sus lugares naturales la primera novela de Marjorie Eljach (Barranquilla, 1971), que es una celebración de la vida, la familia y la amistad, en medio de los horrores de la cotidianidad. Que no se llame a engaños el lector por la portada infantilizada de esta edición de Herejía y Belleza. Elisa y el Escarabajo es una novela adulta, hilarante y desgarradora.

Elisa tiene ocho años. La muerte la acecha pero ella está decidida a dejar un legado. La prosa fresca de la autora en su debut nos recuerda la ingenuidad venenosa de Amélie Nothomb en Metafísica de los tubos (Anagrama), la ironía de la niña que espera entre veneración y odio a Papi (Periférica), en la trepidante novela de la dominicana Rita Indiana o las ansias de describir el mundo y el vacío de los personajes de Virginia Woolf en Las olas (Austral). Elisa es la curiosidad y la angustia que también viven para el lector, la pequeña rosa que se marchita en el relato Restos de carnaval de Clarice Lispector y la también autobiógrafa Paloma, en La elegancia del Erizo (Seix Barral) de Muriel Barbery.

Elisa escribe sus memorias y funda la religión de “los elisitas”. La “fe feliz” que persigue ingenuamente escapar de los “encajes” que han tejido las religiones “formales” para controlar el placer y mantener el statu quo. Una fe fundada en la necesidad básica de amar y ser amado y las imbricadas formas que tiene el ser humano de juntarse, cuyas premisas y motivaciones parten de la realidad que solo percibimos a través de las conciencias humanas que nos rodean. Elisa, la maestra, se presenta libre de traumas y curiosamente -ironía- consciente de ellos. Los mandamientos de “los elisitas” son un reflejo del calado hondo al que han llegado los “encajes” aquellos… como un tatuaje, que se va destatuando con láser, dejando para siempre grabada la huella de una memoria, la de Dios, vaciada a fuerza de escudriñar la sociedad en su expresión más elemental -la doméstica- en comunión maníaca con las memorias que se cuelan del cine, la literatura y la prensa. Elisa es una psicoanalista temprana cuyas preguntas, respuestas einterrogantes incomodan al lector más psicoanalizado.

El lenguaje de Elisa es tan fácil, como profundo y didáctico. Es un río transparente que fluye caudalosamente para tropezar, de vez en cuando, con la introducción efectista de la palabra precisa -sofisticada, si se quiere- en un aprendizaje ilustrado, que hacen juntos, personaje y lector (la autora es un vademécum infinito de fábrica) y que le otorga credibilidad a una niña de ocho años de una pequeña ciudad del Caribe Hispano, que reflexiona sobre temas como la complejidad de la vida, la crueldad de la belleza, la búsqueda del amor, el camino de la enfermedad o la inminencia de la muerte, al mismo tiempo que los descubre, en un entorno tan disparatado y amoroso, como visceral.

Elisa es una psicoanalista temprana cuyas preguntas, respuestas e interrogantes incomodan al lector más psicoanalizado

Gracias a su temprana avidez por controlarlo todo, que coincide y/o es consciente con su llamada “al otro lado”, Elisa ha comprendido y asumido que la única manera de conseguir el control es el conocimiento total de los secretos del universo que, como la gota de mar que contiene el océano, se concentran en su habitación, en su familia, en su barrio. Basta poner el microscopio y anotar las observaciones, combinarlas en silogismos con ritmo y datos, para legar las memorias de una intensa vida de tan solo ocho años.

Elisa parece soberbia cuando cita con familiaridad fanfarrona a Brontë, a Homero y a Flaubert para explicar su familia, su barrio o la Ciudad de las cabezas amarillas. La autora explica con sarcasmo que en su ciudad natal, “hubo una época en la que todas las mujeres querían ser rubias de bote”. Con frases y autores célebres y retratos descarnadamente ingenuos de la gente que la rodea, sienta precedente con elegancia, en palabras de a centavo. Frente a frente, al mismo nivel que el lector, le conecta con las memorias de la niñez, en una maraña de recuerdos y sensaciones, de conversaciones y encuentros que todos hemos sostenido “en otras palabras”, muchos de los cuales no habíamos decodificado hasta ese momento de confrontación, en los que se entrecruzan los días de siembra de: “Eres una princesa”, “Aquí los altos son los hombres y las mujeres nos quedamos bajitas”, “El amor no es bueno”, “Todos los hombres son malos”, “Soy gorda” o “Tengo superpoderes”, con los días de descarga y cortocircuito que se suceden en la edad adulta, alrededor de las memorias de la infancia. Lo que se viene conociendo como traumas, que otros explican como karma.

La novela se fundamenta en el alma curiosa, creativa y amante de los ocho años, la que guardamos intacta todos, la que la protagonista Elisa nos vino a rescatar

El cine de Antonioni, las reflexiones de Aristóteles, Freud, libros como Cumbres borrascosas o Hamlet y superhéroes como Superman, La Mujer Maravilla, Bugs Bunny, el escarabajo Herbie, series como Yo, Claudio o la prensa sensacionalista y los sonados casos de las “Hermanitas Suárez”, el de la mujer que asesinó y enterró a su marido bajo el salón o Rosi, la amiguita de ocho años que huye de casa, son la jurisprudencia sobre la cual Elisa analiza el mundo. Combinada, eso sí, con la sabiduría y complicidad de la abuela Eneida, los TOC de la madre que peca y reza, o las conclusiones sobre las afecciones psiquiátricas que hace su querido Quijote, su hermano Beto, en permanente terapia psicoanalítica.

El legado de Elisa, su religión, se fundamenta en la observación de una científica minuciosa, una hedonista progresista que disfruta los placeres mínimos, lucha por la justicia y celebra a la familia, que a veces parece una hipocondríaca manipuladora y perversa y, otras, es una maestra iniciada que explica el mundo. Pero, sobre todo, se fundamenta en el alma curiosa, creativa y amante de los ocho años, la que guardamos intacta todos, la que Elisa vino a rescatar.

Carolina Ethel

Foto: Maica Rivera @maica_rivera

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La Visualitura de López-Rúa en México

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PROMETIMOS SEGUIR LA PISTA DE VÍCTOR LÓPEZ-RÚA tras su destacada participación en la Feria del Libro de Madrid 2018, cuando firmó en calidad de ilustrador la edición que Luis Alberto de Cuenca realizó de las Sonatas de Valle-Inclán (Reino de Cordelia). Aquella excepcional parada suya en el ámbito editorial nos bastó para consolidarle ya, para siempre, como «uno de los nuestros». Por eso perseguimos sus huellas hasta México donde acaba de inaugurar la muestra Ardiente Aura y descubrimos a su paso un apasionante mapa cultural, libresco y de pensamiento.

Es decir, que ahora cumplimos nuestra promesa. Acudimos a reencontramos con el artista plástico Víctor López-Rúa en el Centro Cultural de España en México, un importante organismo de promoción y cooperación cultural que presenta en este país lo mejor del arte, la cultura, las industrias creativas y la ciencia españolas. Ubicado en el casco histórico de esta inmensa urbe, en una casona del siglo XVII y un edificio nuevo que la amplía, presenta dos entradas, una por la calle Guatemala y otra por la Donceles. Elegimos esta última porque es la más literaria. Aquí se hallan más de dos docenas de librerías de viejo, las mayores del mundo, y, además, fue en esta calle del pleno centro donde el escritor mexicano Carlos Fuentes ambientó su mítica novela corta Aura, una de las obras más emblemáticas de la Historia de la Literatura de este país, de las más vendidas en México y de las más representativas del boom latinoamericano.

Aquí se encuentran más de dos docenas de librerías de viejo y fue en esta calle donde el escritor mexicano Carlos Fuentes ambientó su mítica novela Aura, una de las obras más emblemáticas de la Historia de la Literatura de este país

Como si de una premonición se tratara, subimos hasta la segunda planta del edificio para adentrarnos en esa otra aura que perseguimos, el Ardiente Aura de Víctor López-Rúa, un ambicioso proyecto que trata de defender,  junto al artista mexicano Luis Kerch,  la pintura en el contexto del Arte Contemporáneo, donde, en ciertos círculos especializados, se encuentra relegada y eclipsada por otras expresiones artísticas como la fotografía y la instalación; o, simplemente, condicionada por la limitación de tener que dotarle de un significado social o medioambiental a modo de mensaje político. Esta esforzada reivindicación la realiza el artista a través de un género tradicional que ha vuelto a la primera línea de actualidad en la ultima década. Pero, ¿qué es el aura? El aura es un concepto que intenta definir ese momento de misterio y emoción del espectador con la obra de arte que un entendimiento sectario del arte moderno intenta condenar al total ostracismo y desechar como tabú, algo absolutamente prohibido. Sin embargo, nosotros, ajenos a esa prohibición impuesta de manera dictatorial, al entrar en la sala donde se exponen las obras comenzamos a sentir esa ardiente aura que nos promete  López-Rúa y lo primero que percibimos es esa contemplación de la belleza con todo lo que ello acarrea de emoción y bienestar para nuestros sentidos.

Todas las obras, tanto las de Víctor López-Rúa como las de Luis Kerch, son paisajes. Nos cuenta López-Rúa que el paisaje, realmente, es una creación del hombre, una mirada subjetiva sobre la naturaleza, y que el mensaje que pretende transmitir es el retorno del artista a la naturaleza sin necesidad de recurrir a reflexiones sociales o medioambientales. Y pensamos, ¿por qué desde determinados sectores nos intentan negar el disfrute de la belleza de una paisaje plasmado en una obra de arte? Pero la cosa no se queda ahí. Nos encontramos con que cada cuadro suyo nos propone una historia pero somos nosotros, los propios espectadores y no el artista, quienes la creamos. El artista nos plantea una escena con unos elementos, normalmente desconcertantes, que pueden ser interpretados de múltiples formas, tantas como ojos los contemplen. De esa contemplación surge, en cada espectador, un relato distinto, un aura diferente, son cuadros que hablan como si se trataran del fotograma de una película y es ese el momento en que la pintura se transforma en literatura.

