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Frank G. Rubio y un verano con Archivos Vola

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POR SU PRAGMATISMO Y CALIDAD DE CONTENIDO, LOS LIBROS DE ARCHIVOS VOLA SON LA LECTURA PERFECTA PARA ACOMPAÑAR UN VERANO DE EXPERIENCIAS CULTURALES. La colección está avalada por su director, Frank G. Rubio (Madrid, 1965), especialista en literatura y cine fantástico, autor de poesía y ensayo (Donde yace Visnú, Protocolos para un apocalipsis, El libro de Satán y El continente perdido y El Libro de las mentiras y otros ensayos, La vida en la luz…) y colaborador de diversas publicaciones periódicas (Generación XXI. Más Allá de la Ciencia, Prótesis, Leer…). Actualmente, también dirige Ángulo Muerto y colabora en La Charca Literaria.

MAICA RIVERA: ¿Qué pretende archivar Vola?

FRANK G. RUBIO: Vola surge con la vocación de rescatar para el lector obras concretas, artistas y problemáticas relacionados con las Bellas Artes desde una perspectiva heterodoxa. La tradición de lo nuevo ha reducido todas las otras tradiciones a la trivialidad así como el mecenazgo oficial de rebeldes extremistas, que no ha colapsado con el fin de la Guerra Fría, ha dado origen a un nuevo y patético conformismo.

M.R.: ¿Qué ofrece Archivos Vola que no exista ya en el mercado editorial?

F.G.R: Vola mantiene una posición pluralista, muy alejada de la unanimidad artificiosa con la que los mercados y críticos configuran en la actualidad la idea de lo que es o no arte viable. Vendrá al rescate de visiones desvanecidas y de perspectivas marginales, muchas de ellas vinculadas al mundo de lo esotérico, lo arqueológico y lo raro.

M.R.: El formato es una auténtica tentación libresca: gustoso, apetecible y de bolsillo. De origen, ¿pesaron más las razones prácticas o las estéticas?

F.G.R: Vola ofrece un formato manejable y atractivo con un precio que podemos calificar de irrisorio y, por ello, accesible a todos. Sin obviar profesionalidad en la selección y la edición. Vola ofrece libros hechos para ser leídos y disfrutados.

M.R.: Los monográficos parecen responder sin buscarlo a temáticas de alto interés en el momento de la publicación, teniendo en cuenta que el proceso editorial lleva su tiempo, ¿el editor es visionario o crea la tendencia de pensamiento?

F.G.R: Somos dos editores con dos líneas diferentes pero no excluyentes, más bien complementarias, a la búsqueda de satisfacer las inquietudes de un lector que creemos y queremos universal; pues conforme se disuelven las modas que llegaron incluso a venerar los gestos del anti-arte, cosa que hubiera horrorizado a los artistas que los perpetraron, van reapareciendo viejas inquietudes y modos olvidados de entender y percibir la elasticidad imaginaria de lo real y su transposición al plano de lo estético. El hijo pródigo regresa, como si dijéramos, a casa.

M.R.: Arriesgan en la transversalidad, ¿pagan un alto precio de incertidumbre de mercado por ello?

F.G.R: Hay otras editoriales, pongo como ejemplo a Casimiro, que trabajan sobre un terreno parecido… Hoy día, en el advenimiento de la era espacial, el escándalo no existe y la transgresión es impensable salvo como repetición programada o postureo compartido. Tratamos de superar este impasse… El mercado, la vida, en general, tiene grandes dosis de incertidumbre; el sistema de precios formado en condiciones no coactivas, catalácticamente viable por la existencia de una moneda sana (cosa, obviamente, no realizada al cien por cien en la realidad), ayuda a descubrir y satisfacer necesidades.

M.R.: ¿Qué dificultades encontró en los primeros pasos de confección del catálogo?

F.G.R: Pocas o ninguna, ya al comenzar teníamos en mente varios temas y las personas adecuadas.

M.R.: ¿Sus títulos favoritos? ¿Destacaría alguno por venir?

F.G.R: Todos los libros que van saliendo son, a mi juicio, “apropiados”. Tenemos en perspectiva nuevos sobre Pintores flamencos y Dionisos, Hildegarda de Bingen, José Guadalupe Posada y, si se resuelven algunas problemáticas, Las pinturas de Aleister Crowley. Hay propuestas muy interesantes, que no quiero nombrar aún, pendientes de aprobación. También Artaud

«Archivos Vola ofrece libros hechos para ser leídos y disfrutados. Como alegoría del artista, del mundo y de lo ignoto tras el velo de las apariencias, en una etapa de disolución e impostura máximas, proponemos la itinerancia del circo y la disciplina aérea del trapecio… Vola»

M.R.: ¿Algo que confesar de su aportación particular al catálogo?

F.G.R: Uno de mis propósitos: reconocer la influencia del pensamiento hermético en el Renacimiento artístico, o de la Teosofía en el Arte Abstracto temprano… esto no puede menos que propiciar un reconocimiento más general de lo oculto como parte válida de la experiencia humana, rescatándolo de la posición marginal en la que ha estado exiliado durante los últimos siglos. Y es que la influencia de tradiciones no racionales, moldeadoras del fenómeno estético y la praxis artística, está presente desde los tiempos remotos del Arte Paleolítico. El mundo de los símbolos sólo muy recientemente ha buscado amputarse de corrientes culturales de matiz cósmico o, si se prefiere, metafísico, donde lo esotérico, lo místico y lo oculto estaban vinculados inextricablemente; no sólo con las prácticas religiosas, o la vida política, sino con saberes artesanales y orientaciones de vida asaz cotidianas.

M.R.: Es muy meritorio el carácter divulgativo de la colección, ¿fue uno de los principales objetivos o se dio por añadidura?

F.G.R: Vocación divulgativa sí, en diversos grados según el tema o autor escogidos, pero no didáctica. Buscamos deleitar e interesar, la instrucción corre de cuenta del lector mismo si es que desea practicarla. En las antípodas del adoctrinamiento y las “buenas intenciones”. Para eso ya existen Urgencias y la ESO. Con frecuencia lo más avanzado… puede parecer lo más tradicional (John Russell Taylor).

M.R.: De la pintura a los videojuegos, pasando por el cine. ¿Qué panorámica cultural compone el tapiz de títulos a día de hoy y cuál es su valoración al respecto?

F.G.R: La panorámica abarca todo el ámbito artístico. Hemos publicado diez títulos ya y, aunque en ellos tiene preponderancia la pintura, no hemos olvidado al cine, los videojuegos o la literatura. Habrá en su momento libros sobre cómic, alquimia, petroglifos, e, incluso, sobre música. Como alegoría del artista, del mundo y de lo ignoto tras el velo de las apariencias, en una etapa de disolución e impostura máximas, proponemos la itinerancia del circo y la disciplina aérea del trapecio… Vola.

M.R.: No faltan gatos…

F.G.R: Y maúllan en japonés, además. Ni faltan brujas que son inseparables de los primeros… Como curiosidad, señalar que en el primer titulo de Vola figura, como Prólogo, el último texto de Francisco Calvo Seraller.

