Heredero de ‘El proyecto de la Bruja de Blair’, capaz de hacer un guiño a Laura Palmer con mucha frescura, el primer largometraje de Chris Stuckmann pone a funcionar a pleno rendimiento el ‘found footage’. ‘La maldición de Shelby Oaks’ (estreno 20 de febrero) sabe explotar una serie de motivos noventeros que revientan el formato del ‘true crime’ por las costuras digitales para convertirlo en horror sobrenatural.
Por Maica Rivera
18 febrero, 2026
La sensación que suscita continuamente La maldición de Shelby Oaks es la de hacerte transitar en círculo por lugares conocidos que jamás han dejado de aterrorizarte. Es interesante saber que vas de la mano de Chris Stuckmann, el crítico de cine más popular de YouTube con más de dos millones de seguidores que debuta como director en este filme que recaudó 1,4 millones de dólares en Kickstarter, convirtiéndose en la película de terror con mayor financiación en la historia de la plataforma.
Narra la obsesión de una mujer llamada Mia (Camille Sullivan) por encontrar a su hermana menor Riley (Sarah Durn), desaparecida hace doce años en plena investigación de fenómenos extraños con el equipo al completo de su canal de YouTube Paranormal Paranoids. Ha quedado, por supuesto, un último vídeo suyo, perturbador y escalofriante, colgado en Internet.
La búsqueda desesperada comienza en clave muy noventera al más puro estilo de El proyecto de la Bruja de Blair (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999), nos estampa la frase “Who took Riley Brennan?” que tanto nos recuerda a la mítica “¿Quién mató a Laura Palmer?” de David Lynch, e incluso llega regalarnos alguna nocturnidad alevosa que trae recuerdos de la atmósfera ominosa de The ring (Hideo Nakata, 1998). En este marco delicioso, evocador, casi vintage, que incluye la imagen imperfecta, borrosa y cortada, la incrustación del actual formato true crime dentro de la ficción es uno de los grandes aciertos, está bien ejecutada y nos recoloca como espectadores del presente.
La oscuridad interior
No faltan los escenarios malditos más arquetípicos ni tampoco el trauma infantil en el origen del mal. El bosque oscurísimo (¿de Hansel y Gretel?), la cabaña con luz tenebrosa que aparece de la nada y aquel monstruo de tus pesadillas que siempre te acechaba de pequeño cuando te ibas a la cama. También están los lugares ahora abandonados de tu adolescencia con toda su fantasmagoría, y la idea del pasado que te persigue para hacerte morder el polvo y sabes que terminará alcanzándote. Es verdad que la primera parte de la cinta tiene una solidez que se pierde en la recta final, acaso más previsible en algunos giros, que, sin embargo, recuerda bastante a la faceta sombría de M. Night Shyamalan, es decir, ¿cómo no iba a disfrutarse muchísimo de principio a fin?
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