Aquí comprendemos a la perfección la valoración crítica del catedrático de literatura comparada José María Paz Gago, que inscribe la obra de López-Rúa dentro de la Visualitura, término acuñado por él mismo como arte transversal en el que se dan cita «el arte plástico y la narrativa verbal, el relato y la fotografía o el cinema». Por su parte, Luis Alberto de Cuenca nos dice: «Mi mundo es la literatura y fue esa afección por el universo de lo escrito, lo que me acercó a las historias narradas por Víctor López-Rúa en imágenes, puesto que, en la trastienda de todas y cada una de sus obras, hay… una capacidad inusitada de contar, de referir, de relatar…».

El artista coloca ante nosotros una escena con elementos desconcertantes, susceptibles de múltiples interpretaciones, tantas como ojos los contemplen. De esa contemplación surge, en cada espectador, un relato distinto, un aura diferente. Ese es el momento en el que la pintura se transforma en literatura

Iniciado el recorrido y deteniéndonos en cada uno de sus cuadros, nuestra imaginación corre paralela a nuestro desconcierto. La belleza nos conmueve pero hay algo que, tras escasos segundos de contemplación, nos roba la tranquilidad y el sosiego y es ahí donde comienza a gestarse el relato, la historia y esa historia que, no nos cansaremos de repetir, es siempre distinta para cada espectador. Y descubrimos que el aura es ardiente y no fría y que si nuestra alma ya había comenzado a alimentarse, es ahora nuestra imaginación la que se pone en marcha.

Para comprobar y repensar todo esto, tras el pertinente barrido de librerías de lance por el centro histórico, la exposición Ardiente Aura podrá visitarse en el Centro Cultural de España en México hasta el próximo 6 de octubre.

Texto y foto de crónica: Silvia R. Coladas @Sylvietartan

Foto portada: Maica Rivera @maica_rivera

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Poe, el delirante de Baltimore

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EN EL 170 ANIVERSARIO DE SU MUERTE, EDGAR ALLAN POE (1809-1849) ES MÁS QUE UN REDIVIVO en el sector editorial.

Lo constatamos con esta excelente biografía del “hijo de la fortuna”, también en la portada seminal del Sargento Pimienta (1967), editada por El Transbordador, con la profesionalidad que conocemos, en su Gasmask. Roberto García Álvarez, oriundo de Oviedo, ha publicado otra monumental biografía, de Lovecraft en la misma editorial y colección, así como títulos sobre masonería y nazismo. Entre las virtudes de la que nos ocupa no sólo encontramos la ausencia de referencias psicoanalíticas, también el haber prescindido de instancias desmitificadoras excesivas y de la explotación de la leyenda malditista que, sobre nuestro bostoniano accidental, proyectaron inolvidables poetas franceses decimonónicos.

«MI MADRE ENTERA ME ENTRÓ POR LOS OJOS Y SE ME DERRAMARON LAS LÁGRIMAS». EAP

Como el autor de esta reseña no siente afinidad alguna con los neoescépticos, no confundir con la corriente del autor de las Hipotiposis o con Pirrón de Elis, aludiré de manera intempestiva a la carta astrológica de nuestro héroe. Edgar era un capricorniano con ascendente en Escorpio, Luna en Piscis, conjunción del Sol con Mercurio (Casa 3), Marte en Casa 12 y Urano en el Ascendente. Un candidato a finales no muy felices, dotado de capacidades casi mediúmnicas en relación con eso que llamamos “realidad” a la que mejor sería, si fuese posible, otorgar una extensa moratoria referida a su trato. Uno de los Nuestros…

Cuando nació, allá en Boston en enero de 1809, ominosos témpanos de hielo invadieron el puerto. Dos días antes de la muerte de su madre ardió el teatro en el que ésta actuaba y, como consecuencia, hubo numerosas víctimas; el fallecimiento de su hermano mayor fue acompañado de una lluvia de meteoritos… Con razón, este hombre que casi siempre vestía de negro, dijo: «Hay un misterio que planea sobre mi y que no consigo descifrar…».

Viajamos en estas páginas por la orfandad, en su caso doble, con su carga de ausencia de cuidados amorosos durante la infancia; el alcohol, que le acompañó desde su adolescencia cuando ingresó en la Universidad para peor transitar, de modo frustrado, a la prevaricación que la sociedad de su tiempo, no muy distinta de la nuestra, denominaba “vida adulta”…  Llegamos a su relación con el bello sexo que vivió, como muchos, bajo el emblema de los espejismos; y, finalmente, alcanzamos su tarea de artesano de la palabra, a la que dedicó como evocador de horrores y secretos sin nombre sus mejores esfuerzos durante décadas hasta que acabó deparándole emolumentos mínimos y condiciones de trabajo canallescas. El reconocimiento post mortem de su talento fue armónico correlato con el enriquecimiento astronómico de sus editores.

Poe nos legó innovaciones definitivas sobre lo fantástico, lo policial y lo macabro, incluso un vasto poema en prosa sobre cuestiones filosóficas que, como mucho de Nietzsche, no ha encontrado aún lectores apropiados. Llegarán cuando ardan los cielos en el Día Final

Caballero de mentalidad y formación, al que la miseria y la democracia ganaron aparentemente la puesta, jamás fue un bohemio como muchos suponen. Murió antes de la Guerra Civil, enfrentado claramente, no por motivos políticos, al establishment literario de su tiempo, practicando la critica literaria y de teatro con gran dureza y acierto. Se trataba de la Era Dorada del periodismo, un concepto inimaginable para nosotros que vivimos el prolongado crepúsculo de esta criatura de albañal. Poeta genial nos legó en el campo del relato innovaciones definitivas sobre lo fantástico, lo policial y lo macabro; incluyendo un vasto poema en prosa sobre cuestiones filosóficas que como muchos trabajos de Nietzsche no ha encontrado aún lectores apropiados. Llegarán, sin duda, cuando ardan los cielos en el Día Final.

Este libro, prologado por un conocedor riguroso de la literatura fantástica como lo es David Roas, recoge meticulosamente los temas citados y muchos más. Familia(s), ausencia, amores, editores, crisis vitales, pánicos, obras, nostalgias, borracheras, derechos de autor y un método deductivo propio. Sus enemigos han dicho de él que como individuo era la encarnación misma de la mentira y la perfidia

Él fue más bien un alma solitaria y marginada que comprendió demasiado pronto que los muertos nunca lo están del todo, como había aprendido de los esclavos africanos, y acabó experimentando en propia carne la impotencia del espíritu femenino, generalmente en forma de idealizaciones y/o frustración, para aligerar, aunque sea tenuemente, el desencanto del mundo.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

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TerrorVisión con Jesús Palacios

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UNO DE LOS VALORES CADA AÑO MÁS PRECIADOS Y APRECIADOS DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID es poder tener la firma de un autor a la vez que compartir charla con él a pie de caseta, un lujo cuando se trata de personalidades con quienes jamás nos cansaríamos de conversar o, simplemente, escuchar de cerca. En este caso, oírle de propia voz sus teorías literarias entrelazadas con el cine y la cultura popular. Porque el carismático escritor y crítico de cineJesús Palacios (Madrid, 1964), especializado en lo que gusta llamar el Lado Oscuro, es autor de más de una veintena de libros que le han convertido en referente del género fantástico, negro y de terror, entre ellos Satán en Hollywood (1997), Psychokillers (1998), Erik Jan Hanussen (2005) y Hollywood maldito (Valdemar, 2014). Actualmente trabaja en un libro sobre folk-horror para la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián. Firma ejemplares de TerrorVisión y otras de sus obras a partir de las 18 h del jueves, 13 de junio, en la caseta 204 de la editorial Valdemar.

FRANK G. RUBIO: Como bien expone en el Prólogo a esta antología de relatos de terror, que inspiraron cine del mismo nombre, es imposible entender el terror fílmico desde sus orígenes sin referencia a su raíces literarias.

JESÚS PALACIOS: El cine, a lo largo de la primera mitad del siglo pasado, se convirtió en el heredero, para bien y para mal, de la literatura de ficción en general y de la novela en particular. La función que habían cumplido folletines, novelas, obras teatrales y relatos, tanto populares como digamos que “elevados”, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, se trasladó a la narrativa cinematográfica, muy especialmente aquella de géneros dirigidos a las masas como el melodrama, el misterio, el crimen o el terror. Por lo tanto, el cinematógrafo recurrió desde sus inicios a todo el trabajo que ya tenía hecho, adaptando no sólo obras concretas, sino aprovechando también el tirón de personajes, historias, mitos y arquetipos procedentes de la literatura en sus más variadas formas.

El terror no iba a ser menos y, más bien al contrario, desde los tiempos de los primitivos cineastas hasta la sofisticación del cine mudo alemán de Entreguerras, echó mano de todos los clásicos: Mary Shelley, Poe, Stoker, Stevenson, Leroux, Rohmer… y de personajes popularizados por la literatura como el vampiro, el licántropo, los fantasmas, el doble, las momias, los asesinos deformes, los supervillanos orientales y demás caracteres del bestiario fantástico y folletinesco literario. Muchas veces no fueron tanto adaptaciones fieles como reinterpretaciones e incluso, si se quiere, traiciones y perversiones de los originales, como ocurre a todo lo largo de la Historia del Cine en prácticamente todos los géneros, pero de una forma u otra la presencia de la literatura imprimió su peso en un terror cinematográfico que, por otro lado y salvo excepciones, raramente se pudo permitir el lujo de llegar tan lejos en la expresión de lo terrible, lo erótico y lo morboso como era habitual en las obras que le servían de inspiración, debido a las presiones de la censura –el infame Código Hays en Hollywood– y a su naturaleza de industria  popular. No obstante, ciclos como los representados por el mal llamado cine expresionista alemán o el del cine gótico de la Universal, honraron a los clásicos literarios con una serie de títulos fantásticos que son parte fundamental de la Historia del Cine.

F.G.R.: Sin embargo, a partir de los años 60 se produce una mutación sustantiva en el cine de terror y, claro está, en el germen literario de sus influencias…

J.P.: En efecto, a partir de la segunda mitad de los años 60 se produce un terremoto en Hollywood cuando el Código Hays comienza a ser ignorado por muchos cineastas y productores, que desean seguir el ejemplo más libre de los autores europeos, quienes desde mucho tiempo atrás gozaban de mayor libertad creativa y menos control sobre su obra a la hora de mostrar sexo, violencia, desnudos, personajes ambiguos y situaciones tan complejas como siniestras, enfermizas o, simplemente, adultas.