M.R.: Pintoras, femmes fatales y lectoras, ¿qué enfoque de lo femenino guía el catálogo?

F.G.R: Sabemos que contamos con numerosas, por no decir mayoría, de lectoras; lo que no significa que vayamos a seleccionar material sesgado en determinadas direcciones… Me niego a utilizar el termino “género”. Somos humanistas, no gente de cuotas, Vola no sigue modas ni imposiciones de ningún tipo. Pero observarás que hay bastantes autoras y pintoras, ocurre de manera natural. Una lectora o un lector inteligentes no lo serán más por querer leer en exclusiva material artístico escrito sólo para hombres, o centrarse de manera neurótica en el cromosoma XX. De esto último hay suficiente, por no decir excesiva, oferta en nuestro país. Mujeres que escriben sobre pintores varones y literatos que escriben sobre pintoras… de todo esto hay en Vola.

«Vola mantiene una posición pluralista, muy alejada de la unanimidad artificiosa con la que los mercados y críticos configuran en la actualidad la idea de lo que es o no arte viable»

M.R.: Archivos Vola es una colección ideal para funcionar en ferias y festivales a la perfección, por su filosofía y sus características más técnicas, ¿qué información se llevan autores y editores de su participación en este tipo de encuentros con el público?

F.G.R: Vola lleva sólo unos meses en el trapecio, bajo el toldo de la carpa del circo cultural, la Feria del Libro de Madrid fue nuestra primera feria. Los autores y los editores pasaron una tarde felices, contactando directamente con los lectores y libreros. Nadie enloqueció ni protagonizó la primera página de sucesos, algo que podría haber acontecido, el mundo es raro.

M.R.: Nos despedimos con un deseo y en el plazo el año que viene nos reencontramos de nuevo en la Feria del Libro de Madrid para comprobar que se ha cumplido… ¿cuál sería?

F.G.R: Lectores contentos (los libros se hacen para ellos) y buenas ventas. Muchas gracias.

Entrevista y Fotos: Maica Rivera @maica_rivera

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La misión de Elisa

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TRAS LA PUESTA DE LARGO EN LA LIBRERÍA BURMA, SE PREPARA LA SIGUIENTE PRESENTACIÓN DE ELISA Y EL ESCARABAJO EN EL MARCO DEL PRÓXIMO SUI GENERIS MADRID.

Así se mueve en sus lugares naturales la primera novela de Marjorie Eljach (Barranquilla, 1971), que es una celebración de la vida, la familia y la amistad, en medio de los horrores de la cotidianidad. Que no se llame a engaños el lector por la portada infantilizada de esta edición de Herejía y Belleza. Elisa y el Escarabajo es una novela adulta, hilarante y desgarradora.

Elisa tiene ocho años. La muerte la acecha pero ella está decidida a dejar un legado. La prosa fresca de la autora en su debut nos recuerda la ingenuidad venenosa de Amélie Nothomb en Metafísica de los tubos (Anagrama), la ironía de la niña que espera entre veneración y odio a Papi (Periférica), en la trepidante novela de la dominicana Rita Indiana o las ansias de describir el mundo y el vacío de los personajes de Virginia Woolf en Las olas (Austral). Elisa es la curiosidad y la angustia que también viven para el lector, la pequeña rosa que se marchita en el relato Restos de carnaval de Clarice Lispector y la también autobiógrafa Paloma, en La elegancia del Erizo (Seix Barral) de Muriel Barbery.

Elisa escribe sus memorias y funda la religión de “los elisitas”. La “fe feliz” que persigue ingenuamente escapar de los “encajes” que han tejido las religiones “formales” para controlar el placer y mantener el statu quo. Una fe fundada en la necesidad básica de amar y ser amado y las imbricadas formas que tiene el ser humano de juntarse, cuyas premisas y motivaciones parten de la realidad que solo percibimos a través de las conciencias humanas que nos rodean. Elisa, la maestra, se presenta libre de traumas y curiosamente -ironía- consciente de ellos. Los mandamientos de “los elisitas” son un reflejo del calado hondo al que han llegado los “encajes” aquellos… como un tatuaje, que se va destatuando con láser, dejando para siempre grabada la huella de una memoria, la de Dios, vaciada a fuerza de escudriñar la sociedad en su expresión más elemental -la doméstica- en comunión maníaca con las memorias que se cuelan del cine, la literatura y la prensa. Elisa es una psicoanalista temprana cuyas preguntas, respuestas einterrogantes incomodan al lector más psicoanalizado.

El lenguaje de Elisa es tan fácil, como profundo y didáctico. Es un río transparente que fluye caudalosamente para tropezar, de vez en cuando, con la introducción efectista de la palabra precisa -sofisticada, si se quiere- en un aprendizaje ilustrado, que hacen juntos, personaje y lector (la autora es un vademécum infinito de fábrica) y que le otorga credibilidad a una niña de ocho años de una pequeña ciudad del Caribe Hispano, que reflexiona sobre temas como la complejidad de la vida, la crueldad de la belleza, la búsqueda del amor, el camino de la enfermedad o la inminencia de la muerte, al mismo tiempo que los descubre, en un entorno tan disparatado y amoroso, como visceral.

Elisa es una psicoanalista temprana cuyas preguntas, respuestas e interrogantes incomodan al lector más psicoanalizado

Gracias a su temprana avidez por controlarlo todo, que coincide y/o es consciente con su llamada “al otro lado”, Elisa ha comprendido y asumido que la única manera de conseguir el control es el conocimiento total de los secretos del universo que, como la gota de mar que contiene el océano, se concentran en su habitación, en su familia, en su barrio. Basta poner el microscopio y anotar las observaciones, combinarlas en silogismos con ritmo y datos, para legar las memorias de una intensa vida de tan solo ocho años.

Elisa parece soberbia cuando cita con familiaridad fanfarrona a Brontë, a Homero y a Flaubert para explicar su familia, su barrio o la Ciudad de las cabezas amarillas. La autora explica con sarcasmo que en su ciudad natal, “hubo una época en la que todas las mujeres querían ser rubias de bote”. Con frases y autores célebres y retratos descarnadamente ingenuos de la gente que la rodea, sienta precedente con elegancia, en palabras de a centavo. Frente a frente, al mismo nivel que el lector, le conecta con las memorias de la niñez, en una maraña de recuerdos y sensaciones, de conversaciones y encuentros que todos hemos sostenido “en otras palabras”, muchos de los cuales no habíamos decodificado hasta ese momento de confrontación, en los que se entrecruzan los días de siembra de: “Eres una princesa”, “Aquí los altos son los hombres y las mujeres nos quedamos bajitas”, “El amor no es bueno”, “Todos los hombres son malos”, “Soy gorda” o “Tengo superpoderes”, con los días de descarga y cortocircuito que se suceden en la edad adulta, alrededor de las memorias de la infancia. Lo que se viene conociendo como traumas, que otros explican como karma.

La novela se fundamenta en el alma curiosa, creativa y amante de los ocho años, la que guardamos intacta todos, la que la protagonista Elisa nos vino a rescatar

El cine de Antonioni, las reflexiones de Aristóteles, Freud, libros como Cumbres borrascosas o Hamlet y superhéroes como Superman, La Mujer Maravilla, Bugs Bunny, el escarabajo Herbie, series como Yo, Claudio o la prensa sensacionalista y los sonados casos de las “Hermanitas Suárez”, el de la mujer que asesinó y enterró a su marido bajo el salón o Rosi, la amiguita de ocho años que huye de casa, son la jurisprudencia sobre la cual Elisa analiza el mundo. Combinada, eso sí, con la sabiduría y complicidad de la abuela Eneida, los TOC de la madre que peca y reza, o las conclusiones sobre las afecciones psiquiátricas que hace su querido Quijote, su hermano Beto, en permanente terapia psicoanalítica.

El legado de Elisa, su religión, se fundamenta en la observación de una científica minuciosa, una hedonista progresista que disfruta los placeres mínimos, lucha por la justicia y celebra a la familia, que a veces parece una hipocondríaca manipuladora y perversa y, otras, es una maestra iniciada que explica el mundo. Pero, sobre todo, se fundamenta en el alma curiosa, creativa y amante de los ocho años, la que guardamos intacta todos, la que Elisa vino a rescatar.

Carolina Ethel

Foto: Maica Rivera @maica_rivera

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TerrorVisión con Jesús Palacios

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UNO DE LOS VALORES CADA AÑO MÁS PRECIADOS Y APRECIADOS DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID es poder tener la firma de un autor a la vez que compartir charla con él a pie de caseta, un lujo cuando se trata de personalidades con quienes jamás nos cansaríamos de conversar o, simplemente, escuchar de cerca. En este caso, oírle de propia voz sus teorías literarias entrelazadas con el cine y la cultura popular. Porque el carismático escritor y crítico de cineJesús Palacios (Madrid, 1964), especializado en lo que gusta llamar el Lado Oscuro, es autor de más de una veintena de libros que le han convertido en referente del género fantástico, negro y de terror, entre ellos Satán en Hollywood (1997), Psychokillers (1998), Erik Jan Hanussen (2005) y Hollywood maldito (Valdemar, 2014). Actualmente trabaja en un libro sobre folk-horror para la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián. Firma ejemplares de TerrorVisión y otras de sus obras a partir de las 18 h del jueves, 13 de junio, en la caseta 204 de la editorial Valdemar.

FRANK G. RUBIO: Como bien expone en el Prólogo a esta antología de relatos de terror, que inspiraron cine del mismo nombre, es imposible entender el terror fílmico desde sus orígenes sin referencia a su raíces literarias.

JESÚS PALACIOS: El cine, a lo largo de la primera mitad del siglo pasado, se convirtió en el heredero, para bien y para mal, de la literatura de ficción en general y de la novela en particular. La función que habían cumplido folletines, novelas, obras teatrales y relatos, tanto populares como digamos que “elevados”, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, se trasladó a la narrativa cinematográfica, muy especialmente aquella de géneros dirigidos a las masas como el melodrama, el misterio, el crimen o el terror. Por lo tanto, el cinematógrafo recurrió desde sus inicios a todo el trabajo que ya tenía hecho, adaptando no sólo obras concretas, sino aprovechando también el tirón de personajes, historias, mitos y arquetipos procedentes de la literatura en sus más variadas formas.

El terror no iba a ser menos y, más bien al contrario, desde los tiempos de los primitivos cineastas hasta la sofisticación del cine mudo alemán de Entreguerras, echó mano de todos los clásicos: Mary Shelley, Poe, Stoker, Stevenson, Leroux, Rohmer… y de personajes popularizados por la literatura como el vampiro, el licántropo, los fantasmas, el doble, las momias, los asesinos deformes, los supervillanos orientales y demás caracteres del bestiario fantástico y folletinesco literario. Muchas veces no fueron tanto adaptaciones fieles como reinterpretaciones e incluso, si se quiere, traiciones y perversiones de los originales, como ocurre a todo lo largo de la Historia del Cine en prácticamente todos los géneros, pero de una forma u otra la presencia de la literatura imprimió su peso en un terror cinematográfico que, por otro lado y salvo excepciones, raramente se pudo permitir el lujo de llegar tan lejos en la expresión de lo terrible, lo erótico y lo morboso como era habitual en las obras que le servían de inspiración, debido a las presiones de la censura –el infame Código Hays en Hollywood– y a su naturaleza de industria  popular. No obstante, ciclos como los representados por el mal llamado cine expresionista alemán o el del cine gótico de la Universal, honraron a los clásicos literarios con una serie de títulos fantásticos que son parte fundamental de la Historia del Cine.

F.G.R.: Sin embargo, a partir de los años 60 se produce una mutación sustantiva en el cine de terror y, claro está, en el germen literario de sus influencias…

J.P.: En efecto, a partir de la segunda mitad de los años 60 se produce un terremoto en Hollywood cuando el Código Hays comienza a ser ignorado por muchos cineastas y productores, que desean seguir el ejemplo más libre de los autores europeos, quienes desde mucho tiempo atrás gozaban de mayor libertad creativa y menos control sobre su obra a la hora de mostrar sexo, violencia, desnudos, personajes ambiguos y situaciones tan complejas como siniestras, enfermizas o, simplemente, adultas.

Cuando en 1966 un film como ¿Quién teme a Virginia Woolf? –a su manera también una película de terror–, protagonizado por estrellas como Richard Burton, Elizabeth Taylor y George Segal, se estrena sin el beneplácito del Código y triunfa tanto entre la crítica como entre el público, queda claro que se ha terminado una era. Esto, en el cine de horror, que llevaba décadas peleándose con la censura y manteniéndose a veces al margen de la industria tradicional –pensemos en las películas gore de Gordon Lewis, exhibidas en los carnivals y los drive-ins de pueblo en pueblo–, dio como resultado que se cambiaran las tornas con respecto a la literatura del género. Si hasta entonces los escritores siempre habían ido por delante de los cineastas en cuanto a la representación del horror, la violencia, el sexo y lo monstruoso, ahora el cine tomaba la delantera y marcaba el derrotero del género hacia la expresión gráfica del terror, dejando atrás a la mayoría de escritores coetáneos, con las excepciones de rigor, por supuesto.