Cuando en 1966 un film como ¿Quién teme a Virginia Woolf? –a su manera también una película de terror–, protagonizado por estrellas como Richard Burton, Elizabeth Taylor y George Segal, se estrena sin el beneplácito del Código y triunfa tanto entre la crítica como entre el público, queda claro que se ha terminado una era. Esto, en el cine de horror, que llevaba décadas peleándose con la censura y manteniéndose a veces al margen de la industria tradicional –pensemos en las películas gore de Gordon Lewis, exhibidas en los carnivals y los drive-ins de pueblo en pueblo–, dio como resultado que se cambiaran las tornas con respecto a la literatura del género. Si hasta entonces los escritores siempre habían ido por delante de los cineastas en cuanto a la representación del horror, la violencia, el sexo y lo monstruoso, ahora el cine tomaba la delantera y marcaba el derrotero del género hacia la expresión gráfica del terror, dejando atrás a la mayoría de escritores coetáneos, con las excepciones de rigor, por supuesto.

«Hay claras raíces literarias y narrativas en los títulos seminales del Terror Moderno, es lo que pretendo mostrar en TerrorVisión: cómo en el corazón del cine de horror de los años 60 que llega a nuestros días la inspiración literaria sigue desempeñando un papel fundamental»

Por eso da la impresión de que, a partir de los 60 y hasta los primeros 80, la época que podríamos denominar del Terror Moderno cinematográfico, las adaptaciones y los temas literarios escasean en comparación con el cine anterior. El primer síntoma de este cambio lo sitúo en mi libro en la fecha fetiche de 1960, con el estreno prácticamente simultáneo de tres películas que fueron incomprendidas en su momento, pero que marcaron época y se adelantaron a su tiempo: Psicosis de Hitchcock, Los ojos sin rostro de Georges Franju y El fotógrafo del pánico de Michael Powell… A las que yo sumo, como un guiño, la mejicana El esqueleto de la señora Morales de Rogelio A. González. Las cuatro presentan historias de horror, con tratamientos distintos, pero que coinciden en un aspecto fundamental y fundacional: su horror no procede de criaturas ni de eventos sobrenaturales o fantásticos, sino del propio ser humano y sus comportamientos perversos, fantasmas libidinales y tendencias mórbidas. En ellas, los terrores del alma –característicos de la tradición gótica anterior: ser convertido en vampiro, perder el alma inmortal, ser poseído por el doble bestial que nos habita, no encontrar el descanso eterno tras la muerte…– son sustituidos por los terrores del cuerpo –la mutilación, el asesinato brutal, la violencia irracional, la deformidad, el abuso psicológico y sexual…–, y los monstruos dejan de ser “el otro”, “el extraño” que viene del Más Allá o incluso del espacio exterior, para convertirse en nosotros mismos y nuestros seres más próximos e incluso queridos. Gran parte de su impacto procede del hecho de que su inspiración se encuentra no en el mundo fantástico de la leyenda, el mito o la religión, como ocurre con vampiros, momias, licántropos, espectros y demonios, sino en las páginas de sucesos plagadas de crímenes monstruosos y monstruosamente cotidianos, llenas de psicópatas sexuales, necrófilos y sádicos, accidentes espantosos, asesinatos pasionales…

Si dejamos por un momento de lado el filme mejicano, ninguna de las tres grandes pioneras citadas, Psicosis, Los ojos sin rostro y El fotógrafo del pánico, fue bien recibida por la crítica en su momento. Todas se vieron como ejercicios vacíos de pura violencia gratuita, mal gusto, explotación comercial y sexismo (lo que quizá no sea del todo erróneo, pero visto todo ello como elementos positivos y no a la inversa, al menos en mi caso), y con la excepción de Psicosis, que fue un éxito de público y dio grandes beneficios a su director, las otras dos representaron desastres irreparables para las carreras de sus hasta entonces prestigiosos realizadores, Franju y Powell. Hoy, son todas grandes clásicos del cine, por desgracia, porque eso les resta un poco de gracia… Precisamente, al evocar en mi libro su impacto original, así como el desagrado que causaran entre la crítica y parte del público, he intentado rescatar su poder primigenio y recordar al lector y el espectador actuales que algunos grandes clásicos del cine hoy fueron ayer impura explotación comercial, mal gusto y exceso gratuito.

«Los nuevos formatos mediáticos, series de televisión, videojuegos e incluso salas de escape, necesitan constantemente ideas, personajes, argumentos y mitos que reutilizar, y la literatura fantástica y de terror, incluso la más añeja y gótica, vuelve de forma cíclica a la actualidad»

En cualquier caso, volviendo a la literatura y el cine, da la impresión de que lo literario va desapareciendo del cine de terror moderno en los años 60 y 70, pero, en cierto modo, se trata de una impresión errónea. Cuando miramos de cerca los cuatro títulos de 1960 citados nos encontramos con que en tres de ellos –Psicosis, Los ojos sin rostro y El esqueleto de la señora Morales– hay sendos textos literarios detrás a los que, por demás, permanecen bastante fieles: la novela de Robert Bloch, la novela de Jean Redon y el relato El misterio de Islington de Arthur Machen (incluido en TerrorVisión, por cierto, y adaptado a la pantalla por Luis Alcoriza, el guionista español habitual de Buñuel en Méjico), y en cuanto a El fotógrafo del pánico su guionista, el escritor, criptógrafo y poeta Leo Marks, mucho podríamos decir de él que algún día contaremos en otra parte. En definitiva, en los títulos seminales del Terror Moderno hay claras raíces literarias y narrativas. Y eso es lo que pretendo mostrar en TerrorVisión: cómo en el corazón del cine de horror que surge en los años 60 y llega, de una forma u otra, hasta nuestros días, la inspiración literaria sigue desempeñando un papel fundamental.

F.G.R.: Lo digital, la Red, las series… y las nuevas actitudes hacia lo alfabético que se están asentando con el uso de nuevas tecnologías, dan la impresión que arrojan como lastre lo literario con relación a los materiales que hoy se han hecho hegemónicos en el ámbito de que hablamos…“los contenidos”.

J.P.: Curiosamente, en el ámbito del género de horror,  quizá este impacto sea algo menor que en otros. Los nuevos formatos mediáticos, como las populares series de televisión, los videojuegos e incluso las salas de escape y otros espectáculos interactivos o inmersivos, necesitan constantemente ideas, personajes, argumentos y mitos que reutilizar y con los que nutrir a sus usuarios, y la literatura fantástica y de terror, incluso la más añeja y gótica, vuelve de forma cíclica a la actualidad, aunque sea revisada, actualizada e incluso desnaturalizada. Lo que, por otra parte y como ya vimos, ocurría también con el cine desde sus inicios. Pensemos que algunas de las series de mayor éxito dentro o en las proximidades del género proceden de adaptaciones literarias de escritores como George R. R. Martin, Dan Simmons, Charlaine Harris o Stephen King, y que otras como Penny Dreadful se nutren de todo el imaginario mítico del terror victoriano y la luz de gas. Personajes como Hannibal Lecter, Jack el Destripador o Norman Bates conocen nuevos avatares televisivos, y arquetipos como el vampiro, el licántropo o la femme fatal campan por sus respetos en las plataformas digitales y canales de pago, por no hablar de los videojuegos.

Otro mundo maravilloso aparte donde el género se manifiesta, también a menudo nutriéndose de sus raíces literarias, es el de la música pop y el arte y la industria del videoclip: los vídeos de divas como Katy Perry, Beyoncé, Lana Del Rey, Nelly Furtado, Taylor Swift y tantas otras, o de DJs como David Guetta, Avicii o Calvin Harris, están llenos de imágenes, personajes e ideas procedentes del fantástico… Y, por supuesto, el universo de la música Gothic, desde el Metal hasta la electrónica e industrial o el Synth Pop nostálgico de los 80, están plagados de vampiros, castillos, brujas y demonios. Lovecraft tiene más canciones rock que películas, y los musicales pop basados en Drácula, El Fantasma de la Ópera o Frankenstein están a la orden del día. Quizá el cine esté perdiendo en este sentido la partida, pero es natural: ya no es a día de hoy, en pleno siglo XXI, el medio narrativo artístico y popular de su tiempo. Tal y como sustituyera antes a la novela, el folletín y el teatro como artes y entretenimientos reyes de su época, hoy ha sido sustituido por nuevas plataformas, medios, formatos y pantallas.

«El género de terror en 2050 será muy parecido al de siempre, aunque probablemente la literatura y el cine, tal y como los conocemos, ya no se cuenten entre los medios hegemónicos sino más bien sean espectáculos y productos retro y vintage, para los hípsters, listos y gafapasta»

F.G.R.: Al final estos desarrollos van a resultar mucho más perjudiciales que el Código Hays… Sin olvidar la impudicia, mala fe y capacidad de distorsión de los materiales cognitivos y estéticos de “lo políticamente correcto”. Curiosamente las películas de género más interesantes hoy muchas veces vienen de países que no asumen estas restricciones y donde incluso hay escasa o nula libertad de expresión en el ámbito político…

J.P.: Esto es algo muy relativo: son los sistemas decadentes y hasta degradados, como la socialdemocracia occidental actual, los que más y mejor permiten el desarrollo de narrativas radicales y contraculturales, como las implícitas en cierta medida en el género de horror (aunque no hay que olvidar nunca su componente reaccionario y conservador, explícito en muchos casos). De hecho, aunque en efecto muchas de las muestras del género más potentes proceden en las últimas décadas de países como Japón, Rusia, Corea del Sur, Polonia, China o Tailandia, hay que tener en cuenta que la sociedad actual en estos mismos países, con todas las distancias y salvedades posibles, es mucho más libre, abierta, democrática y débil o decadente –si se quiere expresar así– de lo que venía siendo bajo sistemas totalitarios, policiales, imperialistas o fuertemente conservadores.