«Hay claras raíces literarias y narrativas en los títulos seminales del Terror Moderno, es lo que pretendo mostrar en TerrorVisión: cómo en el corazón del cine de horror de los años 60 que llega a nuestros días la inspiración literaria sigue desempeñando un papel fundamental»

Por eso da la impresión de que, a partir de los 60 y hasta los primeros 80, la época que podríamos denominar del Terror Moderno cinematográfico, las adaptaciones y los temas literarios escasean en comparación con el cine anterior. El primer síntoma de este cambio lo sitúo en mi libro en la fecha fetiche de 1960, con el estreno prácticamente simultáneo de tres películas que fueron incomprendidas en su momento, pero que marcaron época y se adelantaron a su tiempo: Psicosis de Hitchcock, Los ojos sin rostro de Georges Franju y El fotógrafo del pánico de Michael Powell… A las que yo sumo, como un guiño, la mejicana El esqueleto de la señora Morales de Rogelio A. González. Las cuatro presentan historias de horror, con tratamientos distintos, pero que coinciden en un aspecto fundamental y fundacional: su horror no procede de criaturas ni de eventos sobrenaturales o fantásticos, sino del propio ser humano y sus comportamientos perversos, fantasmas libidinales y tendencias mórbidas. En ellas, los terrores del alma –característicos de la tradición gótica anterior: ser convertido en vampiro, perder el alma inmortal, ser poseído por el doble bestial que nos habita, no encontrar el descanso eterno tras la muerte…– son sustituidos por los terrores del cuerpo –la mutilación, el asesinato brutal, la violencia irracional, la deformidad, el abuso psicológico y sexual…–, y los monstruos dejan de ser “el otro”, “el extraño” que viene del Más Allá o incluso del espacio exterior, para convertirse en nosotros mismos y nuestros seres más próximos e incluso queridos. Gran parte de su impacto procede del hecho de que su inspiración se encuentra no en el mundo fantástico de la leyenda, el mito o la religión, como ocurre con vampiros, momias, licántropos, espectros y demonios, sino en las páginas de sucesos plagadas de crímenes monstruosos y monstruosamente cotidianos, llenas de psicópatas sexuales, necrófilos y sádicos, accidentes espantosos, asesinatos pasionales…

Si dejamos por un momento de lado el filme mejicano, ninguna de las tres grandes pioneras citadas, Psicosis, Los ojos sin rostro y El fotógrafo del pánico, fue bien recibida por la crítica en su momento. Todas se vieron como ejercicios vacíos de pura violencia gratuita, mal gusto, explotación comercial y sexismo (lo que quizá no sea del todo erróneo, pero visto todo ello como elementos positivos y no a la inversa, al menos en mi caso), y con la excepción de Psicosis, que fue un éxito de público y dio grandes beneficios a su director, las otras dos representaron desastres irreparables para las carreras de sus hasta entonces prestigiosos realizadores, Franju y Powell. Hoy, son todas grandes clásicos del cine, por desgracia, porque eso les resta un poco de gracia… Precisamente, al evocar en mi libro su impacto original, así como el desagrado que causaran entre la crítica y parte del público, he intentado rescatar su poder primigenio y recordar al lector y el espectador actuales que algunos grandes clásicos del cine hoy fueron ayer impura explotación comercial, mal gusto y exceso gratuito.

«Los nuevos formatos mediáticos, series de televisión, videojuegos e incluso salas de escape, necesitan constantemente ideas, personajes, argumentos y mitos que reutilizar, y la literatura fantástica y de terror, incluso la más añeja y gótica, vuelve de forma cíclica a la actualidad»

En cualquier caso, volviendo a la literatura y el cine, da la impresión de que lo literario va desapareciendo del cine de terror moderno en los años 60 y 70, pero, en cierto modo, se trata de una impresión errónea. Cuando miramos de cerca los cuatro títulos de 1960 citados nos encontramos con que en tres de ellos –Psicosis, Los ojos sin rostro y El esqueleto de la señora Morales– hay sendos textos literarios detrás a los que, por demás, permanecen bastante fieles: la novela de Robert Bloch, la novela de Jean Redon y el relato El misterio de Islington de Arthur Machen (incluido en TerrorVisión, por cierto, y adaptado a la pantalla por Luis Alcoriza, el guionista español habitual de Buñuel en Méjico), y en cuanto a El fotógrafo del pánico su guionista, el escritor, criptógrafo y poeta Leo Marks, mucho podríamos decir de él que algún día contaremos en otra parte. En definitiva, en los títulos seminales del Terror Moderno hay claras raíces literarias y narrativas. Y eso es lo que pretendo mostrar en TerrorVisión: cómo en el corazón del cine de horror que surge en los años 60 y llega, de una forma u otra, hasta nuestros días, la inspiración literaria sigue desempeñando un papel fundamental.

F.G.R.: Lo digital, la Red, las series… y las nuevas actitudes hacia lo alfabético que se están asentando con el uso de nuevas tecnologías, dan la impresión que arrojan como lastre lo literario con relación a los materiales que hoy se han hecho hegemónicos en el ámbito de que hablamos…“los contenidos”.

J.P.: Curiosamente, en el ámbito del género de horror,  quizá este impacto sea algo menor que en otros. Los nuevos formatos mediáticos, como las populares series de televisión, los videojuegos e incluso las salas de escape y otros espectáculos interactivos o inmersivos, necesitan constantemente ideas, personajes, argumentos y mitos que reutilizar y con los que nutrir a sus usuarios, y la literatura fantástica y de terror, incluso la más añeja y gótica, vuelve de forma cíclica a la actualidad, aunque sea revisada, actualizada e incluso desnaturalizada. Lo que, por otra parte y como ya vimos, ocurría también con el cine desde sus inicios. Pensemos que algunas de las series de mayor éxito dentro o en las proximidades del género proceden de adaptaciones literarias de escritores como George R. R. Martin, Dan Simmons, Charlaine Harris o Stephen King, y que otras como Penny Dreadful se nutren de todo el imaginario mítico del terror victoriano y la luz de gas. Personajes como Hannibal Lecter, Jack el Destripador o Norman Bates conocen nuevos avatares televisivos, y arquetipos como el vampiro, el licántropo o la femme fatal campan por sus respetos en las plataformas digitales y canales de pago, por no hablar de los videojuegos.

Otro mundo maravilloso aparte donde el género se manifiesta, también a menudo nutriéndose de sus raíces literarias, es el de la música pop y el arte y la industria del videoclip: los vídeos de divas como Katy Perry, Beyoncé, Lana Del Rey, Nelly Furtado, Taylor Swift y tantas otras, o de DJs como David Guetta, Avicii o Calvin Harris, están llenos de imágenes, personajes e ideas procedentes del fantástico… Y, por supuesto, el universo de la música Gothic, desde el Metal hasta la electrónica e industrial o el Synth Pop nostálgico de los 80, están plagados de vampiros, castillos, brujas y demonios. Lovecraft tiene más canciones rock que películas, y los musicales pop basados en Drácula, El Fantasma de la Ópera o Frankenstein están a la orden del día. Quizá el cine esté perdiendo en este sentido la partida, pero es natural: ya no es a día de hoy, en pleno siglo XXI, el medio narrativo artístico y popular de su tiempo. Tal y como sustituyera antes a la novela, el folletín y el teatro como artes y entretenimientos reyes de su época, hoy ha sido sustituido por nuevas plataformas, medios, formatos y pantallas.

«El género de terror en 2050 será muy parecido al de siempre, aunque probablemente la literatura y el cine, tal y como los conocemos, ya no se cuenten entre los medios hegemónicos sino más bien sean espectáculos y productos retro y vintage, para los hípsters, listos y gafapasta»

F.G.R.: Al final estos desarrollos van a resultar mucho más perjudiciales que el Código Hays… Sin olvidar la impudicia, mala fe y capacidad de distorsión de los materiales cognitivos y estéticos de “lo políticamente correcto”. Curiosamente las películas de género más interesantes hoy muchas veces vienen de países que no asumen estas restricciones y donde incluso hay escasa o nula libertad de expresión en el ámbito político…

J.P.: Esto es algo muy relativo: son los sistemas decadentes y hasta degradados, como la socialdemocracia occidental actual, los que más y mejor permiten el desarrollo de narrativas radicales y contraculturales, como las implícitas en cierta medida en el género de horror (aunque no hay que olvidar nunca su componente reaccionario y conservador, explícito en muchos casos). De hecho, aunque en efecto muchas de las muestras del género más potentes proceden en las últimas décadas de países como Japón, Rusia, Corea del Sur, Polonia, China o Tailandia, hay que tener en cuenta que la sociedad actual en estos mismos países, con todas las distancias y salvedades posibles, es mucho más libre, abierta, democrática y débil o decadente –si se quiere expresar así– de lo que venía siendo bajo sistemas totalitarios, policiales, imperialistas o fuertemente conservadores.

Es, precisamente, de lo que se quejan los sectores reaccionarios en ellos: de que existan películas de horror y fantasía, pornografía, cómics y, en general, cultura pop. A menudo, los directores, escritores y creadores de estos géneros en tales países acaban siendo censurados en mayor o menor medida, tropiezan con todo tipo de problemas y terminan huyendo a Hollywood… Aunque sea a veces para volver más cabreados y decepcionados a su país de origen. La “corrección política” y sus censuras siniestras son un arma de doble filo: si por un lado intentan prohibir, coartar y eliminar expresiones lícitas y necesarias de la perversidad, la perversión y, en general, lo que me gusta llamar el Lado Oscuro, por otro su propia filosofía y su dependencia del sistema de producción capitalista les obliga a permitirlas y hasta a veces defenderlas. Su lucha por “hacernos buenos a la fuerza” es una causa perdida, porque cada vez que prohíbe o crucifica una obra que le disgusta por machista, falocéntrica, heteropatriarcal o fascista, reaccionaria, racista y xenófoba, le salen por detrás diez vídeos de reguetón, veinte cómics perversos, una novela de Houellebeq, un par de películas off Hollywood y una serie de televisión de HBO que desafían tales prohibiciones, triunfan y se tienen que tragar mal que les pese.

«Algunas de las series de mayor éxito dentro o en las proximidades del género proceden de adaptaciones literarias de escritores como George R. R. Martin, Dan Simmons, Charlaine Harris o Stephen King, y otras como Penny Dreadful se nutren de todo el imaginario mítico del terror victoriano y la luz de gas»

Pensemos que también Francia nos dio a comienzos de 2000 algunas de las mejores y más violentas, feroces, eróticas e inteligentes películas de horror extremo, y Francia está, en cierto sentido, en las antípodas de Rusia o Corea del Sur… No quiero decir con ello que el actual estado de cosas, en el que nos debatimos entre una izquierda censora, puritana, criminalmente roussoniana y manipuladora, agotada por su impostura, y un retorno de la derecha tradicionalista, religiosa, moralizante y nacionalista, sea fantástico y maravilloso… Pero sí tengo claro que hay horrores mucho peores que pueden amenazarnos en la sombra.

F.G.R.: ¿Se atreve a mirar hacia adelante y pensar, aunque sea desde lo conjetural bizarro, como podría ser el género de terror en 2050?

J.P.: Pues muy parecido a como ha sido siempre, aunque probablemente la literatura y el cine, tal y como los conocemos, ya no se cuenten entre los medios hegemónicos sino más bien sean espectáculos y productos retro y vintage, para los hípsters, listos y gafapasta del nuevo milenio. Si es que no ha estallado la Tercera…

F.G.R.: Hay en camino un libro nuevo que pronto verá la luz sobre los últimos seísmos que han agitado Hollywood…

J.P.: Pues sí, como no estaré contento hasta ser excomulgado por la nueva corrección política y el feminismo milenarista, puritano y conservador, estoy preparando un libro sobre los escándalos sexuales en Hollywood, a favor de los escándalos sexuales y en demostración de que a cada supuesto avance en sanear moralmente la industria y el arte cinematográficos ha sucedido un retroceso en su calidad y un triunfo de la mediocridad, como ocurre actualmente gracias al Weinsteingate y el #MeToo.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

Foto: Roberto García

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La historia de la Historia del Cine Invisible

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RATONES DE BIBLIOTECA Y FILMOTECA, ESTAMOS DE ENHORABUENA. Acaba de ver ver la luz Metraje perdido (Archivos Vola), crónica de un excéntrico viaje del siglo XIX al XX en pos de quimeras cinematográficas que deja testimonio documental de desastres y negligencias en torno a genuinas obras de culto. Se añade a la buena noticia editorial que tenemos la oportunidad de comentar la obra con el autor a pie de caseta durante su tarde de firma en la Feria del Libro de Madrid: lunes 10 de junio en la caseta 92 de la librería El olor de la lluvia a las 18 h.

MAICA RIVERA: Lo primero, ¿qué es el cine invisible? ¿Por qué investigarlo con rigor documental?

ALBERTO ÁVILAEl cine invisible son las películas perdidas, películas que han existido pero de las que no queda rastro alguno de celuloide, o tan sólo pequeños fragmentos que se pueden rastrear por medios documentales. El interés que tiene investigar este tema lo justifica el hecho de que hay películas de auténticos maestros como John Ford, F.W. Murnau, los hermanos Marx, Alfred Hitchcock o Josef von Sternberg, por hacer un brevísimo listado, que ya no se pueden visionar. Investigar tan dramática pérdida cultural merece la pena, sin duda alguna.

M.R.: ¿Cuáles fueron sus  fuentes? ¿Extraoficiales, cuántas? ¿Y referencias exclusivamente digitales?

A.A.: Las fuentes son de todo tipo y hay que contrastarlas. En España probablemente no hemos desarrollado un fetichismo o no tenemos un interés tan marcado por este asunto. Sin embargo, en los países anglosajones o en Francia existe un enorme interés y abundante bibliografía.

Me sorprende que Metraje perdido, si no me equivoco, sea la única monografia publicada sobre el tema en español.

La abundancia de información es absolutamente ingente y, a la vez, dudosa. La página web IMDb, posiblemente la enciclopedia digital de cine más grande de acceso público, cuando escribí el libro incluía 2.500 películas con la etiqueta «Lost film»; si bien muchas de ellas no tienen dicha condición,  y muchísimas más que no la tienen sí se encuentran efectivamente perdidas.