Es, precisamente, de lo que se quejan los sectores reaccionarios en ellos: de que existan películas de horror y fantasía, pornografía, cómics y, en general, cultura pop. A menudo, los directores, escritores y creadores de estos géneros en tales países acaban siendo censurados en mayor o menor medida, tropiezan con todo tipo de problemas y terminan huyendo a Hollywood… Aunque sea a veces para volver más cabreados y decepcionados a su país de origen. La “corrección política” y sus censuras siniestras son un arma de doble filo: si por un lado intentan prohibir, coartar y eliminar expresiones lícitas y necesarias de la perversidad, la perversión y, en general, lo que me gusta llamar el Lado Oscuro, por otro su propia filosofía y su dependencia del sistema de producción capitalista les obliga a permitirlas y hasta a veces defenderlas. Su lucha por “hacernos buenos a la fuerza” es una causa perdida, porque cada vez que prohíbe o crucifica una obra que le disgusta por machista, falocéntrica, heteropatriarcal o fascista, reaccionaria, racista y xenófoba, le salen por detrás diez vídeos de reguetón, veinte cómics perversos, una novela de Houellebeq, un par de películas off Hollywood y una serie de televisión de HBO que desafían tales prohibiciones, triunfan y se tienen que tragar mal que les pese.

«Algunas de las series de mayor éxito dentro o en las proximidades del género proceden de adaptaciones literarias de escritores como George R. R. Martin, Dan Simmons, Charlaine Harris o Stephen King, y otras como Penny Dreadful se nutren de todo el imaginario mítico del terror victoriano y la luz de gas»

Pensemos que también Francia nos dio a comienzos de 2000 algunas de las mejores y más violentas, feroces, eróticas e inteligentes películas de horror extremo, y Francia está, en cierto sentido, en las antípodas de Rusia o Corea del Sur… No quiero decir con ello que el actual estado de cosas, en el que nos debatimos entre una izquierda censora, puritana, criminalmente roussoniana y manipuladora, agotada por su impostura, y un retorno de la derecha tradicionalista, religiosa, moralizante y nacionalista, sea fantástico y maravilloso… Pero sí tengo claro que hay horrores mucho peores que pueden amenazarnos en la sombra.

F.G.R.: ¿Se atreve a mirar hacia adelante y pensar, aunque sea desde lo conjetural bizarro, como podría ser el género de terror en 2050?

J.P.: Pues muy parecido a como ha sido siempre, aunque probablemente la literatura y el cine, tal y como los conocemos, ya no se cuenten entre los medios hegemónicos sino más bien sean espectáculos y productos retro y vintage, para los hípsters, listos y gafapasta del nuevo milenio. Si es que no ha estallado la Tercera…

F.G.R.: Hay en camino un libro nuevo que pronto verá la luz sobre los últimos seísmos que han agitado Hollywood…

J.P.: Pues sí, como no estaré contento hasta ser excomulgado por la nueva corrección política y el feminismo milenarista, puritano y conservador, estoy preparando un libro sobre los escándalos sexuales en Hollywood, a favor de los escándalos sexuales y en demostración de que a cada supuesto avance en sanear moralmente la industria y el arte cinematográficos ha sucedido un retroceso en su calidad y un triunfo de la mediocridad, como ocurre actualmente gracias al Weinsteingate y el #MeToo.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

Foto: Roberto García

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La historia de la Historia del Cine Invisible

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RATONES DE BIBLIOTECA Y FILMOTECA, ESTAMOS DE ENHORABUENA. Acaba de ver ver la luz Metraje perdido (Archivos Vola), crónica de un excéntrico viaje del siglo XIX al XX en pos de quimeras cinematográficas que deja testimonio documental de desastres y negligencias en torno a genuinas obras de culto. Se añade a la buena noticia editorial que tenemos la oportunidad de comentar la obra con el autor a pie de caseta durante su tarde de firma en la Feria del Libro de Madrid: lunes 10 de junio en la caseta 92 de la librería El olor de la lluvia a las 18 h.

MAICA RIVERA: Lo primero, ¿qué es el cine invisible? ¿Por qué investigarlo con rigor documental?

ALBERTO ÁVILAEl cine invisible son las películas perdidas, películas que han existido pero de las que no queda rastro alguno de celuloide, o tan sólo pequeños fragmentos que se pueden rastrear por medios documentales. El interés que tiene investigar este tema lo justifica el hecho de que hay películas de auténticos maestros como John Ford, F.W. Murnau, los hermanos Marx, Alfred Hitchcock o Josef von Sternberg, por hacer un brevísimo listado, que ya no se pueden visionar. Investigar tan dramática pérdida cultural merece la pena, sin duda alguna.

M.R.: ¿Cuáles fueron sus  fuentes? ¿Extraoficiales, cuántas? ¿Y referencias exclusivamente digitales?

A.A.: Las fuentes son de todo tipo y hay que contrastarlas. En España probablemente no hemos desarrollado un fetichismo o no tenemos un interés tan marcado por este asunto. Sin embargo, en los países anglosajones o en Francia existe un enorme interés y abundante bibliografía.

Me sorprende que Metraje perdido, si no me equivoco, sea la única monografia publicada sobre el tema en español.

La abundancia de información es absolutamente ingente y, a la vez, dudosa. La página web IMDb, posiblemente la enciclopedia digital de cine más grande de acceso público, cuando escribí el libro incluía 2.500 películas con la etiqueta «Lost film»; si bien muchas de ellas no tienen dicha condición,  y muchísimas más que no la tienen sí se encuentran efectivamente perdidas.

En este caso, las fuentes no son problemáticas por su abundancia, pero sí por lo problemáticas que son. Por poner un ejemplo, la película Ingagi de 1930, que vendría a ser la primera película de «metraje encontrado” a la manera de El proyecto de la bruja de Blair u Holocausto caníbal, no está perdida, pese a que en casi todos los listados que aparecen en la web de películas figura que sí lo está. El último capítulo de Metraje perdido se dedica a las fuentes de una manera más o menos pormenorizada, como referncias digitales recomendaría al que está interesado en el tema la web Silent-ology, The lost media wiki y Lost films.

M.R.: Presenta la obra como una “crónica de destrucción y olvido”, ¿hay más premeditación y alevosía detrás de los metrajes perdidos que simple negligencia?

A.A.: Son muchas las causas por las que se han perdido tantísimas películas, se calcula que el porcentaje ronda el 90% sólo en la época del cine mudo. Incendios, negligencia, guerras, censura política, etc. Pero creo que la razón que citas es quizás la más frecuente. En los primeros años del cine no existía demasiado respeto por parte de las productoras hacia el producto que ellos mismos manufacturaban, así que cuando una película de estreno había pasado por el ciclo de proyección, los estudios no estaban interesados en gastar en almacenaje y el celuloide se solía reciclar. En la época del cine mudo, te puedo poner el ejemplo de Dawson City, una ciudad norteamericana de la región del Yukón, tan alejada de los estudios que preferían que no les devolvieran los filmes para ahorrarse los gastos de transporte. De manera que la ciudad se convirtió en un cementerio de películas.

«Rescataría de las fauces del tiempo la ‘Cleopatra’ de Theda Bara, una diva de quien solamente nos quedan cuatro películas y todas ellas de su período de decadencia. A ella está dedicada la cubierta del libro»

M.R.: ¿Cuánta pérdida de identidad cultural valora en los filmes desaparecidos que trata en el libro?

A.A.: Es absolutamente incalculable. Y, de hecho, probablemente, nunca lo sabremos. Son películas que no se pueden ver, y ahí entra en juego la imaginación. ¡Ya sé que es doloroso y casi una paradoja para un amante del cine zambullirse en este mundo de sombras! A pesar de todo hay algo de placer en reconstruir ese universo de imágenes y sonidos extraviados. Podría arrojar cifras y estadísticas, poner encima de la mesa fríos datos matemáticos que traten de delimitar esta pérdida cultural, pero no tiene sentido: cada película es un mundo perdido, independientemente de la calidad que pudiera tener, y todos esos mundos son irrecuperables.

M.R.: ¿Cuáles son sus “joyas pequeñas y extrañas” favoritas y por qué?

A.A.: Uno de los capítulos se titula así porque hago una selección personal de películas perdidas que probablemente no le parezcan relevantes al común de los mortales, pero para mí lo son. Se trata de las rarezas, de las notas a pie de página de la Historia del cine. El libro es breve y tuve que ser extremadamente selectivo a la hora de escoger cineastas y películas, pero no podía omitir clásicos absolutos como London After Midnight de Tod Browning o Cleopatra de J. Gordon Edwards, y tampoco podía omitir maravillosas rarezas como Saved from the Titanic, filmada un mes después del naufragio y protagonizada por una superviviente, ni la mediocre película Alimony que cuenta con la primera aparición delante de las cámaras de Rodolfo Valentino en un papel casi de figurante, un caso similar a White Man, que supuso el debut de Clark Gable. Quería compartir estas pequeñas joyas, y eso hago en el libro.

«Tuve que ser extremadamente selectivo a la hora de escoger cineastas y películas, pero no podía omitir clásicos absolutos. Quería compartir estas pequeñas joyas, y eso hago en el libro, que es la primera monografía en castellano sobre la temática»

M.R.: ¿Cuál de todas es la que más lamenta que haya sido condenada al limbo? ¿Por qué?

A.A.: Me resulta imposible escoger, simplemente. Por supuesto que daría lo que fuera por ver London After Midnight, aunque muy probablemente su leyenda sea superior a su calidad, o la enigmática Sinews of the dead, que tiene un argumento muy similar a Las manos de Orlac. O Le tricorne, dirigida por el cineasta español de rancio abolengo D’Abbadie d’Arrast, de la cual Charles Chaplin declaró que era la película más injustamente borrada de los libros de historia del cine… En fin, ya ves que es muy difícil escoger una.

M.R.: ¿Qué le aporta como cinéfilo el trastear entre películas perdidas? ¿Más curioso que desolado?

A.A.: Me aporta mucho. Para empezar se trata de otra Historia del cine o de una Historia alternativa del cine, pero, en este caso, cimentada por las ausencias. Es como un retrato en negativo de una historia muchas veces contada, una versión diferente de lo que siempre se nos ha contado, pero que, a la vez, encaja perfectamente con lo que ya sabíamos. Hay desolación en este viaje, es verdad, pero también hay satisfacciones. Una de ellas son las muchas películas recuperadas. De vez en cuando surgen noticias asombrosas de que en viejos baúles o sótanos aparecen películas. Hablaba hace un momento de la historia de Dawson City, pues bien, en esa ciudad, a finales de los años setenta, un obrero de la construcción encontró enterrada en permafrost una maravillosa colección de cine mudo. Hay un documental sobre el tema, se titula Dawson City: tiempo congelado.

M.R.: Si tuviera que elegir una, ¿qué preciosa rareza rescataría?

A.A.: Difícil pregunta, en el libro cuento que posiblemente cualquiera que viajara en una máquina del tiempo que le llevara a Hollywood en mayo de 1965, pocos minutos antes de que comenzara el incendio de la bóveda de la Metro-Goldwyn-Mayer, rescataría London After Midnight. Pero la cito como un mero ejemplo ya que, al fin y al cabo, es el Santo Grial de los buscadores de cine perdido. En mi caso, y ya que me pides solamente una, tal vez rescataría de las fauces del tiempo la Cleopatra de Theda Bara, una diva de quien solamente nos quedan cuatro películas y todas ellas de su período de decadencia. A ella está dedicada la cubierta del libro.

M.R.: Conteste su propia pregunta: ¿Qué daría por ver íntegra la filmografía de John Ford?

A.A.: No lo sé, soy un tipo muy extraño, seguramente sería capaz de hacer algo muy loco para recuperar su filmografía completa. De momento sólo queda esperar que aparezca en un sótano, perfectamente conservada y catalogada. Cosas más raras han pasado.

Maica Rivera @maica_rivera

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Jóvenes editores: indies y sobradamente preparados

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DE CARA A LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID, no podemos dejar de atender el catálogo de los nuevos proyectos editoriales independientes que han comenzado a llegar recientemente a  librerías. Por eso nos citamos con el joven responsable de Aurora Dorada Ediciones, cuyos títulos encontraremos en El olor de la lluvia (caseta 92) y Estudio en Escarlata (caseta 95). Guiados por Frank G. Rubio, hablamos de cultura en movimiento, emprendeduría real y literatura hiperespecializada en un sector duro y un mercado exigente que no tiene miramientos con noveles. Y así de claro lo tiene el editor Carlos M. Pla. 

FRANK G. RUBIO: ¿Quién es Carlos M. Pla y por qué inicia, con la que está cayendo, una aventura editorial?

CARLOS M. PLA: Soy un setabense de 28 años, editor, escritor e Historiador del Arte. Soy habitual del Festival de cultura alternativa Sui Generis Madrid, colaborador del programa de radio cántabro Proyecto Terror y de los medios CaninoMagCírculo de Lovecraft. El amor que siento por la literatura es extrapolable al que siento por la música, fui guitarrista y bajista algunos años de mi vida y esto sigue influyéndome sobremanera como escritor con referencias como Current 93, King Dude o Drab Majesty. Tras estudiar la carrera y un máster, y ante las perspectivas laborales tan complicadas de nuestro país, decidí tratar de dar una utilidad a todo el bagaje cultural que había ido adquiriendo. Fue así como ideé crear esta editorial, fascinado por el influjo que ha ejercido en mí el descubrimiento de la filosofía oculta. Respecto al momento actual, en el que nace Aurora Dorada Ediciones, es innegable que el mundo editorial se encuentra en una fase ciertamente complicada. Las grandes editoriales dejan poco margen para que las pequeñas independientes puedan florecer, pero este es un proyecto formulado desde la honestidad y apostando por un modelo que se aleja por completo de ellas. Un buen sector del público lector sabe apreciar la literatura que tiene verdaderamente algo que decir y podemos encontrar un buen número de editoriales independientes que ofrecen algo diferente a lo que todos ya conocemos. Si el hábito de la lectura sigue languideciendo es más probable que seamos las indies las que mejor resistamos los vaivenes de la industria. Tengo la suerte de afirmar que el público de Aurora Dorada es entregado y sabe perfectamente lo que quiere y lo que le gusta. Acude a nosotros porque les ofrecemos ideas que ellos sienten como originales y despiertan su interés. Soy plenamente consciente de que esto ocurre del mismo modo con un puñado de editoriales más a nivel nacional y es algo de lo que sentirnos orgullosos. El tener el apoyo de la gente es fundamental para mí como editor, me fuerza a trabajar con ilusión y ganas de dejar al público satisfecho.

F.G.R.: ¿Qué planteamiento propone Aurora Dorada Ediciones? 

C.M.P: Aurora Dorada Ediciones llega para suplir un gran vacío en el campo del hermetismo en España. No teníamos una editorial que se dedicase a publicar temática ocultista de una forma seria, contrastada y mimando la edición al máximo, podemos advertir con facilidad que buena parte de la literatura de carácter esotérico que se ha publicado en nuestro país en los últimos cuarenta años está descatalogada o ha visto la luz en unas condiciones algo mejorables a nivel de forma y también de fondo. Por otra parte, existe una corriente de pensamiento racionalista desde el siglo XVIII que siempre ha tratado de deslegitimar lo esotérico y que ha desembocado en el paradigma científico moderno que conocemos, cerrado y radical con todo lo que no puede explicar según su método. Frente a esto, uno de los objetivos de Aurora Dorada Ediciones es revalorizar por completo el hermetismo, lo oculto, como filosofía, arte y literatura.

«Si el hábito de la lectura sigue languideciendo lo más probable es que las ‘indies’ seamos las que mejor resistamos los vaivenes de la industria»

El ocultismo es fundamental desde un punto de vista antropológico, filosófico e incluso sociológico para llegar a comprender de forma mejor la realidad que nos rodea y uno de los principales objetivos de la editorial es dar prestigio a este conjunto de conocimientos que pueden rastrearse fácilmente desde los inicios de la humanidad, ya presentes en las culturas más primitivas. Editar libros que hagan pensar al lector y replantearse de qué está hecha la realidad en la que vive, es algo que buscamos de forma clara. Otro objetivo primordial es el de editar desde la artesanía y la estética, produciendo de forma esmerada obras en papel de gran calidad y que tengan un impacto visual en el lector. En el campo del ocultismo, como en cualquier otro, es tan importante lo que se cuenta como la forma de contarlo y esto es lo que tratamos de hacer, publicar libros con el máximo cuidado estético, lo que creemos que ayuda a embellecer un contenido que ya de por sí nos resulta verdaderamente atractivo, profundo y sugerente.

F.G.R.: Hablamos de tu primer libro Un ensayo sobre magia y de su autor, Ramsey Dukes… Mago y editor, por lo que veo.

C.M.P: S.S.O.T.B.M.E. Revisado. Un ensayo sobre magia es el primer libro que hemos publicado. Está traducido por el también escritor Alberto Ávila Salazar, autor muy cercano a la editorial que ya tradujo Velocidades Malignas, de Benjamin Noys, un escritor que, pese a su vertiente política analítica y su interés por capitalismos y marxismos, se encuentra más cerca de los saberes herméticos de lo que mucha gente cree, como el propio Alberto me hizo saber. S.S.O.T.B.M.E. se constituye en un ensayo en forma de grimorio contemporáneo, como bien se indica en la contraportada del libro. Ramsey Dukes (pseudónimo de Lionel Snell) es una figura, a nuestro entender, capital para entender la magia del caos, como alguien que aportó ideas que acabaron desarrollando otros magos modernos como Peter Carroll y Ray Sherwin. Al igual que estos dos, Dukes bebe mucho de la concepción de la magia del artista y brujo Austin Osman Spare, dando una gran importancia al subconsciente, la causalidad y los sigilos. No es en ningún caso un libro de magia ceremonial, ni de hechizos, como podrían serlo el Dogma y ritual de alta magia de Eliphas Levi o el Tratado elemental de magia práctica de Papus. Ni siquiera el Book 4 de Crowley. Se trata de un libro eminentemente posmoderno y contemporáneo. No es ninguna guía para convertirse en mago, ni mucho menos, sino que en todo caso enseña al lector a pensar como uno en base a lo que el propio Dukes entiende por magia. Se trata de un ensayo que incluso puede llegar a interesar a gente que no esté familiarizada con la magia, porque demuestra que de alguna manera, esta forma parte del mundo y de la realidad cotidiana que conocemos. Y ahí radica uno de los puntos más originales del pensamiento mágico de Dukes. Habla de encontrar la magia en lo cotidiano, con una sencillez desarmante. Es por esto que S.S.O.T.B.M.E. puede entenderse fácilmente como un libro iniciático a su manera y de pensamiento filosófico en clave ontológica y hermética a partes iguales.

F.G.R.: Eres aficionado, estudioso y escritor de literatura fantástica y su trasfondo…

C.M.P: Así es. Por mi formación académica, decidí especializarme durante el Máster de investigación en historia del arte que cursé en la Universidad de Valencia y acabé estudiando a fondo el género fantástico, el especialmente relacionado con el terror y el horror y sus diferentes vertientes temáticas. Durante mucho tiempo fui un gran admirador de la prosa de Edgar Allan Poe, pero descubrir la literatura de Howard Phillips Lovecraft cambió mi perspectiva sobre lo fantástico y me especialicé alrededor de su figura literaria en particular y el horror cósmico en lo general. De hecho, Lovecraft me parece una figura elemental para entender la enorme influencia que tiene el ocultismo en la literatura, algo que Sarane Alexandrian también puso de manifiesto en las primeras páginas de su Historia de la filosofía oculta. No en vano, el propio Lovecraft reconoció haberse visto influido por las estancias durante su niñez en la biblioteca hermética de su abuelo: Whipple Van Buren Phillips, reconocido masón. Incluso llegó a reconocer que buena parte del sustrato ocultista de relatos como La llamada de Cthulhu o Los sueños en la casa de la bruja se veía influido por los textos de reconocidos ocultistas decimonónicos como Eliphas Lévi o Madame Blavatsky y por supuesto, toda la tradición francmasona que acabó teniendo un peso específico en la conformación de los Estados Unidos de América que hoy conocemos, con figuras cruciales como, por ejemplo, el masón Albert Pike.