En este caso, las fuentes no son problemáticas por su abundancia, pero sí por lo problemáticas que son. Por poner un ejemplo, la película Ingagi de 1930, que vendría a ser la primera película de «metraje encontrado” a la manera de El proyecto de la bruja de Blair u Holocausto caníbal, no está perdida, pese a que en casi todos los listados que aparecen en la web de películas figura que sí lo está. El último capítulo de Metraje perdido se dedica a las fuentes de una manera más o menos pormenorizada, como referncias digitales recomendaría al que está interesado en el tema la web Silent-ology, The lost media wiki y Lost films.

M.R.: Presenta la obra como una “crónica de destrucción y olvido”, ¿hay más premeditación y alevosía detrás de los metrajes perdidos que simple negligencia?

A.A.: Son muchas las causas por las que se han perdido tantísimas películas, se calcula que el porcentaje ronda el 90% sólo en la época del cine mudo. Incendios, negligencia, guerras, censura política, etc. Pero creo que la razón que citas es quizás la más frecuente. En los primeros años del cine no existía demasiado respeto por parte de las productoras hacia el producto que ellos mismos manufacturaban, así que cuando una película de estreno había pasado por el ciclo de proyección, los estudios no estaban interesados en gastar en almacenaje y el celuloide se solía reciclar. En la época del cine mudo, te puedo poner el ejemplo de Dawson City, una ciudad norteamericana de la región del Yukón, tan alejada de los estudios que preferían que no les devolvieran los filmes para ahorrarse los gastos de transporte. De manera que la ciudad se convirtió en un cementerio de películas.

«Rescataría de las fauces del tiempo la ‘Cleopatra’ de Theda Bara, una diva de quien solamente nos quedan cuatro películas y todas ellas de su período de decadencia. A ella está dedicada la cubierta del libro»

M.R.: ¿Cuánta pérdida de identidad cultural valora en los filmes desaparecidos que trata en el libro?

A.A.: Es absolutamente incalculable. Y, de hecho, probablemente, nunca lo sabremos. Son películas que no se pueden ver, y ahí entra en juego la imaginación. ¡Ya sé que es doloroso y casi una paradoja para un amante del cine zambullirse en este mundo de sombras! A pesar de todo hay algo de placer en reconstruir ese universo de imágenes y sonidos extraviados. Podría arrojar cifras y estadísticas, poner encima de la mesa fríos datos matemáticos que traten de delimitar esta pérdida cultural, pero no tiene sentido: cada película es un mundo perdido, independientemente de la calidad que pudiera tener, y todos esos mundos son irrecuperables.

M.R.: ¿Cuáles son sus “joyas pequeñas y extrañas” favoritas y por qué?

A.A.: Uno de los capítulos se titula así porque hago una selección personal de películas perdidas que probablemente no le parezcan relevantes al común de los mortales, pero para mí lo son. Se trata de las rarezas, de las notas a pie de página de la Historia del cine. El libro es breve y tuve que ser extremadamente selectivo a la hora de escoger cineastas y películas, pero no podía omitir clásicos absolutos como London After Midnight de Tod Browning o Cleopatra de J. Gordon Edwards, y tampoco podía omitir maravillosas rarezas como Saved from the Titanic, filmada un mes después del naufragio y protagonizada por una superviviente, ni la mediocre película Alimony que cuenta con la primera aparición delante de las cámaras de Rodolfo Valentino en un papel casi de figurante, un caso similar a White Man, que supuso el debut de Clark Gable. Quería compartir estas pequeñas joyas, y eso hago en el libro.

«Tuve que ser extremadamente selectivo a la hora de escoger cineastas y películas, pero no podía omitir clásicos absolutos. Quería compartir estas pequeñas joyas, y eso hago en el libro, que es la primera monografía en castellano sobre la temática»

M.R.: ¿Cuál de todas es la que más lamenta que haya sido condenada al limbo? ¿Por qué?

A.A.: Me resulta imposible escoger, simplemente. Por supuesto que daría lo que fuera por ver London After Midnight, aunque muy probablemente su leyenda sea superior a su calidad, o la enigmática Sinews of the dead, que tiene un argumento muy similar a Las manos de Orlac. O Le tricorne, dirigida por el cineasta español de rancio abolengo D’Abbadie d’Arrast, de la cual Charles Chaplin declaró que era la película más injustamente borrada de los libros de historia del cine… En fin, ya ves que es muy difícil escoger una.

M.R.: ¿Qué le aporta como cinéfilo el trastear entre películas perdidas? ¿Más curioso que desolado?

A.A.: Me aporta mucho. Para empezar se trata de otra Historia del cine o de una Historia alternativa del cine, pero, en este caso, cimentada por las ausencias. Es como un retrato en negativo de una historia muchas veces contada, una versión diferente de lo que siempre se nos ha contado, pero que, a la vez, encaja perfectamente con lo que ya sabíamos. Hay desolación en este viaje, es verdad, pero también hay satisfacciones. Una de ellas son las muchas películas recuperadas. De vez en cuando surgen noticias asombrosas de que en viejos baúles o sótanos aparecen películas. Hablaba hace un momento de la historia de Dawson City, pues bien, en esa ciudad, a finales de los años setenta, un obrero de la construcción encontró enterrada en permafrost una maravillosa colección de cine mudo. Hay un documental sobre el tema, se titula Dawson City: tiempo congelado.

M.R.: Si tuviera que elegir una, ¿qué preciosa rareza rescataría?

A.A.: Difícil pregunta, en el libro cuento que posiblemente cualquiera que viajara en una máquina del tiempo que le llevara a Hollywood en mayo de 1965, pocos minutos antes de que comenzara el incendio de la bóveda de la Metro-Goldwyn-Mayer, rescataría London After Midnight. Pero la cito como un mero ejemplo ya que, al fin y al cabo, es el Santo Grial de los buscadores de cine perdido. En mi caso, y ya que me pides solamente una, tal vez rescataría de las fauces del tiempo la Cleopatra de Theda Bara, una diva de quien solamente nos quedan cuatro películas y todas ellas de su período de decadencia. A ella está dedicada la cubierta del libro.

M.R.: Conteste su propia pregunta: ¿Qué daría por ver íntegra la filmografía de John Ford?

A.A.: No lo sé, soy un tipo muy extraño, seguramente sería capaz de hacer algo muy loco para recuperar su filmografía completa. De momento sólo queda esperar que aparezca en un sótano, perfectamente conservada y catalogada. Cosas más raras han pasado.

Maica Rivera @maica_rivera

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Jóvenes editores: indies y sobradamente preparados

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DE CARA A LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID, no podemos dejar de atender el catálogo de los nuevos proyectos editoriales independientes que han comenzado a llegar recientemente a  librerías. Por eso nos citamos con el joven responsable de Aurora Dorada Ediciones, cuyos títulos encontraremos en El olor de la lluvia (caseta 92) y Estudio en Escarlata (caseta 95). Guiados por Frank G. Rubio, hablamos de cultura en movimiento, emprendeduría real y literatura hiperespecializada en un sector duro y un mercado exigente que no tiene miramientos con noveles. Y así de claro lo tiene el editor Carlos M. Pla. 

FRANK G. RUBIO: ¿Quién es Carlos M. Pla y por qué inicia, con la que está cayendo, una aventura editorial?