«Editar libros que hagan pensar y replantearse de qué está hecha la realidad es algo que buscamos de forma clara. Otro objetivo es el de editar desde la artesanía y la estética, obras en papel de gran calidad con impacto visual»

La relación entre Lovecraft y el ocultismo llegó a concretarse con la aparición de la Orden Tifoniana (T.O.T.O.), una variante de Thélema creada por un discípulo de Aleister Crowley: Kenneth Grant, que nos habla de un tipo de magia que invoca a entidades extraterrestres que no parecen demasiado ajenas a criaturas del panteón mitológico de Lovecraft como Yog-Sothoth, Nyarlathotep o el propio Cthulhu. El propio Grant afirmó que tener la convicción de que Lovecraft recibía mensajes en sueños de entidades supraterrenales, pero que al ser agnóstico, las acabó traduciendo en la literatura de terror que hoy en día conocemos. Lo cierto es que a nivel personal, me encuentro muy cercano a las enseñanzas tifonianas.

A raíz de todo esto, se puede decir que viré de lo fantástico a lo esotérico como una progresión natural alrededor de mis intereses literarios, artísticos y culturales. Al final considero que lo fantástico es una etiqueta algo limitadora formulada desde el racionalismo científico para diferenciar lo que ese mismo sistema cree real de lo que no. No por esto afirmo que la ciencia sea inútil ni inexacta, sino que puede ser llevada a un máximo rango de extremismo en el que trata de erosionar todo lo que se aleja de sus fundamentos racionales. Mucha de la literatura fantástica o el cine fantástico que conocemos, especialmente en el campo del terror y el horror pero también en el de la fantasía épica, bebe de un sustrato hermético con una gran tradición cultural e histórica a sus espaldas. Como digo en las primeras páginas de mi reciente libro Ocultismo y videojuegos (Archivos Vola). Una cercanía estética, la magia, una tradición milenaria de un calado antropológico enorme, se ha acabado integrando dentro del imaginario fantástico contemporáneo e incluso desgraciadamente se ha acabado volviendo algo popular y permeable al mainstream. Por tanto, lo que hoy en día conocemos en muchos casos como “fantástico” es indivisible a nivel conceptual de lo estético o lo esotérico. La realidad es demasiado ambigua y compleja como para ser dividida entre “lo realista” o “lo fantástico” fácilmente, como algunos críticos y académicos suelen hacerlo en ocasiones.

F.G.R.: Incluso ha escrito un libro, que saldrá a la luz en breve publicado por Archivos Vola, sobre la relación estética entre el Ocultismo y videojuegos

C.M.P: Sí, lo dedico a analizar el enorme sustrato estético y argumental presente en el mundo de los videojuegos. Creo que el videojuego, que algunos ya consideran como el Octavo arte, pasa de puntillas habitualmente entre la academia y la crítica cultural de nuestro país. El hecho de la distancia generacional y la necesidad de ser una experiencia jugable en primera persona, aleja a mucha gente de poder apreciar la grandeza de los videojuegos a nivel estético, artístico o filosófico. Poco a poco, la universidad y la crítica general comienzan a abrirse a estudiar este tipo de arte y empiezan a conferirle el interés que bajo mi punto de vista, sin duda merece.

Pero volviendo al libro en sí mismo, se trata de un ensayo que toca títulos muy dispares, desde sagas como Silent Hill, pasando a World of Warcraft, The Call of Cthulhu o la imprescindible Demon’s/Dark Souls. Y pese a que estas obras son muy diferentes entre sí, tanto por jugabilidad como argumento, comparten ese gusto por incorporar lenguaje simbólico y esotérico de gran calado a su argumento o estética. El libro además consta de una brevísima y conceptual introducción a los saberes herméticos y esotéricos en donde ahondo de forma sencilla en conceptos como la Cábala, el Tarot, rosacruces, magia sexual, etc. También ofrezco directrices teóricas para el lector que no se encuentra plenamente familiarizado con la mecánica jugable e interactiva de este campo audiovisual.

«Junio será un mes de presentaciones en librerías. Visitaremos ciudades como Barcelona, Valencia y Madrid con los responsables directos del libro y figuras del ámbito nacional»

F.G.R.: Un cuervo ha llegado a mi ventana y me ha comunicado que va a sacar algo de Aleister Crowley… Háblenos de los próximos títulos y proyectos.

C.M.P: Makgia sin lágrimas de Aleister Crowley, será nuestro segundo título, en efecto. Se trata de un inédito en español de Frater Perdurabo, un libro de misivas que escribió mayormente en los últimos compases de su vida a sus alumnos mágicos. Está traducido por un auténtico experto en Crowley y la O.T.O. como es Jonathan Marqués, que también se encargó de la traducción de Las Confesiones. Considero que Crowley es una figura muy importante para entender el ocultismo occidental en el siglo XX, hay que tener en cuenta que  consiguió renovar una tradición esotérica iniciada muchos siglos atrás. La Gran Bestia consiguió introducir de lleno en la incipiente modernidad del siglo XX unos saberes herméticos antiguos muy valiosos, a la vez que supo renovar la magia ceremonial, incorporando dramatismo, estética y su propia filosofía de vida, conocida como Thélema. Fundó su propia orden iniciática, la Astrum Argenteum y, a su vez, adaptó a la O.T.O. (Ordo Templi Orientis) el sistema del Eón de Horus, así como sus enseñanzas thélemicas. Es de justicia traducir y ofrecer al público español una obra que trata de llegar a un público mucho más amplio que el de otros escritos de Frater Perdurabo mucho más crípticos y complicados para un no-iniciado en sus enseñanzas ocultas.

Junio será un mes de presentaciones en librerías para Aurora Dorada Ediciones. Visitaremos ciudades como Barcelona, Valencia y Madrid con algunos de los responsables directos del libro y la participación de figuras del ámbito nacional con una sensibilidad especial por los saberes herméticos que nos acompañarán en nuestra puesta de largo como editorial. En septiembre publicaremos un libro de relatos de un autor madrileño, con historias cortas de horror cósmico, ocultismo y algo de ciencia ficción, y en noviembre volveremos al ensayo.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

Foto: Maica Rivera @maica_rivera

LOmío

Lo que me quede contigo, Madrid

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Por la puerta de Valnadú entro a verte en esta ocasión y, sin demora, bien aprendida la lección, coloco mis dedos sobre la piedra con las cinco huellas del diablo, y, sin la más mínima pericia y con todo el disimulo, escupo como pide la costumbre, no vaya a ser que negar la superstición me traiga mala suerte.

Lo fundamental, en cualquier caso, es que haya pulso, sea cual sea la energía que alimente el corazón. Mientras este se empeñe en su labor, no hay nada que temer. Y esta piedra late.

Separar mis dedos de su desgastada superficie es lo que me incita a comenzar nuestra aventura. Caminar en tu busca es para mí tan manía como costumbre; al igual que insistir en escribir a mano o leer libros de papel. Estos empeños tienen mucho que ver con el tiempo; el que se dosifica en mí. Ese tiempo que pretendo dominar letra a letra, paso a paso. No sé qué me diste la primera vez ni qué esperar de la que pueda ser la última, pero en cada uno de mis pasos las letras inundan, a borbotones, tus arterias. Crepitan en mí los torrentes de palabras, me ahoga la adjetivación excesiva y caprichosa de todo primer amante. Y sigo caminando, como quien escribe porque no puede no hacerlo.

Y desde aquel día, si ya antes te leía, te leí mucho más; y desde aquel día, si ya te escribía… desde entonces, ya te puedes imaginar

Algo tienes, Madrid; algo que se queda prendido en la retina de quien te contempla. Un recuerdo indeleble, permanente, más bien insistente. No es tu belleza, ni tu fealdad. No es tu cielo azul ni el gris de tu pavimento. No es tu frío ni tu calor; ni tu día ni tu noche. Eres el contraste de todo ello cuando juega a la contradicción. Eres a la vez la delicia del cielo y el tormento del infierno; te abres a cuantos te visitan, te ofreces a tantos como te necesitan y te entregas sin reservas a cuantos te aman. Y, sin embargo, a veces puedes resultar tan cruel…

Yo, que ya no estoy para desperdiciar amores, hoy, tengo la intención de perderme del todo contigo, en el espacio y, si es menester, también en el tiempo.

Recuerdo un día de mayo, aunque no puedo precisar el año. Un día de esos en los que tu brillo está por encima de toda lógica, cuando ya San Isidro se adivinaba en el horizonte de tus días. Desde un escaparate, llamaste mi atención, envuelta en un volumen de Mesonero Romanos, cuyo precio no me resistí a preguntar, por más que sabía que jamás sería mío.

Y desde aquel día, si ya antes te leía, te leí mucho más; y desde aquel día, si ya te escribía… desde entonces, ya te puedes imaginar.

Camino por Arenal, donde un librero se funde con los vetustos muros de San Ginés. Me miras a los ojos y te reconozco en todos y cada uno de los trazos y colores de las láminas que jalonan el homónimo pasaje. Junto a ellas, los libros se muestran, dóciles, a quien los abre, los hojea y ojea. Algunos los huelen, incluso, mientras los acarician, libidinosos. Sonrío y pongo rumbo al sol que nunca se pone, a tu Sol, al corazón del que nacen todos los caminos. No puedo dejar de sonreír cuando estoy contigo, por más que a veces mis labios se empeñen en no demostrarlo. Y hay en ti, cosas de la vida, que despiertan mi instinto de escritora insaciable, de amante de las letras que sueña con plasmarte en un lienzo de palabras.

Sin apenas percibir que el tiempo pasa, pues pasear es como leer y escribir, es decir, jugar a dominar el tiempo, he llegado a la calle de Atocha, junto a la iglesia de San Sebastián. Allí no queda nada de lo que Galdós describió de sus puertas plagadas de pedigüeños; unas placas en el atrio nos recuerdan que, a pesar de que la guerra cambiara su exterior, en el interior el tiempo se ha detenido grabado en mármol. Leo, con curiosidad, y trato de memorizar cada nombre con el que siento esa indefinible relación de compartir el oficio de las letras. De entre los bautizados allí encuentro a Tirso de Molina y Fernández de Moratín; de los que celebraron su matrimonio, cómo no, me asaltan Larra, Zorrilla y Bécquer, aunque también Valle-Inclán y Buero Vallejo; finalmente, en las defunciones, Cervantes, Lope de Vega, Ruiz de Alarcón, Espronceda y Benavente. Cuando salgo hacia la calle, me prometo que pronto buscaré en ti las huellas de uno de los que allí fueron bautizados, el que acelera mi corazón. Me conozco y no descansaré hasta que no busque su cueva, las huellas de sus hazañas, la leyenda de su persona: Luis Candelas, el bandolero más famoso de Madrid.