CARLOS M. PLA: Soy un setabense de 28 años, editor, escritor e Historiador del Arte. Soy habitual del Festival de cultura alternativa Sui Generis Madrid, colaborador del programa de radio cántabro Proyecto Terror y de los medios CaninoMagCírculo de Lovecraft. El amor que siento por la literatura es extrapolable al que siento por la música, fui guitarrista y bajista algunos años de mi vida y esto sigue influyéndome sobremanera como escritor con referencias como Current 93, King Dude o Drab Majesty. Tras estudiar la carrera y un máster, y ante las perspectivas laborales tan complicadas de nuestro país, decidí tratar de dar una utilidad a todo el bagaje cultural que había ido adquiriendo. Fue así como ideé crear esta editorial, fascinado por el influjo que ha ejercido en mí el descubrimiento de la filosofía oculta. Respecto al momento actual, en el que nace Aurora Dorada Ediciones, es innegable que el mundo editorial se encuentra en una fase ciertamente complicada. Las grandes editoriales dejan poco margen para que las pequeñas independientes puedan florecer, pero este es un proyecto formulado desde la honestidad y apostando por un modelo que se aleja por completo de ellas. Un buen sector del público lector sabe apreciar la literatura que tiene verdaderamente algo que decir y podemos encontrar un buen número de editoriales independientes que ofrecen algo diferente a lo que todos ya conocemos. Si el hábito de la lectura sigue languideciendo es más probable que seamos las indies las que mejor resistamos los vaivenes de la industria. Tengo la suerte de afirmar que el público de Aurora Dorada es entregado y sabe perfectamente lo que quiere y lo que le gusta. Acude a nosotros porque les ofrecemos ideas que ellos sienten como originales y despiertan su interés. Soy plenamente consciente de que esto ocurre del mismo modo con un puñado de editoriales más a nivel nacional y es algo de lo que sentirnos orgullosos. El tener el apoyo de la gente es fundamental para mí como editor, me fuerza a trabajar con ilusión y ganas de dejar al público satisfecho.

F.G.R.: ¿Qué planteamiento propone Aurora Dorada Ediciones? 

C.M.P: Aurora Dorada Ediciones llega para suplir un gran vacío en el campo del hermetismo en España. No teníamos una editorial que se dedicase a publicar temática ocultista de una forma seria, contrastada y mimando la edición al máximo, podemos advertir con facilidad que buena parte de la literatura de carácter esotérico que se ha publicado en nuestro país en los últimos cuarenta años está descatalogada o ha visto la luz en unas condiciones algo mejorables a nivel de forma y también de fondo. Por otra parte, existe una corriente de pensamiento racionalista desde el siglo XVIII que siempre ha tratado de deslegitimar lo esotérico y que ha desembocado en el paradigma científico moderno que conocemos, cerrado y radical con todo lo que no puede explicar según su método. Frente a esto, uno de los objetivos de Aurora Dorada Ediciones es revalorizar por completo el hermetismo, lo oculto, como filosofía, arte y literatura.

«Si el hábito de la lectura sigue languideciendo lo más probable es que las ‘indies’ seamos las que mejor resistamos los vaivenes de la industria»

El ocultismo es fundamental desde un punto de vista antropológico, filosófico e incluso sociológico para llegar a comprender de forma mejor la realidad que nos rodea y uno de los principales objetivos de la editorial es dar prestigio a este conjunto de conocimientos que pueden rastrearse fácilmente desde los inicios de la humanidad, ya presentes en las culturas más primitivas. Editar libros que hagan pensar al lector y replantearse de qué está hecha la realidad en la que vive, es algo que buscamos de forma clara. Otro objetivo primordial es el de editar desde la artesanía y la estética, produciendo de forma esmerada obras en papel de gran calidad y que tengan un impacto visual en el lector. En el campo del ocultismo, como en cualquier otro, es tan importante lo que se cuenta como la forma de contarlo y esto es lo que tratamos de hacer, publicar libros con el máximo cuidado estético, lo que creemos que ayuda a embellecer un contenido que ya de por sí nos resulta verdaderamente atractivo, profundo y sugerente.

F.G.R.: Hablamos de tu primer libro Un ensayo sobre magia y de su autor, Ramsey Dukes… Mago y editor, por lo que veo.

C.M.P: S.S.O.T.B.M.E. Revisado. Un ensayo sobre magia es el primer libro que hemos publicado. Está traducido por el también escritor Alberto Ávila Salazar, autor muy cercano a la editorial que ya tradujo Velocidades Malignas, de Benjamin Noys, un escritor que, pese a su vertiente política analítica y su interés por capitalismos y marxismos, se encuentra más cerca de los saberes herméticos de lo que mucha gente cree, como el propio Alberto me hizo saber. S.S.O.T.B.M.E. se constituye en un ensayo en forma de grimorio contemporáneo, como bien se indica en la contraportada del libro. Ramsey Dukes (pseudónimo de Lionel Snell) es una figura, a nuestro entender, capital para entender la magia del caos, como alguien que aportó ideas que acabaron desarrollando otros magos modernos como Peter Carroll y Ray Sherwin. Al igual que estos dos, Dukes bebe mucho de la concepción de la magia del artista y brujo Austin Osman Spare, dando una gran importancia al subconsciente, la causalidad y los sigilos. No es en ningún caso un libro de magia ceremonial, ni de hechizos, como podrían serlo el Dogma y ritual de alta magia de Eliphas Levi o el Tratado elemental de magia práctica de Papus. Ni siquiera el Book 4 de Crowley. Se trata de un libro eminentemente posmoderno y contemporáneo. No es ninguna guía para convertirse en mago, ni mucho menos, sino que en todo caso enseña al lector a pensar como uno en base a lo que el propio Dukes entiende por magia. Se trata de un ensayo que incluso puede llegar a interesar a gente que no esté familiarizada con la magia, porque demuestra que de alguna manera, esta forma parte del mundo y de la realidad cotidiana que conocemos. Y ahí radica uno de los puntos más originales del pensamiento mágico de Dukes. Habla de encontrar la magia en lo cotidiano, con una sencillez desarmante. Es por esto que S.S.O.T.B.M.E. puede entenderse fácilmente como un libro iniciático a su manera y de pensamiento filosófico en clave ontológica y hermética a partes iguales.