Aunque en San Isidro no esté contigo, no creas que te soy infiel, puesto que te buscaré en Santa Ana, a los pies de Calderón o en un suspiro de Lorca

Como desembocando en una dársena, mi camino me lleva a la estación de Atocha. Dos criaturas aladas contemplan la glorieta, encaramadas a la nave central, testigos de muchos intentos y también de muchas rendiciones. Me acodo en la barandilla y, por un momento, veo a un joven con una pequeña maleta. Viene aterido de frío, envuelto en un abrigo. Lleva el pelo muy corto y parece contar unas monedas en el hueco desnudo de su mano. No sé cuál es su destino, ni si tendrá dinero para pasar el día. Parece como si para él, quizás también para mí, fueran las 8:30 de un día de comienzos de diciembre. En una de estas ensoñaciones que a veces me asaltan, el joven se ha desvanecido, no sé qué rumbo ha tomado, sin embargo, no puedo sino desearle que la vida le sea leve, que la tierra lo sea mucho más y, mientras susurro sus versos inundados de escarcha y cebolla, reprimo el impulso de seguirle. Miro a mis pies y olvido quién soy, cuándo estoy; te miro como al paisaje de otro tiempo y te muestras ante mí como mi musa milenaria.

¿Ha salido de mi mente la palabra musa? Se me ha subido el amor a la cabeza y comienzo a desvariar, puesto que, tenerte por musa, es creerme artista, es creerme digna de ti, como una plumilla más en la caterva de hambrientos aspirantes a literatos que soñaron alcanzar tu gloria; un alma más vagando de café en café: la Montaña, el Levante, el Imperial, el Comercial o el del Gato Negro, vecino del Teatro de la Comedia

Te seguiré buscando, puesto que así es amarte. Aunque en San Isidro no esté contigo, no creas que te soy infiel, puesto te buscaré en Santa Ana, a los pies de Calderón o en un suspiro de Lorca. Correré hacia ti, sin aliento, si es menester, para hallarte en una taberna, entre los versos satíricos del caballero de bigote y anteojos; compartiré las desventuras del anciano herido en Lepanto y adivinaré el puzle de estancias de tus casas a la malicia junto al clérigo que es un fénix de plumas maravillosas…

No queda mucho para que los libros tomen el Retiro y se me viene todo el amor de golpe, me falta la respiración, expectante como estoy

Allí hay unos árboles, a lo lejos, quizás al joven del abrigo le ha dado un brote de nostalgia y busca el verdor para seguir susurrando versos. Camino hacia allí. La centenaria cuesta de Moyano me anima con una pequeña chispa de vanidad; en los libros siempre estarán las respuestas mientras sepa hacer las preguntas. En las casetas de rostros grises azulados, bajo sus toldos amarillos, miles de ojos me miran mientras camino y me recuerdan que, eso que busco, dominar el tiempo, es posible leyendo, escribiendo y, ante todo, por tus calles, paseando.

No queda mucho para que los libros tomen el Retiro y se me viene todo el amor de golpe, me falta la respiración, expectante como estoy. De momento, viviré San Isidro, porque da igual lo lejos que esté, que siempre lo vivo contigo. Siempre he opinado que lo tuyo con las letras es un amor que roza el idilio y ahora sé que es así, pues hasta una letra te han dedicado. Una tipografía, bien llamada “Chulapa”, con la que escribirte, ya no a mano (qué le vamos a hacer) todo lo que me quede contigo este siglo XXI.

Anamaría Trillo, periodista y escritora (Amaneció de nuevo Madrid )

LibrosLivres

Un Sant Jordi a la francesa

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UN LIBRO Y UNA ROSA. Esto es con lo que obsequian los libreros galos a todas las personas que se acercan a sus librerías para celebrar el Día del Libro y de los Derechos de Autor. Se trata de la Fiesta de las librerías, una jornada festiva que pretende reivindicar el valor que librerías y libreros aportan a la creación y difusión de los libros y la cultura.

DETALLE FLORIDO DE LA LIBRERÍA DES ABESSES

Este año, más de 450 librerías repartidas por toda Francia han participado en esta cita que tuvo lugar el pasado sábado 27 de abril. Los creadores de esta iniciativa se inspiraron en nuestra fiesta de Sant Jordi para poner de relieve la importancia de librerías y libreros en la difusión de la cultura del libro y el placer por la lectura. “Conocí el día de Sant Jordi gracias al compositor catalán Étienne Roda-Gil, y me pareció algo fascinante que los libreros salieran a la calle con libros y rosas para celebrar la libertad de publicación.

Sentí que era una fiesta ancestral”, afirma Marie-Rose Guarnièri, propietaria de la librería des Abbesses de Paris y organizadora de la Fiesta de las librerías. “Me di cuenta que el Día del Libro y de Derechos de Autor se celebraba el 23 de abril en 85 países, y que, entre ellos, no estaba Francia. Así que decidí adoptar esta idea en mi país y poner en marcha una fiesta en la que la librería fuera el centro de todas las actividades, para dotar a los libreros de un espacio maravilloso como el Día de Sant Jordi, de una fiesta con alma”. Ya han pasado 21 años desde que se celebrara por primera vez este Día del Libro en Francia, y durante todo este tiempo se ha mantenido el mismo objetivo: transmitir al público la cultura y la Historia del libro. “Cada vez hay más personas, sobre todo jóvenes, que se concentran en las nuevas tecnologías, en los móviles, en las tabletas, y que se alejan del libro y ya no buscan llenar ese espacio intelectual. No saben cómo funciona una librería, no conocen los pasos que sigue un libro desde su creación hasta que llega a sus manos, ignoran cuál es la verdadera labor de un librero”, explica Guarnièri. “Lo que pretendemos con este día es reencontrarnos con nuestros clientes en un ambiente más festivo, mostrarles lo que somos, lo que hacemos, la importancia que tienen los libros, y animarles a desconectar un poco y disfrutar de un buen libro tranquilamente”.

Marie-Rose Guarnièri: “El Día del Libro y de Derechos de Autor se celebraba en 85 países entre los que no se encontraba Francia. Así que decidí adoptar esta idea y poner en marcha una fiesta con la librería en el centro de todas las actividades, dotar a los libreros de un espacio maravilloso como el Día de Sant Jordi, de una fiesta con alma”

EDICIÓN ORIGINAL DE ‘ELLE SE FIT ÉLEVER UN PALAIS…’

Cada año, además de hacerlo con una rosa, los libreros obsequian a sus clientes con un libro que “muestra siempre un aspecto particular de la Historia libresca, que permite al lector comprender qué es realmente un libro, no solamente un objeto sino algo más”. Y en esta ocasión, el libro elegido es “una verdadera joya editorial”, afirma Marie-Rose. Se trata de la reedición del poema de Paul Éluard titulado Elle se fit élever un palais… ilustrado con 11 grabados de Serge Rezvani, compositor, pintor y artista multidisciplinar francés. Esta reedición, realizada en colaboración con la editorial Gallimard, cuenta con 28.500 ejemplares que tienen un valor casi igual que el libro original, publicado en 1947, del que solamente se editaron 16 ejemplares.

“Es un pequeño tesoro de la edición francesa hasta ahora sólo en manos de bibliófilosgaleristas de arte”, asegura Guarnièri. Con esta reedición, «hemos querido poner también en manos del público un libro de artista donde arte y poesía se fusionan dando lugar a una obra maestra que explica por sí sola la idea que queremos transmitir sin necesidad de añadir comentarios”.

En este día festivo, las librerías se convierten en el centro de la vida cultural. Talleres de promoción de la lectura, de expresión artística, encuentros con escritores y editores, firmas de libros… son algunas de las actividades que organizan los libreros bajo el paraguas de la Fiesta de las librerías. Como novedad este año, se ha puesto en marcha el proyecto Una librería, un profesor, una clase, que consiste en acercar el mundo de las librerías a los niños dentro del ámbito escolar. “Los niños se alejan mucho de las librerías, algunos no han entrado nunca en una”, dice Guarnièri. “Para regenerar esos lazos perdidos, decidimos que cada librero contactase con un profesor de literatura de su entorno y que se acercase a la librería con sus alumnos para poder ofrecerles esa iniciación a la cultura y a la Historia del libro que no aparece en ningún punto de los programas educativos oficiales”.

«Las librerías se convirtieron un año más en el centro de la vida cultural durante la jornada de la Fiesta de las Librerías con la novedad en esta edición del proyecto Una librería, un profesor, una clase que consiste en acercar el mundo de las librerías a los niños dentro del ámbito escolar»

Para Marie-Rose Guarnièri, la idea es que “los chavales, desde pequeños, sepan cómo se hace un libro, que conozcan una editorial por dentro, que tengan contacto con escritores y creadores, que lean en clase con su profesor… En definitiva, que en los colegios se promueva, de una forma interactiva, el contacto con los libros”. Centenares de escolares han participado este año en este proyecto que espera seguir creciendo en las próximas ediciones de la Fiesta de las libreríasPorque, como bien asegura Marie-Rose Guarnièri, para que las librerías puedan sobrevivir “tenemos que conseguir que los jóvenes vuelvan a nuestras librerías”.

Héctor Luesma- @heztor

Corresponsal en París de @literocio

LOcontamos

Lovecraft por Óscar Mariscal

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NUESTRA RECOMENDACIÓN especial para el Día del Libro 2019: Confesiones de un incrédulo y otros ensayos escogidos (El Paseo Editorial). La trae su prologuista y traductor Óscar Mariscal para dejarnos con tan valiosa antología de los ensayos periodísticos de H. P. Lovecraft que conforma genuino y «sintomático autorretrato de uno de los escritores más influyentes de la reciente cultura popular moderna» que fue presentado en el Café Ajenjo el pasado otoño para dejarnos misterios y revelaciones que germinan así esta primavera. 

FRANK G. RUBIO: Háblenos de su último y ambicioso libro Confesiones de un incrédulo (El Paseo Editorial), donde selecciona, presenta y traduce material ensayístico del más destacado cultivador del “cuento materialista de terror”, como le calificase Rafael Llopis.