F.G.R.: Eres aficionado, estudioso y escritor de literatura fantástica y su trasfondo…

C.M.P: Así es. Por mi formación académica, decidí especializarme durante el Máster de investigación en historia del arte que cursé en la Universidad de Valencia y acabé estudiando a fondo el género fantástico, el especialmente relacionado con el terror y el horror y sus diferentes vertientes temáticas. Durante mucho tiempo fui un gran admirador de la prosa de Edgar Allan Poe, pero descubrir la literatura de Howard Phillips Lovecraft cambió mi perspectiva sobre lo fantástico y me especialicé alrededor de su figura literaria en particular y el horror cósmico en lo general. De hecho, Lovecraft me parece una figura elemental para entender la enorme influencia que tiene el ocultismo en la literatura, algo que Sarane Alexandrian también puso de manifiesto en las primeras páginas de su Historia de la filosofía oculta. No en vano, el propio Lovecraft reconoció haberse visto influido por las estancias durante su niñez en la biblioteca hermética de su abuelo: Whipple Van Buren Phillips, reconocido masón. Incluso llegó a reconocer que buena parte del sustrato ocultista de relatos como La llamada de Cthulhu o Los sueños en la casa de la bruja se veía influido por los textos de reconocidos ocultistas decimonónicos como Eliphas Lévi o Madame Blavatsky y por supuesto, toda la tradición francmasona que acabó teniendo un peso específico en la conformación de los Estados Unidos de América que hoy conocemos, con figuras cruciales como, por ejemplo, el masón Albert Pike.

«Editar libros que hagan pensar y replantearse de qué está hecha la realidad es algo que buscamos de forma clara. Otro objetivo es el de editar desde la artesanía y la estética, obras en papel de gran calidad con impacto visual»

La relación entre Lovecraft y el ocultismo llegó a concretarse con la aparición de la Orden Tifoniana (T.O.T.O.), una variante de Thélema creada por un discípulo de Aleister Crowley: Kenneth Grant, que nos habla de un tipo de magia que invoca a entidades extraterrestres que no parecen demasiado ajenas a criaturas del panteón mitológico de Lovecraft como Yog-Sothoth, Nyarlathotep o el propio Cthulhu. El propio Grant afirmó que tener la convicción de que Lovecraft recibía mensajes en sueños de entidades supraterrenales, pero que al ser agnóstico, las acabó traduciendo en la literatura de terror que hoy en día conocemos. Lo cierto es que a nivel personal, me encuentro muy cercano a las enseñanzas tifonianas.

A raíz de todo esto, se puede decir que viré de lo fantástico a lo esotérico como una progresión natural alrededor de mis intereses literarios, artísticos y culturales. Al final considero que lo fantástico es una etiqueta algo limitadora formulada desde el racionalismo científico para diferenciar lo que ese mismo sistema cree real de lo que no. No por esto afirmo que la ciencia sea inútil ni inexacta, sino que puede ser llevada a un máximo rango de extremismo en el que trata de erosionar todo lo que se aleja de sus fundamentos racionales. Mucha de la literatura fantástica o el cine fantástico que conocemos, especialmente en el campo del terror y el horror pero también en el de la fantasía épica, bebe de un sustrato hermético con una gran tradición cultural e histórica a sus espaldas. Como digo en las primeras páginas de mi reciente libro Ocultismo y videojuegos (Archivos Vola). Una cercanía estética, la magia, una tradición milenaria de un calado antropológico enorme, se ha acabado integrando dentro del imaginario fantástico contemporáneo e incluso desgraciadamente se ha acabado volviendo algo popular y permeable al mainstream. Por tanto, lo que hoy en día conocemos en muchos casos como “fantástico” es indivisible a nivel conceptual de lo estético o lo esotérico. La realidad es demasiado ambigua y compleja como para ser dividida entre “lo realista” o “lo fantástico” fácilmente, como algunos críticos y académicos suelen hacerlo en ocasiones.

F.G.R.: Incluso ha escrito un libro, que saldrá a la luz en breve publicado por Archivos Vola, sobre la relación estética entre el Ocultismo y videojuegos

C.M.P: Sí, lo dedico a analizar el enorme sustrato estético y argumental presente en el mundo de los videojuegos. Creo que el videojuego, que algunos ya consideran como el Octavo arte, pasa de puntillas habitualmente entre la academia y la crítica cultural de nuestro país. El hecho de la distancia generacional y la necesidad de ser una experiencia jugable en primera persona, aleja a mucha gente de poder apreciar la grandeza de los videojuegos a nivel estético, artístico o filosófico. Poco a poco, la universidad y la crítica general comienzan a abrirse a estudiar este tipo de arte y empiezan a conferirle el interés que bajo mi punto de vista, sin duda merece.

Pero volviendo al libro en sí mismo, se trata de un ensayo que toca títulos muy dispares, desde sagas como Silent Hill, pasando a World of Warcraft, The Call of Cthulhu o la imprescindible Demon’s/Dark Souls. Y pese a que estas obras son muy diferentes entre sí, tanto por jugabilidad como argumento, comparten ese gusto por incorporar lenguaje simbólico y esotérico de gran calado a su argumento o estética. El libro además consta de una brevísima y conceptual introducción a los saberes herméticos y esotéricos en donde ahondo de forma sencilla en conceptos como la Cábala, el Tarot, rosacruces, magia sexual, etc. También ofrezco directrices teóricas para el lector que no se encuentra plenamente familiarizado con la mecánica jugable e interactiva de este campo audiovisual.

«Junio será un mes de presentaciones en librerías. Visitaremos ciudades como Barcelona, Valencia y Madrid con los responsables directos del libro y figuras del ámbito nacional»

F.G.R.: Un cuervo ha llegado a mi ventana y me ha comunicado que va a sacar algo de Aleister Crowley… Háblenos de los próximos títulos y proyectos.

C.M.P: Makgia sin lágrimas de Aleister Crowley, será nuestro segundo título, en efecto. Se trata de un inédito en español de Frater Perdurabo, un libro de misivas que escribió mayormente en los últimos compases de su vida a sus alumnos mágicos. Está traducido por un auténtico experto en Crowley y la O.T.O. como es Jonathan Marqués, que también se encargó de la traducción de Las Confesiones. Considero que Crowley es una figura muy importante para entender el ocultismo occidental en el siglo XX, hay que tener en cuenta que  consiguió renovar una tradición esotérica iniciada muchos siglos atrás. La Gran Bestia consiguió introducir de lleno en la incipiente modernidad del siglo XX unos saberes herméticos antiguos muy valiosos, a la vez que supo renovar la magia ceremonial, incorporando dramatismo, estética y su propia filosofía de vida, conocida como Thélema. Fundó su propia orden iniciática, la Astrum Argenteum y, a su vez, adaptó a la O.T.O. (Ordo Templi Orientis) el sistema del Eón de Horus, así como sus enseñanzas thélemicas. Es de justicia traducir y ofrecer al público español una obra que trata de llegar a un público mucho más amplio que el de otros escritos de Frater Perdurabo mucho más crípticos y complicados para un no-iniciado en sus enseñanzas ocultas.

Junio será un mes de presentaciones en librerías para Aurora Dorada Ediciones. Visitaremos ciudades como Barcelona, Valencia y Madrid con algunos de los responsables directos del libro y la participación de figuras del ámbito nacional con una sensibilidad especial por los saberes herméticos que nos acompañarán en nuestra puesta de largo como editorial. En septiembre publicaremos un libro de relatos de un autor madrileño, con historias cortas de horror cósmico, ocultismo y algo de ciencia ficción, y en noviembre volveremos al ensayo.

Frank G. Rubio @FranKGRubio

Foto: Maica Rivera @maica_rivera