ÓSCAR MARISCAL: En Confesiones de un incrédulo he tratado de ofrecer una muestra lo más amplia posible del pensamiento de Lovecraft en varias materias de su interés, con la idea de profundizar más en cada una de ellas. Luis Alberto de Cuenca  ha destacado el apartado literario, y otras críticas han visto en los artículos políticos la parte más jugosa del volumen. Para mí, lo más gratificante ha sido poder incluir descubrimientos “recientes” entre sus papeles, como la colección de argumentos de historias de terror, gracias a la colaboración del “State of Lovecraft”.

F.G.R.: Perdone mi ignorancia ¿qué es eso del «State of Lovecraft«? Me pasa como a San Agustín: si no me lo dice lo sé pero no lo sé cuando se lo escucho…

O.M.: No me extraña, es un tema complejo por demás. Hay un conjunto de obras de HPL (parte de su poesía, algunos artículos, fragmentos, correspondencia) que han sido publicadas póstumamente (algunas, incluso, muy recientemente) y por lo tanto no son de dominio público; la gestión y administración de este corpus la realiza el doctor Robert C. Harrall desde 1974. En el canon lovecraftiano establecido por S. T Joshi desde la década de 1980 en Arkham House hasta ahora en “Hippocampus Press”se reconoce esta situación.

Óscar Mariscal en la librería Opar de Madrid

F.G.R.: Vivimos un interés vertiginoso por la obra de no ficción del Maestro de Providence. Francisco Arellano y usted han sido aguerridos pioneros en entregar a los lectores en lengua española muestras bien seleccionadas y traducidas de una obra vastísima enterrada entre miles de cartas…

O.M.: Para “La Biblioteca del Laberinto” hice una antología de revisiones y colaboraciones menores de HPL (Sueños de Yith) y otra, bastante exhaustiva, de la obra de Duane W. Rimel (Las brujerías de Aphlar), que contiene la última revisión que hizo Lovecraft; pero las aportaciones lovecraftianas de Francisco Arellano vienen de muy lejos, de su revista Marginalia. También ha publicado el ensayo de Lin Carter sobre Lovecraft; para mí, la bibliografía que incluye Carter es el canon de los Mitos, lo demás son apócrifos más o menos bienintencionados. Ahora caigo en que mi primera aportación apareció en el fanzine Sueño del Fevre de Carlos Maroto (1990); se trataba de una selección de anotaciones del Commonplace Book de HPL, traducidas por Rafael Llopis, con quien mantuve una interesantísima correspondencia desde 1988 (yo tenía entonces 16 años).

«Hay un artículo muy largo en el que Lovecraft intenta establecer un canon de la literatura universal, y en el que además da consejos de lectura, compra y almacenamiento de libros. Resulta curioso porque se descubren muchos hábitos y manías con los que muchos amantes de los libros nos identificamos»

F.G.R.: Lovecraft escribió mucho sobre literatura y bien, como ha destacado Luis Alberto de Cuenca. Estoy pensando en algunos ensayos suyos sobre la literatura clásica o fantástica que ha publicado La Biblioteca del Laberinto, o en esta interesantísima colección de argumentos que encontramos en Confesiones de un incrédulo ¿Cuándo tendremos un volumen que recopile materiales de este tipo de nuestro héroe? Por qué haberlos, haylos, ¿no?

O.M.: S.T. Joshi dedicó un volumen completo de su titánica recopilación de la ensayística de Lovecraft a artículos relacionados con la literatura; esta es la principal fuente que tenemos (además, excelentemente anotada), pero entre la correspondencia publicada hay también mucho material interesante al respecto. En Confesiones hay un artículo muy largo en el que HPL intenta establecer un canon de la literatura universal, y en el que además da consejos de lectura, compra y almacenamiento de libros. Resulta curioso porque se descubren muchos hábitos y manías con los que muchos amantes de los libros nos identificamos.

F.G.R.: Muy interesantes los dos artículos sobre las actitudes políticas de Lovecraft al final de su vida, impulsadas por las circunstancias de la crisis del 29 y el New Deal. Háblenos de esto. Veo inquietantes similitudes con circunstancias actuales…

O.M.: Se conservan tres grandes artículos políticos de HPL, los dos que aparecen en el volumen, y otro más escrito un año o así más tarde; podría decirse que estos textos constituyen la “suma política” de Lovecraft. Lo curioso es que ninguno de estos artículos fue escrito pensando en su publicación; al parecer el autor, en su modestia, solo pretendía ordenar sus ideas económico-político-sociales, que luego exponía en sus cartas a los corresponsales que le pedían su opinión sobre la difícil situación que vivían. Era, como bien dice, la época del New Deal de Roosevelt (a quien Lovecraft tenía en un pedestal).

Sobre su contenido no me considero autorizado a hablar in extenso; en ocasiones me parece oír ecos de esa tradición de “izquierda antipositivista” a la que aportaron pensadores como Proudhon o Sorel y que, según el propio Mussolini, acabó afluyendo al “gran río del fascismo”. Pero puede que esto no sea más que un espejismo.

«Dos de sus tres grandes artículos políticos se recogen en este volumen, ninguno fue escrito pensando en su publicación: el autor, en su modestia, solo pretendía ordenar sus ideas económico-político-sociales, que luego exponía en sus cartas a los corresponsales que le pedían opinión sobre la difícil situación que vivían en la época del New Deal de Roosevelt (a quien Lovecraft tenía en un pedestal). Tal vez sea un espejismo, pero me parece oír ecos de esa tradición de izquierda antipositivista a la que aportaron pensadores como Proudhon o Sorel y que, según el propio Mussolini, acabó afluyendo al gran río del fascismo»

F.G.R.: Con ocasión de sucesos luctuosos y penosos, S.T.Joshi ha devuelto sus galardones del Premio Mundial de Fantasía y la estatuilla del trofeo, inspirada en una caricatura de HPL realizada por Gahan Wilson, ha pasado a mejor vida. ¿Como ve esta fantochada?

O.M.: “Fantochada” es la palabra perfecta para calificar este espectáculo.

También hay un premio Edgar Allan Poe al que, aplicando los mismos criterios, habría que cambiar de nombre (¡Poe defendía la esclavitud!). Por otra parte, creo que el género necesita más trabajo de gabinete y menos trabajo de pasarela; en los congresos científicos se hace balance del periodo previo de investigación, se exponen los avances y los problemas en la misma, y se plantean metas para el siguiente periodo, pero en nuestras “Cons” solo hay presentaciones de libros, paseos triunfales y baños de masas.

Por cierto, que yo adoro el trabajo de Gahan Wilson

F.G.R.: Aquí hay gente, una minoría poco selecta pero obtusa, que propone escribir fantasía lovecraftiana suprimiendo a Lovecraft. Este tipo de sectarismo está haciendo mucho daño al género fantástico y modalidades literarias similares como la ciencia ficción o el terror, tanto en el mundo anglosajón como en España. ¿Su opinión? ¿Cree que hay que escribir o traducir siguiendo un guión ideológico «correcto»?

O.M.: Apenas sigo lo que se hace actualmente en el campo de la fantasía. Pero sí tengo la impresión de que hay cierto sentimiento de culpa entre los cultivadores del género: “¿Género, yo?, ¡lo mío es literatura con mayúsculas!”, “No son vampiros, son figuras retóricas”.

Esa supresión (ocultación, menosprecio…) de Lovecraft podría deberse más al deseo de ciertos creadores de distanciarse de todo lo que huela a “literatura popular” que a cuestiones ideológicas o estéticas. El caso de Colin Wilson en la década de 1960 es un ejemplo de libro: tras despellejar públicamente a Lovecraft en su obra El poder de soñar (por otra parte un libro muy interesante), se dedicó a “pastichearlo” con cierto éxito editorial.

Respecto a los guiones (ideológicos o de cualquier otro tipo) ya dijo Juan Ramón Jiménez: “Si te dan papel rayado, escribe de través; si atravesado, del derecho”. La llamada “incorrección” no es garantía de independencia o cordura ideológica —es, de hecho, un negocio para un buen número autores, editoriales y medios—, y su influencia sobre las diversas expresiones artísticas es tan nefasta como la de la llamada “corrección”. En Estados Unidos, en el siglo XIX, existía la figura del “orador de esquina”, el que quería exponer su sistema e ideas se plantaba en una esquina y peroraba a placer, y el que quería oírlo, se acercaba y se unía al corro (en las actuales redes sociales, cada perfil es una esquina). Ahora, además, “se da silvestre” un autor proselitista que considera preciso iluminarnos desde tal o cual posición (que naturalmente es la correcta), y nos administran su credo más o menos disimuladamente en sus escritos. Pero no perdamos el tiempo ni se lo hagamos perder a los demás.

«El género necesita más trabajo de gabinete y menos pasarela. En los congresos científicos se hace balance del periodo previo de investigación, se exponen los avances y los problemas en la misma, y se plantean metas para el siguiente periodo, pero en nuestras Cons solo hay presentaciones de libros, paseos triunfales y baños de masas»

F.G.R.: ¿Cómo ve la deriva del género fantástico literario tanto en España como en otros países?

O.M.: Prefiero no pronunciarme al respecto. El panorama es lo bastante amplio (para mí, de hecho, inabarcable) como para cuidarse bien de generalizar. En España sigo con mucha atención el trabajo de colegas como Alberto López Aroca y Alberto Ávila, y proyectos como El Transbordador y Barsoom. En el mundo anglosajón, PS Publishing hace una labor encomiable, y de su catálogo salió Wylding Hall de Elizabeth Hand (Editorial Berenice), una novela que adoro y que disfruté mucho traduciendo.

F.G.R.: ¿En qué anda metido ahora?

O.M.: Trabajo en una antología de M. R. James, pero no centrada en su conocida labor como escritor de cuentos de fantasmas (en realidad, un entretenimiento para él), sino como estudioso de la literatura bíblica apócrifa —de la que surgen los demonios de sus relatos— y buscador de libros semimíticos como el Libro de Og el gigante. Todo es material raro procedente de mi colección jamesiana, tengo una página en Facebook dedicada a mis tesoros, llamada The M. R. James Collector.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

Foto: Maica Rivera @maica_rivera